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Urge reformar la Iniciativa Mérida

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 04/05/2010 21:16

La Iniciativa Mérida (IM) es el acuerdo sobre seguridad más trascendente que hayan logrado México y Estados Unidos. Representa en el terreno de la seguridad, lo que en el TLC en el campo comercial: un paso sin precedente en la integración bilateral.

Urge reformar la Iniciativa Mérida

Primitivo Rodríguez Oceguera

En su actual diseño, la Iniciativa Mérida tiene el potencial para lastimar seriamente los intereses y el bienestar de México.

 

En consecuencia, reformar la Iniciativa Mérida, otorgando al Congreso de la Unión el lugar que le corresponde en el desarrollo y evaluación de la misma, es una tarea inaplazable para el bien de la nación y de su trato con Estados Unidos.

 


2 de mayo, 2010. 

 

Resumen Ejecutivo.

La Iniciativa Mérida (IM) es el acuerdo sobre seguridad más trascendente que hayan logrado México y Estados Unidos. Representa en el terreno de la seguridad, lo que en el TLC en el campo comercial: un paso sin precedente en la integración bilateral.  

A pesar de ello, la IM no se ha discutido lo suficiente, al menos en México, en su alcance, objetivos y sobre todo en su diseño. Pero tampoco están claros los  propósitos de la IM al existir diversas interpretaciones sobre lo que ésta entraña y busca alcanzar aquí, allá y para ambos países.

El problema básico de la IM es su carácter unilateral en cuanto a los fondos para llevarla a cabo: sólo Estados Unidos los aporta, y por lo mismo, queda en posición de aplicar en su beneficio el principio de “el que paga manda.” Así fuesen claros los propósitos de la IM y los compartieran México y Estados Unidos, la existencia de “el que paga manda” les resta o de plano les quita la dimensión bilateral de “corresponsabilidad” efectiva.

Tocaría al Congreso de la Unión tomar la iniciativa para corregir el diseño de la IM a fin hacerlo un acuerdo de responsabilidades concretas, medibles y verificables para México, para Estados Unidos y para ambas naciones.  De no hacerla un acuerdo de “corresponsabilidad” y de “reciprocidad” en derechos y obligaciones, la IM terminará siendo contraproducente a los intereses de México, a los propios de Estados Unidos, y por ende, a la relación bilateral.          

 

Primer contexto.

Después de la guerra de Estados Unidos contra México en el siglo XIX y la pérdida consecuente de la mitad del territorio, la frontera norte del país se desarrolló como una zona sin  riesgo mayor a la seguridad de Norteamérica. Algo similar ocurrió en la frontera sur de Canadá. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia económica y militar. Por primera vez en la historia una nación de tal calibre gozaba de fronteras estables y vecinos amigos, o por lo menos, no enemigos.    

Con todo, en el primer lustro de los años noventa del siglo pasado, ya terminada la guerra fría, se inició un cambio en la visión de la frontera estadounidense con México. Para sectores xenófobos de la población y del partido republicano, la creciente migración de indocumentados representaba una seria amenaza al “imperio de la ley” y a la “esencia anglosajona” de Estados Unidos. Para abrir espacios de negociación con legisladores republicanos sobre temas que le importaban, el presidente Bill Clinton inició en 1993 férreas medidas de control para “cerrar” la frontera a migrantes sin papeles.

Después de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas en Septiembre de 2001, Estados Unidos elevó la importancia de dos amenazas más en la región fronteriza: la delincuencia organizada y la posibilidad de terrorismo. Para enfrentar las amenazas de migración indocumentada, delincuencia organizada y terrorismo,  surgió en 2003 la “Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte,” promovida por el Presidente George W. Bush, y aceptada por México y Canadá. El territorio del TLC se convirtió así en zona prioritaria de las estrategias de seguridad estadounidenses.    

 

Segundo contexto.

Ser nación fronteriza de una potencia mundial presenta oportunidades y problemas de monta para cualquier país. En nuestro caso, los mayores beneficios de la vecindad con Estados Unidos han sido la inversión, el comercio, y el turismo estadounidenses, así como la infraestructura de comunicaciones entre ambos países.    

Por otra parte, los mayores problemas de México con Estados Unidos se han registrado en compartir fronteras con una nación expansionista (siglo XIX), potencia continental e intervencionista (Doctrina Monroe y Destino Manifiesto), primera potencia mundial en lucha contra el comunismo (guerra fría y guerras calientes), nación con la mayor demanda de inmigrantes calificados y no calificados, país con el mayor consumo de drogas, e imperio en permanente confrontación con gobiernos que no le son gratos, y en guerra contra el “terrorismo global.”

Esta vecindad de oportunidades y problemas explica la ambivalencia de la relación de México con Estados Unidos, a la que corresponde una similar de ese país hacia el nuestro. Dicha ambivalencia hace que el trato bilateral camine sobre terreno espinoso, sobre la cuerda floja. En ambos lados surgen con frecuencia los sentimientos de soberanía y los nacionalistas. La gran diferencia al respecto es que en México son vistos por un creciente número de analistas y políticos como opuestos a la modernidad y la globalización, en tanto que en Estados Unidos el ejercicio soberano del gobierno y la exaltación de “América” constituyen el fundamento de la política interna e internacional.

En el balance de beneficios y daños recibidos por México como resultado de su vecindad geográfica con Estados Unidos, los últimos han sido más considerables y trascendentes para el país que los primeros.

De ahí que el desafío internacional de México no resida en optar por el Norte o por el Sur –nos encontramos más que ligados a Estados Unidos-, sino en mantener espacios de relativa independencia de acción y capacidad de negociación en el trato con ese país que por su vecindad y poder condiciona y en ocasiones determina el rumbo y ritmo de nuestro desarrollo.     

 

Tesis central sobre la IM.

De no reformarse el diseño actual de la IM terminaría por institucionalizarse en los años por venir la subordinación de México a las estrategias de seguridad norteamericanas. En tal escenario, los resultados previsibles de la IM serán en extremo negativos para la soberanía, los intereses y el bienestar de México. Lo serán por igual o en consecuencia para Estados Unidos y para una relación sana y de mutuo beneficio entre ambas naciones.     

 

Características de la IM.

 1.     Un acuerdo “sin precedente.”

Para funcionarios y legisladores estadounidenses la IM representa un milagro en la relación bilateral: la aceptación por parte de México de que no puede enfrentar solo los problemas de seguridad y gobernabilidad por los que atraviesa, y que necesita por lo mismo de la “ayuda,” de la “corresponsabilidad” de Estados Unidos.

En términos prácticos, la “ayuda” y “corresponsabilidad” estadounidenses significan para Washington que México ha decidido superar atavismos  “nacionalistas” para entrar en franca y abierta cooperación con Estados Unidos en las áreas de seguridad, “consolidación democrática” y reforma de instituciones mexicanas. Estados Unidos buscará que este cambio sin paralelo en la relación bilateral se institucionalice, se haga parte estructural de un “nuevo” México, complementando así la integración  que ha creado el TLC.  

 2.     El que paga manda.

El problema fundamental de la IM, del cual se derivan los demás, es su carácter unilateral en cuanto a los fondos que la constituyen: únicamente Estados Unidos aporta dinero, quedando en posición de hacer valer para su beneficio el principio de el que paga manda…condiciona y certifica. 

Estados Unidos presenta la ayuda a México como prueba de su corresponsabilidad en la lucha contra el narcotráfico. Sin embargo, qué haga Norteamérica para prevenir y atender la drogadicción, así como para combatir el tráfico de armas, el lavado de dinero y la corrupción en su territorio continúa siendo un campo de ámbito soberano, de su política interna.

De esa manera, por menos de 400 millones de dólares anuales, Estados Unidos logró que México aceptara institucionalizar la participación –intervención- estadounidense en áreas antes reservadas a decisiones soberanas, como serían las de seguridad, migración, y reformas al sistema de justicia, a la policía y a las Fuerzas Armadas.   

 

3.     Ventaja de dos a uno a favor de Estados Unidos.

Toda ayuda norteamericana a otros países que propone el Ejecutivo la discute, aprueba y condiciona el Capitolio. Ello forma parte de los balances institucionales que rigen a la Unión Americana.

En sentido contrario, dado que México no aportó fondos a la IM al quedar en calidad de nación que no tiene suficientes recursos para enfrentar el narcotráfico, el Congreso de la Unión no es parte del juego. De ahí que a la asimetría de poder que de entrada enfrenta México ante Estados Unidos, se sume la disparidad en la negociación y evaluación de la IM. Por Estados Unidos participan el Ejecutivo y el Legislativo, y por México, sólo el Ejecutivo, y además, en condición de “gobierno en serios problemas,” y consecuentemente con escaso margen de maniobra.   

 

4.     Por si algo faltara, los contribuyentes/electores estadounidenses llevan la ventaja frente a México.  

Observando principios de su política exterior, Estados Unidos no ayuda a otras naciones de gratis, sino para promover su interés nacional. Toca a los contribuyentes/electores estadounidenses asegurar que así sea ante cualquier país o conjunto de países.

En el caso de la IM, lo que esperan los contribuyentes/electores estadounidenses de dicho acuerdo son dos resultados concretos y medibles: que disminuya el ingreso de drogas a territorio norteamericano, y que la violencia ligada a la guerra contra el narcotráfico no afecte la zona fronteriza con México y a sus ciudadanos. De no cumplirse estos objetivos, los legisladores estadounidenses y el propio Presidente no tendrían cómo justificar ante los contribuyentes/electores la continuación de la ayuda a México a través de la IM.

El tema se complica aún más al entrar en escena grupos ultraconservadores de la ciudadanía y del partido republicano que exigen como resultado adicional de la IM que la frontera sur de Estados Unidos y el territorio mexicano en su conjunto queden cerrados a la migración indocumentada y al “terrorismo.”      

 

Escenarios probables de la IM con daño a México.

A)   Estados Unidos extiende y profundiza su intervención para “consolidar” la seguridad y gobernabilidad de México, evitando se convierta en “Estado fallido.” En consecuencia, entre otros planes de acción, Norteamérica hace cuanto juzga necesario para influir en la elección de quienes gobernarán el país, y bajo qué leyes, instituciones y programas.

B)   Estados Unidos institucionaliza en territorio mexicano la guerra contra las amenazas a su seguridad que presentan la delincuencia organizada, la migración indocumentada, y el “terrorismo.” El rumbo y tiempos de esta guerra pasan a ser decisión de Norteamérica.

C)   Los organismos de seguridad e inteligencia mexicanos se hacen cada vez más dependientes de la ayuda norteamericana: armas, tecnología, capacitación, estrategias y tácticas.

D)   La disminución de la entrada de drogas a Estados Unidos agudiza el consumo de las mismas en territorio nacional con los costos subsecuentes de corto y largo plazo.

E)    Estados Unidos presiona a México para que legisle una reforma migratoria cuyo componente fundamental sea  endurecer normas y procedimientos para evitar la migración indocumentada con destino a Norteamérica, incluyendo la de sus propios ciudadanos.

F)    México recibe crecientes presiones internas y externas para que adecúe su política exterior a la norteamericana en el combate global al “terrorismo” y gobiernos que según Washington lo apoyan o alientan. 

 

Conclusiones.

La cooperación México-Estados Unidos en seguridad es necesaria, pero debe fundarse no sólo en el principio de “corresponsabilidad,” sino también y sobre todo en el de “reciprocidad” en cuanto a derechos y obligaciones. Por lo mismo, ambos países tendrían que reformar la IM acordando: A) contribuir cada uno con dinero y recursos para crear un fondo común en su implementación; B) redefinir alcance y objetivos de la misma; C) determinar qué corresponde hacer a cada uno y a ambos en conjunto; y D) establecer bajo la coordinación y supervisión de los Congresos de México y de Estados Unidos mecanismos para vigilar y evaluar la implementación de la nueva IM, o del acuerdo que la reemplace.   

En el caso de la migración indocumentada, México y Estados Unidos se comprometerían a impulsar reformas migratorias justas, uno de cuyos pilares  sería que toda trabajadora o trabajador internacional que responda a la demanda laboral en uno y otro país cuente con documentos y protecciones básicas para ser empleado. De esta manera se quitarían incentivos a la migración indocumentada, en tanto que las estrategias de control fronterizo se dirigirían a combatir la delincuencia organizada y posible terrorismo.   

En el tema de terrorismo, la colaboración bilateral se haría sobre la base de respetar las decisiones soberanas de política interna e internacional en la definición de “terrorismo” y gobiernos que “lo apoyan o alientan.”

Un México que goce de respeto, confiado en sus instituciones y con crecimiento equitativo y sustentable es el vecino que Estados Unidos necesita para mejorar su bienestar y relaciones internacionales, no un patio trasero y un achichincle.

 

Mtro. Primitivo Rodríguez Oceguera

Candidato a Doctor en Historia por la Universidad de Chicago.

 

 

 

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