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Entrevista con William Robinson

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 05/02/2014 21:17

Durante su visita a la Ciudad de México durante la que ofreció una conferencia como parte de los trabajos del Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras de la DEAS-INAH y la presentó su libro: Una Teoría Sobre el Capitalismo Global: Producción, Clase, y Estado en un Mundo Transnacional (Siglo XXI Editores) en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México con la participación de Juan Manuel Sandoval Palacios, Edur Velasco, Enrique Dussel y Pablo González Casanova; William Robinson platicó con Claudia Villegas sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, su significado a 20 años y la migración mexicana indocumentada.

Entrevista con William Robinson

Claudia Villegas Delgado

 

Entrevista con William Robinson

Por Claudia Villegas

Ciudad de México, 31 de enero de 2014.

 

Claudia Villegas: Tu hablabas de este momento de crisis del neoliberalismo como una coyuntura de peligros y esperanzas. ¿Cuál es el significado de esa coyuntura en el contexto de los 20 años del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN)?

William Robinson: Mucho ha cambiado en estos veinte años. Acordémonos que el neoliberalismo había llegado a su apogeo en 1994 y dos años antes había caído la Unión Soviética, se había dado la derrota de la revolución sandinista en 1990 y era una oleada de neoliberalismo. El neoliberalismo ya había llegado a tener un cierto estatus hegemónico, pero no sólo en América Latina y en México, sino a nivel mundial. Se estaban aplicando los programas de ajuste estructural a todos los países. El Consenso de Washington estaba intocable. El que hablaba en contra del Consenso de Washington y el neoliberalismo se le consideraba un loco que no entendía el mundo. Y además de eso los movimientos sociales estaban a la defensiva, la izquierda organizada como partido estaba diciendo que no había otra alternativa mas que el capitalismo, el síndrome de TINA: “There Is No Alternative”, o “No hay alternativa”. Y entonces en realidad, la elite transnacional, el capital transnacional estaba en ofensiva y estaba proclamando el fin de la historia y era un momento muy, muy difícil para nosotros que estamos luchando por otro mundo y que rechazamos tajantemente el capitalismo como sistema en que vivimos. ¿Qué es lo que ha pasado en esos 20 años? La ofensiva del capital transnacional, una derrota temporal de la izquierda mundial y la defensa de los movimientos sociales populares. Y claro, en 1994 ya comienza a revertirse el sistema de cosas. Llegamos a otra coyuntura en 2014 que es una coyuntura de crisis del capitalismo global, pero es también una coyuntura en cuanto a la correlación de fuerzas sociales y políticas a nivel mundial. La situación es muy distinta a hace 20 años. Entonces por eso es una coyuntura de esperanzas y oportunidades, pero también de peligros. Pero en 1994 que era justo el apogeo y la celebración “desde arriba” del neoliberalismo y del capitalismo global, aparece el zapatismo, la sublevación zapatista; que es el primer paso hacia la derrota del neoliberalismo. Ese es el primer momento. Sin embargo, el neoliberalismo se va consolidando en los 90s a pesar del zapatismo, pero el zapatismo dice que no hay consenso. Se mantiene ese rechazo tajante no sólo al neoliberalismo y aunque no se dice al capitalismo, es también al capitalismo. Y después, estructuralmente el capitalismo global experimenta un boom en los años 90, un boom a través de la acumulación militarizada, la especulación financiera y el saqueo de los presupuestos públicos. Pero además de eso, hay también un boom productivo en los años 90. Hay una expansión productiva sobre la base de nuevas tecnologías, expansión de las agroindustrias en América Latina, la maquiladora. Hubo un boom productivo también. Digo eso, porque llegando al siglo XXI sigue un boom económico hasta el 2008, pero ya no productivo sino netamente especulativo. Después se forma el Foro Social Mundial que es otro rechazo a nivel ideológico y político del neoliberalismo y la globalización capitalista; y comienza a haber una correlación de fuerzas clasista, política y social distinta y la elite transnacional pasa de la ofensiva a la defensiva entre 1999 y 2001. En 1999 es la primera reunión del Foro Social en Porto Alegre, después está Seattle. Eso constituyó un cuestionamiento político y social que tiene eco en los medios internacionales y la elite transnacional pasa a la defensiva. Comienzan las famosas manifestaciones anti-globalización. La globalización se convierte en una palabra cotidiana. En 2001 los ataques en Nueva York y Washington permiten a la elite transnacional, una vez más, pasar a la ofensiva y esto es con una oleada represiva jamás vista, y utilizando como pretexto lo sucedido en 2001. Esa ofensiva no comienza a revertirse hasta hace tres o cuatro años. Pero además, la elección de Hugo Chávez en América Latina comienza a lanzar lo que es la respuesta al neoliberalismo a nivel de estado, a nivel de poder estatal y viene la oleada rosada. Pero diría entonces que la primera oleada es en 1994 con el Tratado de Libre Comercio hasta el 2001. ¿De 2001 a 2014 qué es lo que vimos? En América Latina es el surgimiento de la izquierda nuevamente en el poder y un repunte muy fuerte de los movimiento sociales, poco a poco acumulando fuerza nuevamente, nuevas formas de lucha, nuevas formas de movilización. ¿Qué es lo que está pasando a nivel estructural? Sigue el crecimiento de la economía mundial, sigue la especulación financiera. Llegamos ya al momento de la hegemonía total, a la dominación total de lo que es el capital financiero transnacional. Y es solamente la especulación la que mantiene a flote el sistema y entramos de lleno a la acumulación militarizada. Gracias a 2001 se permite la invasión a Irak, se permite la invasión a Afganistán, se permite la intensificación de sistemas reclusivos donde quiera y eso le da un empuje a la acumulación. Si no hubiera sido por la militarización y las intervenciones hubiera sido mucho peor la crisis estructural del capitalismo en 2008, porque esas intervenciones militares son como echar leña a una fogata de la economía global que se está apagando.William Robinson I Se está apagando por sus propias contradicciones internas que todos sabemos y sobretodo la contradicción más fuerte, que es: el rico es más rico y el pobre es más pobre. Hay una militarización como en la frontera de México con Estados Unidos o Irak. Pero finalmente se colapsó en el 2008, estructuralmente, y no se ha recuperado. No hay una recuperación. Ahora están hablando de crecimiento –y sí lo hay- pero el crecimiento es por la misma razón, por gastos militares, pero sobre todo por más especulación en otras áreas. Hay especulación en los mercados energéticos, alimenticios, hay una feroz especulación. Entonces le da un impulso al sistema, hay una recuperación económica, pero las causas estructurales del colapso del 2008 aun existen. No ha habido una restructuración del capitalismo global hacia la producción y hacia una re distribución para aumentar la demanda mundial. Así que la crisis económica, 20 años después del Tratado de Libre Comercio está muy espantosa y la elite lo sabe. Están muy preocupados y el escenario político e ideológico es muy interesante y muy importante. Si entre 1999 y el 2001 las clases populares pasaron a la ofensiva; de 2008 para 2014 una vez más las fuerzas populares pasaron a la ofensiva. Así que estamos en una coyuntura con oportunidades, pero es también una coyuntura muy peligrosa en términos de la crisis del capitalismo mundial, en términos de la crisis ecológica que es muy preocupante en términos de la desigualdad y la miseria que produce entre las grandes mayorías. Pero es también optimista en el sentido en que la elite está a la defensiva, no tiene respuesta. Se abren muchos espacios de resistencia a pesar de todos los problemas. En el caso de América Latina, hay dos cosas que están pasando desde abajo. Los gobiernos progresistas de izquierda de la ola rosada están en un cierto estancamiento y en mi opinión están en la disyuntiva de profundizar el socialismo o se van a tener los mismos problemas de la economía global. En Brasil se ve con claridad. Lo bueno que la transición de Chávez a Maduro se dio muy bien. Pero lo positivo en América Latina, es que a 20 años de libre comercio hay un tremendo repunte de la lucha popular y entonces estamos en un momento decisivo, en un momento que se están midiendo las diferentes fuerzas. Para decirlo sencillamente: la derecha, la elite transnacional y las fuerzas populares están en un momento en el que están midiendo fuerzas. Estamos mejor que en 1994, del llamado fin de la historia hemos pasado a la discusión de cuál va a ser nuestra historia.


Claudia Villegas: Tu has planteado la existencia de planes a escala multinacional, como lo es el plan mesoamericano, la ASPAN, el plan Mérida como iniciativas transnacionales de control y represión ¿Cómo valoras dentro de este contexto la migración mexicana y sobre todo la migración indocumentada?

William Robinson: Mira, es una pregunta de suma importancia. La primera parte de mi respuesta, y aquí quiero decir que Juan Manuel Sandoval ha escrito mucho acerca de eso, es su campo de especialización; pero el análisis tiene que puntualizar que la acumulación capitalista, la expansión del capital transnacional y su apropiación de más espacios y de las personas que habitan esos espacios, requiere de la contraparte represiva, del control social, de la represión, de militarización. Lo que estamos viendo con esos proyectos regionales es una expansión con militarización. Es un plan mundial porque se está replicando en todas partes del mundo y eso hay que entenderlo analíticamente. Son dos cosas que van juntas: la globalización capitalista y la militarización desde arriba en William Robinson IItodas sus dimensiones para controlar la resistencia a la globalización capitalista y para tener la fuerza coercitiva que le permita apropiarse, controlar y reprimir. Y aquí pasamos hacia la cuestión de la migración: la apropiación de la mano de obra de los que están siendo integrados y controlados. Entonces, para mi eso ha sido un gran debate entre los que estamos en el movimiento inmigrante. Para mi es muy claro que el suministro se aplica para México y todo el planeta. Estamos viendo un fenómeno regional de algo que es global. El mecanismo más novedoso de finales de siglo XX y principios de siglo XXI para movilizar mano de obra, suministrar mano de obra trans-fronteras y donde se le necesita. Y además, es controlar esa mano de obra migrante trasnacional. Ese es un mecanismo de la economía global que remplaza viejos mecanismos de los últimos 500 años. Ya no hay esclavitud formal, pero hay una mano de obra migrante cuyo control se ejerce a partir de la distinción entre ciudadanos e inmigrantes. Y eso es lo que se ve con este fenómeno, que la mano de obra disponible, más barata y que es el producto de un despojo a partir del Tratado de Libre Comercio, es parte de una migración forzada. No es una migración voluntaria. Claro, a la familia individual nadie le dice: “usted tiene que irse a Estados Unidos”. Pero estructuralmente es una migración forzada, coercionada. Entonces, esa mano de obra se presta a la acumulación de capital transnacional en diferentes territorios. Al igual que hay migrantes filipinos por donde quiera, hay migrantes chinos o migrantes nigerianos. Dondequiera que hay centros de acumulación global hay mano de obra transnacional migrante. Y la clave en esta migración, es que a la mano de obra migrante no se le da derecho de ciudadanía, tiene que mantener el estatus de trabajador o trabajadora inmigrante y por lo tanto deportable, por lo tanto vulnerable y por lo tanto clandestino, sin derechos de movilizarse en sindicatos, sin derechos políticos. Es la mano de obra ideal para el capitalismo global. Es el nuevo rostro del capitalismo global. Si al capital transnacional, como sujeto colectivo, se le pregunta cuál es su ideal de mano de obra, no va a responder que el esclavo, sino la mano de obra transnacional, que se puede deportar, que se le pueden pagar salarios por debajo del mínimo, se le puede hacer lo que quiera, es mano de obra transnacional. Yo creo que la otra cara de la moneda es: si vos querés hacer un análisis de todas las fuerzas populares y en dónde están las fuerzas más potencialmente revolucionarias, que por su posición estructural pueden ofrecer resistencia, son los inmigrantes. Cuando nosotros decimos que hay que priorizar la lucha inmigrante por sus plenos derechos y tenerlos en el centro de la lucha por la justicia social, claro que es una cuestión de justicia social y ética, pero es también una cuestión estratégica, porque es el segmento más super explotado del capital transnacional y el segmento más estratégico al capital transnacional. Está en el centro de la lucha de la clase obrera, en el mero centro. Eso además de la cuestión moral.

 

Claudia Villegas: ¿Cuál sería tu balance del TLCAN?

William Robinson: Agregaría un par de puntos a lo que había planteado para abrir paso a ese balance. Con relación a la cuestión del capitalismo global y la crisis estructural de la economía global. Se están introduciendo nuevas tecnologías y el capitalismo ha tenido una historia cada 40 años en donde se re introduce una nueva tecnología que permite la reactivación de la acumulación productiva sobre la base de una nueva tecnología. Esa nueva tecnología le daría al capital la posibilidad de construir una nueva avenida que no es únicamente la militarización y la especulación. En cuanto a la migración transnacional olvidé decir que también permite dividir a la clase obrera transnacional a través del racismo. El trabajador y la trabajadora inmigrante son chivos expiatorios. Eso es claro en Estados Unidos. El obrero negro, que es el más oprimido, víctima del racismo y más super explotado históricamente, muchas veces le echa la culpa al inmigrante de ser el causante de su desempleo estructural. Este es un mecanismo para dividir a la clase obrera. Hace cuatro o cinco años en Sudáfrica, se dio una sublevación racial violenta de los sudafricanos contra los inmigrantes de Mozambique, de Zimbawe, de Angola y de Nigeria. En cuanto a un balance del Tratado del Libre Comercio, se puede decir que ha sido una tremenda bonanza para el capital transnacional, pero también es importante ver que el TLC es un proyecto clasista de una fracción de clase que es la fracción transnacionalizada de la clase capitalista y los funcionarios estatales y políticos que son los agentes de esa fracción. Entonces, no se puede hablar del TLC fuera del contexto del surgimiento del conglomerado del Grupo México, el Grupo Carso con Carlos Slim y Carlos Salinas de Gortari que son los que másWilliam Robinson III representan la fracción transnacionalizada de la clase capitalista mexicana que ejerce el poder económico y controla el país políticamente y también es parte de la clase capitalista transnacional. Pero no se puede entender el TLC fuera de ese contexto. No se puede entender la llegada al poder de esa fracción y toda la reestructuración de México fuera de ese contexto. Los 20 años del TLC, son 20 años de esa fracción y su ascenso al poder. Lo mismo en el caso de Estados Unidos, aunque un poco más complicado ahí porque en México se dio una lucha muy fuerte entre fracciones de los grupos dominantes, fracciones orientadas con el viejo proyecto de sustitución de importaciones, corporativismo y por el otro lado, las fracciones transnacionales. Hubo fuertes conflictos dentro y fuera del Partido Revolucionario Institucional para el control del estado que llegaron a asesinatos y violencia. En Estados Unidos, la fracción transnacional comenzaron a surgir en los años 60s y en los años 70s consolidaron su control de los dos partidos, como fracción hegemónica dentro de los dos partidos y su control del estado norteamericano. Sobretodo durante la presidencia de Carter que llegó al poder en 1976 después de Nixon, quien fue el último keynesiano. Es un proyecto mucho más consolidado de la fracción transnacional de la clase capitalista en Estados Unidos. Entonces el TLC le permitió a la elite transnacional de Estados Unidos, globalizar toda el área de Norteamérica en conjunto y sincronizadamente. Ayudó a la clase capitalista transnacional en México a globalizarse y proyectarse globalmente. El TLCAN permitió al capital transnacional de otras regiones del mundo ínter penetrarse con capital transnacional dentro del área de América del Norte, una ínter penetración mucho más profunda. Los inversionistas chinos, por ejemplo, invierten en México para tener acceso al mercado norteamericano. En resumen, en los 20 años, el TLC es uno de los mecanismos fundamentales que permitió una vasta profundización y extensión de la globalización capitalista, no sólo en esta área, sino a nivel mundial y para concluir, históricamente la resistencia desde abajo, desde las clases oprimidas, en esta caso la clase obrera transnacional norteamericana, siempre la resistencia será después. Las elites cambian la naturaleza del juego reactivamente, pero la resistencia siempre es un poco dilatada. Y para concluir puedo decir que para tener una verdadera resistencia, se requiere de una conciencia transnacional por parte de las clases populares.

El Dr. William Robinson es profesor de sociología en la Universidad de California, Santa Barbara 

Claudia Villegas Delgado es doctora en Geografía por la Universidad de Rutgers y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.

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