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Una vida ordinaria.

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 27/06/2010 22:16

Que la gente que camina en las calles y debajo el edificio nunca voltee hacia arriba pensando lo mortal de nuestros trabajos, porque si, es peligroso, mal pagado, y sin derechos, y la mayoría de los obreros somos mexicanos, hondureños y ecuatorianos.

Una vida ordinaria.

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Una vida ordinaria.


Por Roles

 

El tope  de el edificio,  en todo lo alto, en  el valle de brooklyn,  el edificio  mas grande de todo atlantic ave. Los  cuatro relojes mas grandes de toda la ciudad,  one Handson place,  el edificio en remodelación, exterior e interior.  En el ultimo piso  nos encontramos  armando un escafold,  afinando los últimos detalles de seguridad para tirarnos por el “escafo”  y subir al piso 36, cortaremos “pointing”  sin el “baquium” por cuestiones de “nos estorban” o “no sirven” y demolición de ladrillos,  repararemos la “craka”  inmensa de por lo menos 9 pisos  y después  ladrillo nuevo. iremos al piso abajo y haremos lo mismo,  hasta llegar al piso 22,  ahí cambia el método,   otro tipo de reparación, pero igual cemento y ladrillo.  sol, si mucho sol,  mas de 97 grados, nuestros sinturones en buenas condiciones, las “lacas” o el freno en excelente estado, puesto en nuestra “centralain”   (safeline ),  el martillo a la cintura como buen constructor , el casco con sus  respectivas gafas  y muchos  con camisas de manga larga, para proteger la piel de los rallos del sol directos, otros más  con un paliacate en la cabeza  o un trapo para hacer sombra,  quien nos ve nos pregunta: ¿no tienes calor guey?, con esa madre en la cabeza?

Puedo ver de frente el bajo Manhattan, el west side de Manhattan, los edificios luchando por sobresalir mas, el más alto, el más rico, el más poderoso, el más artístico, el de color diferente, el de terrazas con visión  hacia el rio, o hacia el ocaso, hacia la estatua, hacia la bahía, los más modernos, los más simples que se quedaron con sus doce pisos y abajo, comparados con los de 60, los más clásicos y de ladrillo rojo, los más antiguos.  Imagino  que esa fue la más  perfecta  visión de cuando lo de las torres gemelas y  sus estruendosos avionazos,  pues  las terrazas del edificio apuntan en esa dirección, imagino la cara de los antiguos inquilinos llenas de espanto, terror, miedo, después de observar  ese capítulo en la historia de horror y violencia de la ciudad.

Podemos ver a lo lejos  y  bien definida la diminuta isla donde se encuentra la famosa estatua de la libertad, admirada por lo famosa y no por esencia de la palabra,  la imagen verde,  con  rostro hacia el océano, dándole luz y bienvenida a los migrantes que llegaban en barco de las tierras europeas o asiáticas, o africanas,  la supuesta bienvenida, el paradero de los primeros barcos antes de anclar a tierra firme New York,  donde  aislaban a los asiáticos de los negros o de los europeos,  donde los enfermos  eran regresados  y los muertos tirados al mar…

Desde el edificio observamos los colosales puentes, el “Brooklyn bridge”, el “Manhattan bridge” y el Williamsburg bridge ,  todos con un desahogue  de carros inmenso, las arterias de la ciudad están en constancia permanente, me gusta ver los carros, seguir uno desde que baja el puente, agarra la avenida, pasa  frente a mí y se va perdiendo por la misma, hasta que la mirada lo pierde a lo lejos,  para eso pasaron como 12 o 15 minutos, es mi tiempo de respirar, de soplarle al cuerpo el sol que  nos calienta y nos apendeja, y  estar un rato en silencio,  usualmente mi compañero hace lo mismo, solo que  nunca sabremos lo que pensamos  realmente, miramos  a lo lejos, perdemos la mirada, en la nada, el no lo comenta, cuando le pregunto  en qué piensa? Solo contesta: en nada guey!

Volteamos  la mirada a ver nuestro trabajo y el reloj, medimos el tiempo, como  si fuera  el tiempo medible, usualmente en nuestro silencio de nuestro trabajo mi cabeza  hace viajes de nostalgia, una tonada de una canción, un claxon de carro, una frase de barrio, una chica linda, un chale!,  y lleno el ambiente de suspiros y recuerdos que me han mantenido vigoroso, porque no me rindo, se que algún día, no sé cuando  ahora mismo, pero algún jodido día, iré volando en ese avión que va justo arriba de mi cabeza aterrizando en el Benito Juárez, y sin que nadie lo sapa, tocare la puerta de casa de mi madre y  sonreiremos y nos abrasaremos, y saldrán mis hermanos y conoceré a mis nuevos sobrinos y  comeremos, y luego los viejos amigos que alguna vez me estimaron  llegaran poco apoco a verme para  hablar un poco, tal vez para  tomar una  buena cerveza fría, o solo para hacer memoria y engrandecer recuerdos …

De momento el sonido de mi “grainer” la maquina cortadora me  indica que se esta recalentando, estamos en una nube  densa de polvo que tarda en dispersarse, bajo una mascarilla que por momentos me asfixia y mis gafas puestas, siento la temperatura del cuerpo en su máximo, me exige un trago de agua,  el hielo de mi botella se empieza a deshacer, me alcanza justo a las 4 de la tarde,  nos falta poco,  mi compañero siempre reacciona  odiando este maldito trabajo, que le llaman “tragar polvo” me voltea a ver y mi ropa está hecha polvo, manoteo mi pantalón y sacude al polvo al igual que él,   miro sus ojos y me indica que ahí está el jefe, en posición de vigilante como con señas, en clave, asegurándose que “trabajen” y no tememos mucho  “breik”,   a el no le importa los 94 grados, ni el polvo, ni las torres gemelas, ni  Obama, ni la legalización, ni los muertos en la frontera, ni las noticias, ni si mañana  habrá 102 grados o 2 bajo cero en el invierno. Al jefe solo le interesa que acabemos rápido, no le importa si pienso, si siento, si  estoy contento, si me lleva la chingada…  solo quiere rapidez.

Es fácil ver la vida de lejos, ver la movilización de la ciudad, como imaginar a la raza que en este momento esta cruzando la frontera con todos los  riesgos ya mencionados por muchos, es fácil ver a los trabajadores de aquel edificio e imaginar que ganan bien, cuando en realidad  están mal pagados,  sin derecho alguno, siquiera de enfermar, es fácil ver la represión de Arizona, cuando los policías no han tocado jamás la puerta de mi casa acá en NY. Es fácil ver los aviones en viajes permanentes  y pensar que el pasajero tiene libre tránsito, y por otro lado  verse  castrado y con una cadena al pie por más de diez años y sin poder  tomar el  avión con destino a la paz del corazón. ¿Es fácil realmente?  ¿Qué es lo difícil?...

Por ahora voy en el tren, con la piel  llena de resequedad de polvo y agua, leyendo mi libro de un tal Martin  Moreno, “México mutilado”, la raza maldita,  y estoy a punto de terminarlo, me faltan como 100 páginas, e  imagino que  el odio que siento en  contra de la injusticia  pondrá dirección en el gobierno de México y en el  gobierno gringo que por allá de los 1847, hicieron la guerra  más injusta en la historia de  México, para apoderarse de los territorios de Nuevo México y california, ya después de robados  dividieron  e instalaron  Arizona, hoy “la raza maldita” que me persigue  a mi  si viviera  en  Arizona,  pero que al igual  se, !y bien que lo sé!, que hay raza  indocumentada que  trabajan en la construcción, que cortan con maquinas, que construyen casas o edificios, que albañiles o no, serán perseguidos en un determinado momento por la policía racista  hecha ley.

De momento el hijo de la chingada de santana regreso al ejercito después que tenia al tal general Taylor en sus manos  listo para darle la estocada final,  y cambiar  la historia radicalmente de México, y que gracias al pacto  escondido con el presidente Polk , pues decide la retirada,  su gente protesta,  (¡porque no lo mataron!) con el pretexto de  una nueva insurrección de los hijos de dios, los polkos,  ejercito católico de elite,  sublevándose al tal Gómez Farías, ateo  permanente que luchaba contra los interés católicos dueños de  grandes  dimensiones de terrenos  y productores de capital. La iglesia nunca apoya la  defensa de la patria mexicana. Santana jamás defendería a México, solo le interesan los 30 millones de dólares que en aquellos años equivaldrían a…

El libro duele, enseña pero reflexiono y  observo la vida, con esa facilidad de  observar el mar. Los gringos jamás nos han respetado, jamás han querido a los mexicanos como una nación y como vecinos de respeto, siempre nos vieron como una raza inferior, como una raza mesclada, como unos animalitos que repararan sus casas y les dan servicio, a los viejitos retirados que viven en Arizona viviendo del social sec. Y mantenidos por migrantes que son de otra generación y que nada comparten entre sí porque los migrantes nuevos que llegan tienen edad promedio de 22 años de edad y los residentes de  Arizona, en edad porcentual son mayores de 63 anos.  Comprenden un 78% de gente retirada.  Reflexiono lo poco queda por obtener en esta ciudad, económicamente activa.

Mañana seguiremos cortando pointing y nos llenaremos de polvo, respiraremos polvo, todo el jodido día polvo. Durante 8 largas horas, polvo,  y volveremos a ver la poderosa ciudad, que emerge de hierro y  cemento, construida por otros albañiles, en otras diferentes épocas, albañiles poderosos que  tampoco les importo  el polvo,  tal vez en otras condiciones, pero con cascos , mascarillas, gafas y uniformes empolvados, que la estatua de la libertad nos ha dado la espalda, como los  gobiernos de México y de los estados unidos, que no pienso ir a visitarla porque me pueden separar como lo hicieron con los asiáticos , los negros y los europeos, que el reloj de la nostalgia el día de mañana regrese unos cuantos años, para tras, para poder encarar al santana y mutilarlo en pedacitos, como el mutilo mexico, que el jefe que nada le importa, no joda una vez más, ¡por su bien! Que la gente que camina en las calles y debajo el edificio nunca voltee hacia arriba pensando lo mortal de nuestros trabajos, porque  si, es peligroso, mal pagado, y sin derechos, y la mayoría de los obreros somos mexicanos, hondureños y ecuatorianos, cosa que les puede desagradar cuando analicen nuestro trabajo y podrán dejarles de importar lo peligroso y mortal de nuestro trabajo.(se lo merecen!) Y que los viajes en el avión y los abrazos, y las charlas con una cerveza fría o sin ella, seguirán esperando, porque de momento quiero  descansar de esta vida ordinaria tan llena de sueños y grandes soledades.

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