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Tlapa-Nueva York, un viaje de ida y vuelta (Primera parte)

por Claudia Villegas Delgado Última modificación 25/02/2010 12:04

Tlapa, medio día. Una vista de la ciudad a lo lejos y desde una azotea en el barrio de San Agustín, una de las colonias que pueblan y habitan las alturas de “la Montaña” , en la Sierra Madre del Sur, Guerrero.

Tlapa-Nueva York, un viaje de ida y vuelta (Primera parte)

Claudia Villegas

Tlapa, medio día. Una vista de la ciudad a lo lejos y desde una azotea en el barrio de San Agustín, una de las colonias que pueblan y habitan las alturas de “la Montaña” , en la Sierra Madre del Sur, Guerrero. La luz del sol ilumina perfectamente las cúpulas blancas y el campanario de la Parroquia de San Agustín, en donde se aloja el Señor del Nicho. Desde arriba, el centro de la ciudad y los árboles que rodean el zócalo, contrastan con la aridéz de la Montaña y el azul perfecto de éste, un día de invierno. Abajo, en el interior de la parroquia, la tradición, la devoción y el respeto religiosos se mezclan rápida y abruptamente con la realidad contemporánea de esta ciudad, y refieren la presencia de los que se han ido de su pueblo y de su iglesia, los que se han ido “al Norte”, pero que están presentes a través de donaciones para la construcción y remodelación de la parroquia.  Así consta en una papeleta que junto a las de la “Sombrereía Merlin”, y la “C.F.E.”, agradece la contribución de los “PAISANOS RADICADOS EN NY” . Las papeletas están pegadas en un viejo pizarrón. A unos pasos de aquí, la tradición se mezcla con otros fenómenos nuevos, por ejemplo el discreto, pero efectivo letrero que restringe el uso del celular: “Dios te va a hablar hoy, pero no por el celular, ¡apágalo!

 Tlapa, la ciudad, es la cabecera del municipio de Tlapa de Comonfort en el estado de Guerrero. El censo del 2000 señala para este municipio una población cercana a los 60 mil habitantes, de ellos, casí  50 por ciento es población indígena, principalmente nahuas y mixtecos. Como han referido otros columnistas en este mismo espacio (véase Hernández y García), la migración indígena de este municipio a los campos agrícolas de Sinaloa, una migración de carácter temporal, y en las últimas tres décadas y de manera muy importante la migración permanente a la ciudad de Nueva York y a otras metropolis en la costa este de Estados Unidos, es uno de los fenómenos que ha marcando la historia social de Tlapa, y de toda la región de la Montaña de Guerrero. La historia social de esta migración (de la cual se ocupan los autores mencionados) bien podría resumirse en las palabras de uno de sus habitantes: “Aquí en Tlapa, todo el mundo tiene o ha tenido un pariente o un amigo que ha migrado a Nueva York”. O bien podría leerse y contarse a través de las transformaciones y de los nuevos significados que esta migración está imprimiendo al paisaje urbano. Tlapa tiene hoy otro lenguage y otro sentido urbano, ese otro lenguaje y sentido que le da el viaje de miles de indígenas de uno de los municipios considerados entre los más pobres de México, a Nueva York, una de las urbes consideradas entre las más ricas como socialmente desiguales en el mundo. Este viaje, la migración hacia “el Norte”, el viaje “al gabacho”, “al otro lado”, ese viaje que muchos de ellos realizan esperando siempre, o casí siempre, volver, regresar con sus familias, y tener una vida plena, digna, mejor. 

 El vínculo que los migrantes y sus familias han creado entre las ciudades de Tlapa y Nueva York  está presente en las calles, se vive y se reconoce en el lenguage urbano y cotidiano, en la música, en la vestimenta, en la comida, en fin, en la experiencia misma de la ciudad. “Los Rosales”, un restaurante localizado a la orilla de uno de los caminos que comunican la ciudad con sus poblaciones indígenas (Tototepec, Metlatonoc, Igualita, Acatepec, Zapotitlán, San Nicolás Zomatlán, Juanacatlán, Alpoyecancingo, Xalpa, Tenamazapa, Totomixtlahuaca, etcétera) anuncia su especialidad culinaria en grandes letras rojas: “CHAENES FOOD”, comida china, y ofrece un vistoso menú con más de veinte platillos. Los negocios de pizzas y hamburguesas son otro elemento importante en el paisaje comercial de la ciudad.

 Las culturas juveniles, siempre audaces, siempre en movimiento, se manifiestan y pintan la ciudad lo mismo con graffitis y murales dedicado a los cuates, como el de “Tavos Rock”, quien a un costado de la catedral le dedica una pared a su “carnal weba”; o la pinta de los “Vatos Locos Junior” en la torre de telecomunicaciones sobre el camino a Marquelia; o los chavos que pintaron a la Virgen de Guadalupe allá en la colonia Santa Anita. Hay también quienes utilizan este lenguaje para reclamar a “aquellos que han olvidado su cultura”, como D2, el autor de un  mural  en el que se mezclan iconos de pirámides, con tigres e ídolos prehispánicos. ¿A quién va el reclamo? ¿Irá acaso hacia quienes se han ido hacia el Norte? O acaso a los que han regresado ya, pero con visiones y costumbres distintas. En una ciudad como esta, una ciudad de migrantes ubicada en pleno corazón de la Montaña de Guerrero, la pregunta tendría más de un sentido.

 La presencia de Nueva York, los iconos de la urbe de hierro y de cristal, de los grandes rascacielos, de la estatua de la libertad; los nombres de sus condados (Brooklyn, Queens, Manhattan, el Bronx), el  idioma inglés y la bandera estadunidense, aparecen repetidamente en el paisaje como recordatorio, quizá como anhelo, como señal de triunfo, de estatus, y por supuesto dan cuenta de un proceso interno de diferenciación social,  cultural, y por ende, económica a través del flujo y destino de las remesas que llegan de Estados Unidos, y del dinero que ha traído los migrantes cuando regresan y se asientan nuevamente en la ciudad.

 El logo comercial de la “Dulcería Steven”, en pleno centro de Tlapa, retrata el “sky line” (perfil) de la isla de Manhattan, los elementos y símbolos urbanos son inconfundibles: el puente de Brooklyn que une la isla con el condado de Brooklyn, la estatua de la libertad, y los rascacielos. En otra calle, también en el corazón comercial, se anuncia la venta de “Ropa americana” . La tienda de ropa “Guerrerenses”, que ofrece “!puros precios bajos paisanos!’, vende sudaderas y cachuchas beisboleras con las letras “NY”. Algunas de estas mercancías incluso agregan un signo extra a la identidad urbana en venta: “ZOO YORK/TOTALLY GHETTO”. 

No sólo las paredes y las tiendas de Tlapa han sido imbuídas por los referentes neoyorquinos, sino también el negocio de la música. Sonideros y gruperos como “El Destructor de Guerrero”, “El Guerrero de la Cumbia”, el “Sonido Aries”, “Sonido Descarga”, todos ellos se identifican por sus logos comerciales. Todos ellos son híbridos de las imágenes más conocidas de la ciudad de Nueva York, y mezclas de los colores y las banderas estadunidense y mexicana.

Estados Unidos y Nueva York también circulan por las calles en el sistema de transporte público o de carga. Por ejemplo, entre las conocidas combis, algunos parabrisas lucen ya una combinación de la bandera mexicana y estadunidense. Las camionetas traídas de Estados, algunas de ellas portan el repetido “I love NY” en las placas. Igualmente, el clásico reclamo anónimo al automovilista que no lava su auto se plasma ahora en una versión bilingüe: “WHAS ME UP, LÁVAME PUTO”. La burla, si bien  carecería de importancia en cualquier otro lugar, adquiere un sentido específico como evidencia de un cambio cultural asociado a la migración a los Estados Unidos.

Los negocios de paqueterías y envíos a la ciudad de Nueva York muestran por su parte el impacto económico de la migración. Estas paqueterías, sus logos y destinos comerciales son una réplica de las matrices que los migrantes mexicanos frecuentan en los condados neoyorquinos. “Tulcingo Express”, con “salidas cada 8 días los domingos” ofrece servicio a los condados de El Bronx, Brooklyn, Queens y Manhattan; y además hace entregas en Houston, Texas. “Paquetería La Mixteca”, “Una empresa 100% seria”, se lee en la marquesina, incluye entre sus lugares de entrega –y con servicio a domicilio en la ciudad de Nueva York: Manhattan, Astoria, Corona, Queens, Brooklyn, Bronx, Westbury, Washington D.C., Maryland y Phildelphia. Además de los destinos en Estados Unidos, la empresa anuncia otro tipo de información crucial para el cliente: “No se puede enviar carne de puerco, chorizo, jeringas, frutas, xumiles”. “Envíos Tony”, “El Paraíso Peña Real”, “Mexico-Travel”, “Luna Travel” , son algunas otros nombres reconocidos en este negocio.

Tlapa, media tarde. La vista aérea desde el barrio de Santa Anita anuncia nubes y un frío poco usuales para la época y las condiciones climáticas de esta ciudad, es el invierno, un dia frío y con mucho viento. Al día siguiente, un suceso tan inesperado como  deafortundadamente cotidiano, el entierro de un migrante que murió al incendiarse el basement (sótano) del edificio donde vivía con su cuñado en Brooklyn, comienza a cerrar el círculo de la migración indígena de Tlapa a Nueva York. La muerte, la muerte de un migrante, la muerte de un familiar, es la cara más cruel, la más injusta y la más irremediable en este viaje forzado que es la migración a los Estados Unidos…. 

 

Acciones de Documento

Excelente reportaje

Enviado por Rodolfo Hernández Corchado en 13:42
Por Marco Vinicio González. Radio Bilingüe.

Excelente reportaje. Además de hacer una crónica circunstancial a partir de un vistazo ‘aéreo’, desde la cúpula de la iglesia del pueblo (el edificio vigía por excelencia en la arquitectura traída a América desde Europa, durante la Colonia), con mesurado gusto poético, la autora logra mantener a raya el acendrado gusto por el exceso de datos académicos, y más o menos mantiene una extensión propia para esta plataforma moderna de comunicación; un caro anhelo –por cierto, la mayoría de las veces fracasado-, para los colegas en el oficio de la escritura. Pero lo que más me gustó de este reportaje es cómo la autora logra meterse en la piel del migrante-inmigrante, y no sólo de la persona, sino sobre todo del fenómeno de la migración; y lo hace de una manera cálida y humana, subjetiva y objetiva a un mismo tiempo, con algunos pincelazos de humor. El reportaje concluye cerrando el círculo del texto, volviendo al principio de la escritura (del reporte) de manera natural, con el círculo que se cierra en el penoso viaje de la migración (como hecho real, físico, y como metáfora del ciclo vital): la muerte. La serpiente que se muerde la cola y se convierte en infinito... el poema que se logra, si hay suerte, y oficio. Felicidades de otra vez a la autora.

 

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