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Transhumantes: Los muertos de la migración

por Jaime García Leyva Última modificación 03/02/2010 12:14

Es la primera década del siglo XXI y se augura una mayor pobreza dentro de un entramado de crisis social y política. Mientras, los ciudadanos a pie se las ingenian para sobrevivir en esta macabra danza de un país en crisis.

Transhumantes: Los muertos de la migración

Jaime García Leyva

Es la primera década del siglo XXI y se augura una mayor pobreza dentro de un entramado de crisis social y política. Mientras, los ciudadanos a pie se las ingenian para sobrevivir en esta macabra danza de un país en crisis. En la Montaña de Guerrero los tiempos de la migración convergen en una espiral que sigue avanzando. Los descendientes de los antiguos guerreros Na Savi, Me´phaa y nahuas ahora se debaten en los más altos niveles de pobreza. En la región se reproduce un guión basado en el drama social de la migración cotidiana ante la indolencia de las autoridades.

Los tiempos de la migración son complejos. Desde septiembre empiezan a retornar los migrantes avecindados en el norte del país y el extranjero. Retornan para acudir a sus pueblos, organizar o participar en la celebración de fiestas comunitarias. Acudir a la fiesta regional en honor al Señor del Nicho. El retorno es también para ver que hay en de nuevo en el pueblo. Algunos, debido a su larga estancia en los Estados Unidos han obtenido papeles y la visita a sus familiares resulta sin tantos contratiempos y dificultades. Otros retornan como se fueron; indocumentados.

En los pueblos indígenas de la Montaña los meses de septiembre, octubre y enero se entrelazan con un ciclo que integra el tiempo de la cosecha, la fiesta de los muertos, la elección y el cambio de autoridades. Y los migrantes que retornan les corresponde participar en alguna de estas celebraciones. La cosecha de maíz y otros productos agrícolas como frijol, calabaza, chile, jitomate, chayote, chilacayotes se da finales de septiembre y dura en el mes de octubre. Es la colecta de víveres que a las familias campesinas e indígenas les permitirán paliar el hambre durante una temporada hasta la otra época de lluvias. Al mismo tiempo que se realiza la cosecha, en octubre, se empiezan a organizar para festejar a las almas de los antepasados. La celebración toma diversos nombres: fiesta de muertos, fieles difuntos, día de muertos o todos santos.

La celebración forma parte de una configuración cultural que integra creencias, rituales y formas de organización precortesianas e imbricadas de un sentido religioso católico. Durante los días que se celebra se realizan actividades como rezar, invocar a las almas de sus antepasados, construir altares y adornar mesas y sillas en las casas con flores de cempazúchitl y otras. Depositar comida, bebida en las mesas que fungen como altares. Cada población y pueblo indígena tiene singulares maneras de festejar y honrar la memoria de sus ancestros. Se le rinde culto a los fundadores de los pueblos, personajes importantes, ancianos, niños, mujeres, músicos y otros tantos personajes que cohabitan en las comunidades de la Montaña de Guerrero.

Es frecuente ver que en los altares se le dedica un lugar a los muertos de la migración. A quienes se quedaron en el camino al cruzar el desierto o el río Bravo; a quienes fueron objeto de engaños por coyotes o polleros y no alcanzaron a cruzar; a aquellos que fueron muertos por los grupos delictivos en ambos lados de la frontera; aquellos que padecieron discriminación y racismo y murieron en sus empleos. Se depositan flores a los que han muerto en las calles de las urbes norteamericanas; a los que realizando trabajos sufrieron accidentes y muerte y cuyos cuerpos fueron retornados a su patria chica, al pueblo y al barrio mediante cooperaciones de los paisanos radicados en las ciudades del norte. Se recuerda a aquellos que murieron en los accidentes viales de las urbes citadinas o por las enfermedades adquiridas como el SIDA. Se ofrenda a los muertos de este capitalismo salvaje que aumenta el número de pobres.

Son numerosas las historias de migrantes que por “sacar adelante a su familia perdieron la vida en la frontera” y solo regresaron sus cuerpos en ataúdes “porque su último deseo era enterrarse en su tierra”. Pero al igual existen historias de aquellos cuyos cuerpos fueron a parar a las fosas comunes, se perdieron y nadie sabe nada. Entonces el dolor de sus familiares es más grande.

Se recuerda a los muertos de la migración entre el dolor y la nostalgia profunda de la ausencia. En sus fotos cuando paseaban en el Times Square, en la Estatua de la Libertad, caminando por las calles de Mannhathan, Chicago, Los Ángeles, en el Central Park u otras instantáneas que muestran su estancia en las urbes. Esa es la manera en que se les recuerda, entre lágrimas y sollozos, el arrepentimiento de los padres al dejar “ir a sus hijos” o el “por qué te tenía que pasar a ti”. En los altares indígenas incorporan y se les rinde culto a sus muertos por hambre, por enfermedades curables, por la violencia, el hambre, la desnutrición. Pero ahora incorporan el homenaje, sencillo y profundo, a los muertos migrantes. Son historias cotidianas que continúan por que la migración aumenta.

Dentro del ciclo organizativo indígena octubre es el espacio para el reencuentro con los espíritus y las almas de los familiares, los antepasados y los espíritus míticos que vienen desde el inframundo; del otro mundo; el mundo de los muertos para ver como camina el pueblo. De acuerdo con las creencias indígenas se establece un vínculo entre los espíritus, las almas y la gente. Por ello se realizan rezos, invocaciones y plegarias a los muertos. Se solicitan bendiciones para la cosecha, el buen tiempo, que no haya enfermedades y se ejecutan oraciones por “aquellos que andan en otro lado” y por que “no les pase nada”, “que encuentren trabajos” y “que no les falte nada”.

 

Los ruegos se hacen tanto a las almas de los muertos de sus ancestros como a los santos católicos. Sin embargo la larga marcha como indocumentado es un viaje en el cual la muerte siempre está presente. No es precisa la cifra de muertos por la migración. Es probable que no exista un dato real. Y si lo existe es desconocido. Lo que abundan son historias que aluden al sufrimiento de familias, esposas, padres e hijos que no saben absolutamente nada de algún miembro de su familia. La migración de la gente de la Montaña, es a veces, un viaje a la muerte.

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