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Latitud 32. Zona de Contacto

por Abbdel Camargo Última modificación 15/02/2010 15:45

Las noticias en México abundan y desolan. La “guerra contra el narco” ha tomado una enorme relevancia en la vida pública del país. La situación de violencia que prevalece en buena parte del territorio nacional ha mermado las conciencias de los ciudadanos.

Latitud 32. Zona de Contacto

Abbdel Camargo

Las noticias en México abundan y desolan. La “guerra contra el narco” ha tomado una enorme relevancia en la vida pública del país. La situación de violencia que prevalece en buena parte del territorio nacional ha mermado las conciencias de los ciudadanos. No es para menos.  La mayoría de los habitantes se encuentran sojuzgados con las atrocidades de las noticias del día. Las informaciones que circulan por la red y los medios impresos dan cuenta de la realidad violenta que parece haberse estacionado en amplias zonas del territorio: De frontera a frontera, de sur a norte, del medio rural al medio urbano, todo parece anegado.

La prensa narra y aglutina en notas periodísticas la fulgurante realidad del país: un estado débil, copado por el crimen organizado y una ciudadanía vertida en el miedo y la indignación (Ver nota de la Jornada del 13 de febrero de 2009 y El País 10 de febrero de 2010). Desde Juárez y Tenosique, el Istmo sureño, Michoacán, Veracruz, Tabasco, Sinaloa, Baja California y el Estado de México entre muchos otros, contienen la masa visible de la estructura territorial y el contexto geocriminal de la delincuencia organizada del país. Los recientes asesinatos de un  grupo de jóvenes y adolescentes reunidos en una fiesta en Ciudad Juárez, fue la gota que derramo el vaso. Se dice que en México el problema no es el narcotráfico, sino lo que esté ha generado: Un tejido social corroído, unas instituciones con nula credibilidad, y un narco estado llamando a la puerta.

La situación de la violencia prevaleciente, se traduce en una exaltación de la impotencia. La población se observa atada de manos “aquí en Juárez o te mueres por las balas o te mueres de miedo” señala un poblador. El argumento principal de esta guerra: la lucha por el territorio y el control de las rutas de trasiego. Pero ¿cómo se articulan estas rutas, con las rutas de migración establecidas en el territorio nacional? ¿Funcionan de manera independiente o son parte de un entramado integral de circuitos en dirección sur-norte? ¿Cuál es la zona de contacto?

En un contexto general, la demanda de drogas en los países consumidores refuerza la estructura lucrativa de los países productores, quienes ofertan en un mercado fructífero de carácter global. De esta forma producción, circulación, y consumo asociada al tráfico de drogas, refiere a la triada origen, transito y destino asociada con los flujos poblacionales. Sin embargo, esta asociación no solo se establece en términos analíticos, es también palpable en términos reales. La estructura organizacional del crimen organizado referido contempla además el tráfico de personas, el secuestro de migrantes, la extorción y la violación. Es decir, detentan el uso de la violencia como elemento legitimador.

De esta manera, articulados desde el Sur los circuitos parecen convertirse en un eslabón integral de una sola cadena que se dirige al Norte. Los registros y testimonios que establecen una relación entre migración y crimen organizado ponen en entredicho el carácter autónomo de los flujos y circuitos de migración que se han construido en el tiempo. Particularmente resulta un hecho que la migración centroamericana es la que padece tal interrelación. Esto es, la migración reciente. La migración mexicana, ya sea por el carácter histórico en el que se sustenta o por la consolidación de sus redes y circuitos parece estar más desligada de este sistema de desasosiego. Los estados de Chiapas y Tabasco parecen contener el nodo de la construcción de esta otra red. El robo, secuestro, extorción y asesinatos se libran en los márgenes de estas entidades (Ver Revista Proceso, febrero 2010) y se canalizan a su vez hacia Oaxaca, Veracruz alcanzando los márgenes de la frontera en Tamaulipas, Juárez y Tijuana.

Cuando se realizan recorridos por los espacios fronterizos del norte del país se habla del establecimiento de lugares “calientes”. Lo caliente alude a los sitios donde se interrelacionan las actividades del crimen organizado y los flujos poblacionales. El Sásabe, una pequeña localidad en Sonora es un claro punto de encuentro. Su dinamismo en los últimos años se explica por el desarrollo de una de las rutas de migración indocumentada más importantes en la actualidad y por la actividad que el crimen organizado desarrolla en la localidad. El desierto es la mejor metáfora de este sitio: sin autoridades, con pocos servicios, con una aduana poco funcional, el Sásabe en el desierto de Sonora –como señala Campbell- es una gran roca. Las autoridades, los polleros locales, los transportistas, los enganchadores, todos saben de las actividades del crimen organizado en la región  y todos se ven beneficiados con su presencia. El migrante incluso, puede sacar ventaja de esto, claro está con el riesgo enorme que esto representa: se tienen registro que en esta localidad fronteriza a los migrantes se les utiliza como “burreros”, “cargueros” o “pateros” es decir, se les utiliza como medio de transporte de la droga. Se les dice: si te llevas esta mochila y la entregas en determinada ciudad nosotros aseguramos tu tránsito por zonas menos inhóspitas que hará que estés en el otro lado en poco tiempo, eso sí, si te agarran nosotros no nos metemos.

En la frontera Sur también existe esta modalidad de trasiego y se complementa con la infiltración. Varias de las casas de los migrantes instaladas en varias entidades del centro y sur del país, quienes se dedican a auxiliar a los migrantes en tránsito, están infiltradas por migrantes mismos quienes han sido reclutados por el crimen organizado. Su labor es identificar dentro de estos albergues a potenciales migrantes que puedan ser objeto de secuestro y extorción. La compleja organización sobre la que funcionan estos grupos se basa en la violencia. Su complejidad operativa articula por igual los circuitos de estupefacientes y la mano de obra que de igual forma tienen como meta el mercado de consumo y laboral en suelo estadounidense.

Todo esto habla de la globalización de los sistemas de reclutamiento de mano de obra y del mercado de drogas en la región. La mercantilización de la mano de obra no se puede explicar de otra forma en este contexto. El territorio mexicano parece referir a un espacio complejo en disputa, donde los migrantes son un eslabón más de un esquema de trasiego complejo de acotar. Todo esto habla además de la realidad de la migración mexicana, de sus nuevos obstáculos a librar y de las fuerzas estructurales que la sostienen y a la vez la impulsan.  

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