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Transhumantes: Mazahuascholoskatospunk. Jóvenes indígenas en las urbes

por Jaime García Leyva Última modificación 03/11/2009 12:45

Federico Gama, contribuye a entender a un sector juvenil que ha sido estigmatizado, rechazado y negado. El autor documenta fotográficamente a los jóvenes migrantes de Oaxaca, Hidalgo, el Estado de México, Veracruz, Puebla y otras latitudes del país,

Transhumantes: Mazahuascholoskatospunk. Jóvenes indígenas en las urbes

Jaime García Leyva

El libro Mazahuascholoskatospunk, de Federico Gama, contribuye a entender a un sector juvenil que ha sido estigmatizado, rechazado y negado. El autor documenta fotográficamente a la población juvenil migrante de los estados de Oaxaca, Hidalgo, el Estado de México, Veracruz, Puebla y otras latitudes del país, que arriban para establecerse a la ciudad de México. Los sujetos que la lente de Federico enfoca son jóvenes provenientes de comunidades indígenas y campesinas del México rural contemporáneo.

El ensayo fotográfico, dividido en seis capítulos, capta a los jóvenes migrantes en las faenas diarias de la construcción, en su andar por la ciudad, sus horarios de descanso, en los momentos de diversión en las plazas centrales. Son recurrentes las fotografías en labores de albañilería, como cargadores, vendedores ambulantes y otros oficios en los que se desempeñan en la ciudad de México. En el caso de las mujeres, frecuentemente se ocupan en labores domésticas. La gran urbe es el espacio que los jóvenes resignifican. Su vida cotidiana se transforma y se mimetizan con la ciudad en los mercados, calles, barrios y hasta en el baile sonidero.

Es un texto visual y está basado en el acompañamiento, el intercambio de impresiones, las vivencias, pláticas, entrevistas y el “estar con ellos”, con los jóvenes. Esto le permitió a Federico Gama la confianza para acceder a ciertos espacios privados. El libro nos remite a la diversidad del sector juvenil en el México contemporáneo. En este universo ecléctico de manifestaciones son los jóvenes quienes adoptan lenguajes, vestimentas, peinados, posturas, modos de ser, cohabitar e integrarse a la megaciudad de México. La integración a un grupo es mediante una facha, lenguaje o códigos que estos asumen y emplean como recursos cotidianos.

Pero también son los jóvenes excluidos de la sociedad mexicana provenientes del mundo rural. Son jóvenes trashumantes. Los nómadas del sigo XXI, cuyas expectativas han sido la migración en busca de empleo para sobrevivir, transformarse, cambiar o salir de la tutela familiar, experimentar la autonomía, la libre toma de decisiones, hasta vivir una sexualidad abierta y diferente a la vida campirana de su comunidad. Son el producto de una realidad social. Jóvenes con escasos estudios académicos y por ello se incorporan a actividades laborales con baja remuneración económica.

Situaciones paradójicas. Cuando en 1993 se firmó el Tratado de Libre Comercio, por parte de las autoridades se auguró un avance económico, una mejora en los salarios y un despliegue del país como potencia económica. 15 años después las opciones económicas están cerradas, las válvulas de escape que ayudan a aminorar la carga económica son la migración, el comercio ambulante, y también las actividades ilícitas. Los buenos presagios devinieron en un mayor sacrificio de la población, una pobreza ascendente y una mayor migración. El país se convirtió en una reserva de fuerza de trabajo a los Estados Unidos. Y son los jóvenes quienes con mayor frecuencia migran; ya sea a las ciudades del interior del país o el extranjero.

Ante la adversidad, la soledad, la indiferencia de una sociedad que los mira, excluye, discrimina, o ante los abusos policiacos; los mazahuas cholos skato punks crean redes de apoyo basado en el apoyo, la solidaridad, el compañerismo, tener la misma procedencia comunitaria o problemas similares. Una economía moral basada en ser parte de un grupo, compartir valores y recrearlos mediante acciones de solidaridad.

La vestimenta, adornos, lenguajes y posturas puede causar incomodidad a muchos. Se les puede tachar de extravagantes, extraños, diferentes, vagos, cholos o delincuentes. Se les rechaza, discrimina o excluye. Pero no dejan de ser jóvenes en movimiento. Surgidos de las entrañas de las comunidades indígenas, rurales o campesinas de México. La adopción de lenguajes, posturas, signos, mensajes los hace formar parte de un grupo, un colectivo, una palomilla, una banda. Se es parte del grupo de acuerdo con códigos y mensajes reflejados en la vestimenta. En el lenguaje, en la facha, en la postura.

Con sus vestimentas y atuendo, símbolos y lenguaje, música y sonidos envían un mensaje que es necesario descifrar. Ellos dicen: aquí estamos, aquí andamos, solo que sus ojos no nos han mirado. Se hace visibles con el color y la estridencia, con el grito y la actitud. Son parte de ese sector juvenil que no está dentro de modelo de joven domesticado. La piel se convierte en un códice. Un espacio para grafitear. Para no olvidar. Un registro de sus hazañas, de sus sentimientos, nombre y lugares.

La inserción en un nuevo lugar, distinto de sus tierras natales los obliga a cambiar sus herramientas de trabajo, vestimenta, lengua, identidad. Los huaraches son cambiados por los tenis o las botas urbanas. El morral y el machete por la mochila y los utensilios para preparar mezcla de cemento y pegar tabique. El desplazamiento a pie por senderos, caminos y veredas son cambiadas por trayectos en el metro y el transporte urbano colectivo. Para ser parte de la ciudad es necesario transformarse. Entrar en un proceso de metamorfosis. Adoptar los hábitos citadinos, las formas de movimiento y lenguaje.

Estos jóvenes están fuera del espectáculo televisivo y las novelas chatarra. Están incluso fuera del presupuesto público, de los programas de asistencia social. Para los de arriba estos jóvenes no existen. Quizás ellos saben que existen las autoridades. Que existen programas de atención social, pero no les importa, por que simple y sencillamente no les han beneficiado. Son especialistas en sobrevivencia y crean un universo, el del trabajo y el compañerismo, la amistad, el barrio y el origen.

Reproducen vestimentas de tribus urbanas como: los punks, rockeros, skaseros, raperos. La ciudad es una selva de concreto voraz, entonces para sobrevivir y salir adelante se agrupan, se encuentran, se ayudan. Los espacios de movilidad, son los bailes sonideros, las tocadas, los lugares de paseo, Chapultepec, La Alameda central, las colonias, el campo llanero para echar una cascarita de futbol o basquet, entre otros lugares. La vestimenta es un medio, una herramienta para sentirse parte de un colectivo.
Jóvenes en movimiento

Las causas de la migración son multicausales pero frecuentemente son por motivos económicos y en busca de mejorar sus condiciones de vida. Los jóvenes son un sector en movimiento en esta maraña y engranaje del modelo económico neoliberal. Los medios de comunicación, básicamente la televisión, mediante programas, telenovelas, concursos, reportajes, nos han fabricado una imagen del migrante indígena que arriba a la ciudad de México. Nos impone una visión de triunfador o bien como objeto de burla y chiste. La india María, Huarachín y huarachón, entre otros personajes televisivos son ejemplos que han deformado la esencia del indígena, ridiculizan a este sector social y descontextualizan los efectos de una realidad social económica.

En torno a los jóvenes se han construido diferentes discursos. Es común referirse a este sector con términos como: juventud divino tesoro; ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica; jóvenes el futuro del país, la flor de la juventud; entre otros términos y adjetivos. Sin embargo la realidad social dista mucho de estas aseveraciones. Sin embargo prevalece un panorama con una población joven muy amplia y una diversidad cultural contrastante. Pero hurgando en problematizar sobre el tema vale preguntarse: ¿Qué significa ser joven en México actualmente? ¿Todos viven y disfrutan la etapa de su juventud? ¿Cuáles son las expectativas de un joven en México? Con una realidad de un país que desmantelan cada día los políticos, con un cierre de instituciones, con una juventud que cada vez más descreída de la iglesia, de los partidos políticos, de las autoridades, de la familia. Entonces ¿Cuáles son las expectativas?, ¿Cuáles los caminos a dónde ir?, pero lo más grave es ¿hacía dónde  los caminos son cada vez más inciertos y cómo sobrevivir en un escenario cada vez más catastrófico del país?

El libro de Federico Gama es también otra manera de contar, una invitación a mirar el profundo mensaje que nos envían los jóvenes desde su mirada, sus acciones, su silencio y su risa. Es pues mirar más allá de la ventana y observar que existen otros universos, los que tenemos al lado. Aquí con nosotros. Es el grito de los jóvenes indígenas migrantes que dicen: aquí estamos.

El libro de Federico Gama nos invita a reflexionar en torno a los jóvenes y las formas de expresión cultural que asumen los jóvenes. Una realidad que no es ajena para quienes cohabitamos la región de la Montaña; una zona con una alta población indígena migrante cuyos destinos son las zonas agroindustriales del centro y norte del país y los Estados Unidos de Norteamérica.

La estancia de jóvenes indígenas en Estados Unidos modifica sus formas de expresión sociocultural, vestimentas lenguaje. Así los migrantes retornan cargando la maleta de ropa con sus tenis nike, botas Timberland, pantalones livais, su devedé, televisión, estereo, ipod o televisión. Regresan con el cabello crecido, escuchando rock, hip hop, ska, narco corridos, bachata, cumbia, salsa o bailando el pasito duranguense. Modificando lenguajes. Adoptando términos como yes, okey, soda, simón, nel, ese bato loco forever, entre otros adjetivos. Utilizando canales de comunicación desde el teléfono en cabinas, el correo electrónico, las páginas de Internet o subiendo videos en la popular página del Youtube sobre fiestas familiares o de amigos. Son novedosas formas de comunicación y espacios que se modifican en la región de la Montaña.

Los migrantes de la Montaña, jóvenes, indígenas establecidos en diversos lugares del país y los Estados Unidos, trabajan y se esfuerzan por sacar adelante a sus familias pero también contribuyen a las cooperaciones comunitarias, cumplen promesas y mantienen vínculos comunitarios, cumpliendo aun la costumbre o aportando cooperaciones. No dejando de ser indígena, joven, pero también como parte de la comunidad. No perdiendo su sentido de pertenencia.

Al igual que los mazahuas cholos punk skatos, son jóvenes producto de un contexto social y un modelo económico voraz, en donde para sobrevivir es necesario reinventarse constantemente. Y respecto al título del libro, pudo también ser llamado, mixteco nahuas zapotecos tlapanecos mexicanos cholos punk skatos emos rockeros, dado que el fenómeno migratorio en México es transgeneracional, étnico, plural y los migrantes indígenas son de todo el país y proceden de pueblos indígenas que aún cohabitamos en este amplio territorio.

Textos como el de Federico Gama, cuya riqueza visual y reflexiones, nos permiten reconocernos como jóvenes y como mexicanos diversos.

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