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Tres victorias a medias: una respuesta a Jorge Durand

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 17/12/2012 19:37

El pasado domingo 15 de julio en una entrega para el periódico mexicano La Jornada (“Tres victorias a medias”) el investigador Jorge Durán hizo un nuevo recuento de los avances más visibles de los inmigrantes en Estados Unidos. Sin embargo, con la mejor intensión de reconocerlas, se pasan por alto, voluntariamente o no, los matices que acotan dichos triunfos. He aquí una respuesta a los planteamientos de Jorge Durán sobre el alcance de dichos triunfos en el contexto de un año electoral.

Tres victorias  a medias: una respuesta a Jorge Durand

Marco Vinicio González

Por Marco Vinicio González

 

En la búsqueda del respeto a sus derechos civiles y al reconocimiento de sus aportaciones o contribuciones a la grandeza material y espiritual de este país los inmigrantes van ganando terreno, ganado a pulso ni duda cabe. En este contexto han creído encontrar un aliado en el Presidente de Estados Unidos, que sin embargo no se manifiesta de manera ni clara ni mucho menos contundente. Aun así hay quienes piensan que sopla un aire fresco en favor de los inmigrantes, que se manifiesta -por citar sólo algunas- en “tres victorias” notables. Sin embargo, con la mejor intensión de reconocerlas, se pasan por alto, voluntariamente o no, los matices que acotan dichos triunfos. He aquí una respuesta al académico Jorge Durán sobre el alcance de dichos triunfos en el contexto de un año electoral.

 

El pasado domingo 15 de julio de 2012 en una entrega para el periódico mexicano La Jornada (“Tres victorias a medias”) el investigador Jorge Durán hizo un nuevo recuento de los avances más visibles de los inmigrantes en Estados Unidos. Como siempre, lo hizo con sobriedad y bien informado, y se basó sólo en tres “victorias”, como dice el título de su artículo, por aquello de que el que mucho abarca poco aprieta.

 

“Son victorias parciales, pero dado el panorama gris en la materia, bien pueden considerarse como triunfos que dan una bocanada de aire fresco para las familias migrantes…”, dice, y tiene razón. Como suele ocurrir con los académicos, sin pasar juicio de valor, sus aseveraciones van casi siempre ‘blindadas’ o son precavidas, cuidadosas; porque no quieren arriesgar demasiado, será. No obstante el autor redondea las “victorias parciales” con un dejo de optimismo, apelando a su derecho de ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Le respalda sin duda un trabajo de investigación teórica que le permite proyectar sus hallazgos con pretensiones casi estadísticas. Bien por él.

 

Sin embargo, desde una perspectiva infinitamente más modesta, desde mi trinchera periodística, no puedo compartir dicho optimismo. Las tres victorias se dan, como ya dijo el autor, con tintes electoreros (electorales, dice Durán), aunque le concede al mandatario el beneficio de la duda. El mandatario estadunidense y su equipo de trabajo han dado muestras de habilidad, de saberse mover en esa zona escurridiza de la ambigüedad, por lo que resulta cuando menos difícil atraparlos en una definición que los posicione sin ambages. Y como nos encontramos entre la espada y la pared, porque en estos tiempos electorales atacar a Obama es darle municiones al contrincante republicano —y nomás de pensar en su triunfo se eriza la piel—, coincido con Durán en que es mejor otorgarle el beneficio de la duda al candidato titular.

 
La cosa sin embargo es que, para mí, además de las intenciones políticas de Obama, el nudo del asunto se halla siempre en la ejecución de las órdenes en la cadena de mando. Aun suponiendo que el Presidente tenga la genuina intención de resolver un problema tan peliagudo como el de los inmigrantes, uno al que no le ha invertido tanto capital político como a otras iniciativas (reforma de salud, rescate de la banca, de la industria automotriz, etc.), a la hora de la hora los que toman las decisiones en la ‘escena del crimen’, por ejemplo, siguen deportando a la raza; y si no que les pregunten a los dreamers, que se ganaron a pulso su victoria, pues no fue un regalo de Obama, quien con todo y su “nueva política” no toma en cuenta que hay varios casos de estudiantes en la cuerda floja; es decir, a punto de ser deportados al momento de escribir esta líneas. O preguntar también a los paisanos, que además de ser arrestados, y eventualmente deportados, son despojados de sus vehículos por manejar sin licencia de conducir. Y que de los 300 mil casos o más que iban a ser considerados individualmente según las nuevas directrices en la materia, pomposamente anunciadas por la Casa Blanca, en lugar de deportarlos fast track, dicha cuota no ha alcanzado todavía los dos dígitos porcentuales a varios meses del pomposo anuncio presidencial. La lista puede seguir, pero no se trata aquí de abusar tanto de la paciencia del lector.
 
En cuanto a la victoria de los dreamers, ésta sucedió porque el Presidente más bien se vio contra las cuerdas cuando los estudiantes indocumentados, después de una larga lucha -bien señalada por Jorge Durán en la referida entrega-, escogieron un momento adecuado en su estrategia y lo arrinconaron y desafiaron a las puertas de su propio domicilio oficial (la Casa Blanca) y del Congreso, cuando el mandatario anunciaba como parte de su plataforma electoral la “nueva” política migratoria del gobierno, que tomaba un giro espectacular; así que fue entonces cuando Obama anunció una suerte de amnistía limitada para un número amplio, aunque también limitado para los dreamers, luego de una estupenda movilización valiente y puntual por parte de los estudiantes que salieron de la sombras arriesgándose a ser deportados como un acto de desesperación en varios estados del país. Además, por lo menos en California y Nueva York la lucha de estos estudiantes —que viven su momento, como en México, en Chile y en otras partes del mundo—, se halla en estado avanzado; en forma de propuesta de ley en los congresos estatales, con algunos buenos pronósticos de convertirse en ley, hay que decir, a no ser que se impongan –irónicamente- las disposiciones de la ley federal, que con toda razón tienen ascendencia sobre las leyes estatales. Si no, ¿se imaginan?, ¡sería un desmadre!
 

En cuanto a la SB1070 o ley de Arizona (la segunda victoria que analiza el autor), ya lo dijo Durán: dejó vivo su aspecto más controvertido, pues antes y después incluso de la decisión de la Suprema, los policías racistas (sin eufemismos ni maquillajes ridículos), seguirán deteniendo a la raza de bronce con motivo o sin él, no sólo para deportarlos sino además, entre otras cosas –la humillación incluida- para robarles sus autos y hasta en algunos casos a sus bebés, que serán dados en adopción a familias anglo estadunidenses de la clase media profesional. Radio Bilingüe ha documentado por lo menos un caso, pero que resultó emblemático, y The New York Times publicó un excelente, extenso y bien documentado artículo que habla de una tendencia nacional en esta materia.

Y finalmente, respecto al señor Rham Emanuel (tercera victoria), “amigo y compañero” del señor Obama, cómo olvidar que siendo el jefe de personal de la Casa Blanca se opuso con tenacidad a la reforma migratoria que el mandatario había prometido en su campaña electoral cuando aspiraba a la titularidad del Ejecutivo por primera vez en el 2008. Emanuel se opuso con éxito por lo menos durante el primer año de la administración y hasta que dimitió para buscar la alcaldía de Chicago. Qué bueno, claro está, que ahora quiera convertir a Chicago en un santuario para los indocumentados, pero a mí personalmente me hace dudar de la autenticidad de sus intenciones; quién sabe que se traiga entre manos: es muy hábil este hijo también de inmigrantes.
 

Por eso, con el respeto que me merece Jorge Durán, por su buen trabajo de tantos años, no puedo ver el vaso medio lleno.

  

Marco Vinicio González es periodista y corresponsal de Radio Bilingüe en la ciudad de Nueva York.

 

 

 

 

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