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Pizcadores de tomate de Immokalee anotan otro gol, esta vez en Nueva York

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 06/06/2013 11:45

Mientras que el horizonte económico para la clase trabajadora se oscurece en Estados Unidos y ni las autoridades ni los sindicatos parecen poder frenar la explotación rampante, la caída del salario y otras conquistas laborales; una coalición de pizcadores de jitomate de Inmokalee (CIW por sus siglas en inglés) avanza exitosa y con paso firme desde hace unos 20 años de luchar por las reivindicaciones económicas y políticas de los campesinos en La Florida.

Pizcadores de tomate de Immokalee anotan otro gol, esta vez en Nueva York

Marco Vinicio González

Por Marco Vinicio González

Mientras que el horizonte económico para la clase trabajadora se oscurece en Estados Unidos y ni las autoridades ni los sindicatos parecen poder frenar la explotación rampante, la caída del salario y otras conquistas laborales, una coalición de pizcadores de jitomate de Inmokalee (CIW por sus siglas en inglés) avanza exitosa y con paso firme desde hace unos 20 años en su lucha por las reivindicaciones económicas y políticas de los campesinos en La Florida. La más recientes de sus movilizaciones tuvo lugar hace pocos días en la ciudad de Nueva York, durante la reunión anual de inversionistas de la cadena de restaurantes de comida rápida y hamburguesas, Wendy's, que se llevaba a cabo en un lujoso hotel de Manhattan. Una representación de estos trabajadores agrícolas y sus aliados infiltró la reunión e increpó al director ejecutivo (CEO) de la corporación, denunciando frente a sus accionistas que la empresa rehúsa suscribir con ellos el Acuerdo por Comida Justa (ACJ por sus siglas en inglés). El Acuerdo de Comida Justa es una asociación histórica entre los trabajadores agrícolas y los rancheros productores de tomate de la Florida, así como once empresas líder en la cadena de distribución y consumo de alimentos en Estados Unidos. Al comprometerse al ACJ estas empresas participantes exigen a los proveedores de tomates de La Florida observar normas laborales más humanas y comprar exclusivamente a aquellos productores que cumplen con estándares laborales más altos, lo que requiere una mayor protección a la salud y a la seguridad de los trabajadores, y una política de cero tolerancia al acoso sexual como medidas mínimas. Las empresas participantes también deberán pagar una prima de un centavo adicional por libra de tomate pizcada, que a través de la cadena de suministro se transmite y los patrones pagan finalmente a los trabajadores. Desde 2011 a la fecha los compradores adscritos al ACJ han pagado nada menos que ¡10 millones de dólares! El centavo adicional recolectado a través de esta campaña han ido a dar intacto al bolsillo de los trabajadores. El ACJ ha sido recientemente galardonado por la Casa Blanca y las Naciones Unidas por su contribución estratégica a la lucha por la justicia social y la soberanía alimentaria.


CIW1Desde su nacimiento en 1993, fundada por un grupo de jornaleros agrícolas latinos, indígenas mayas y haitianos de los campos de cultivo de jitomate,  la Coalición de Trabajadores de Immokalee ha venido organizando de manera horizontal, es decir, sin estructuras de mando verticales, jerárquicas y autoritarias, redes y coaliciones de campesinos que se sobreponen a divisiones étnicas e invierten recursos económicos y humanos en la formación de liderazgo juvenil para impulsar entre sus nuevos líderes el desarrollo de destrezas en el campo de la educación y la organización comunitaria principalmente; con acciones que van desde el boicot y las huelgas de hambre, marchas y cabildeo dirigidas a conseguir salario justo, dignidad y respeto al trabajador y a su trabajo, vivienda justa y derecho a organizarse en el sitio de empleo sin temor a represalias del empleador. Ojo: no son un sindicato. Se trata, dicen los documentos fundacionales en su sitio electrónico, de frenar la explotación laboral en el campo, el acoso sexual y otros groseros atropellos a sus derechos constitucionales por parte de la industria.

Los triunfos de esta coalición pudieran resumirse apretadamente en la combinación de tres paros laborales acompañados de una intensa presión pública –incluida una huelga de hambre de un mes de duración por parte des seis de sus miembros en 1998-; una histórica marcha de 234 millas, de Fort Myers a Orlando en el año 2000 contra la disminución de los salarios y dirigida a la mayor cadena de supermercados de La Florida, Publix, quien todavía rechaza suscribir el referido acuerdo y continúa comprando tomates a productores que no respetan al campesino, en campos de cultivo donde los trabajadores laboran todavía prácticamente en una suerte de esclavitud moderna o sin protección laboral. La larga campaña por comida justa que impulsa CIW y sus aliados, ha sumado efectivamente a su causa a 11 de las más importantes industrias del ramo. Entre ellas destaca la firma Yum! Brands, la mayor corporación de comida rápida en el mundo, propietaria entre otras grandes empresas de Pizza Hut, Taco Bell, KFC y que en sus haberes  cuenta con 35 mil restaurantes en 110 países. Otras empresas que firmaron el ACJ son McDonald’s, Burger King, Subway, Whole Foods Market, Bon Appetit Management Company, Compass Group, Aramark, Sodexo, Trader Joe's  y Chipotle Mexican Grill. Estas corporaciones ahora exigen a sus proveedores pagar un centavo extra por libra de tomate pizcado, que los patrones en los campos de cultivo se encargarán de pagar puntualmente a los trabajadores, para seguir combatiendo 20 años de disminución salarial en la industria del tomate de la región, sostiene CIW.

 

La lucha económica

Cuando en 1998 los pizcadores de jitomate de La Florida luchaban penosamente para preservar su salario, pues la mano de obra de estos trabajadores se paga a destajo (libra pizcada, libra pagada) y constantemente se veían presionados para obtener siquiera salarios apenas similares a los de 1980, la CIW gana una lucha en este ramo de la industria que se traduce en incrementos salariales del 13 al 25 por ciento, o en millones de dólares anuales para aumentos de sueldo del campesinado. Esto le gana a la CIW un respeto político y social que recién está siendo descubierto por el exterior. Entre sus simpatizantes se hallan destacadas figuras del campo de los derechos humanos y la filantropía, la abogacía y el cabildeo de alto perfil. En enero de 2008 la CIW colabora con una investigación llevada a cabo por el gobierno federal para detectar los eslabones de una cadena de explotación moderna visitando ellos mismos los campos de cultivo del tomate para documentar el abuso de los empleadores; cómo éstos retienen contra su voluntad a los jornaleros a través de amenazas y, con demasiada frecuencia, ejerciendo uso de la violencia física con palizas, tiroteos con armas de fuego y azotes, según ha documentado oportunamente la prensa.

CIW2

En noviembre de 2010 la CIW se apunta una victoria laboral de gran calado al firmar el Acuerdo por Comida Justa con la mayor asociación de productores de jitomate de la región, la Florida Tomato Growers Exchange. Entonces anuncian el histórico acuerdo para extender los principios del convenio de comida justa -que incluyen un código de conducta laboral para empleadores y trabajadores- a más del 90 por ciento de la industria tomatera de la entidad. En agosto de 2012 y en otro caso por separado CIW llega a un acuerdo extrajudicial con los tomateros sobre casos de acoso sexual en el sitio de trabajo, lo que subraya el estado de deterioro en que se hallan las relaciones laborales entre trabajadores, mayordomos y patrones, quienes terminan firmando el referido acuerdo. En octubre de ese mismo año la CIW pone fin a una disputa laboral que se prolongó por meses al firmar el convenio con la cadena de restaurantes, Chipotle Mexican Grill, cuyos miles de trabajadores son en su mayoría mexicanos. Esta coalición ha sido receptora también de importantes premios por sus contribuciones a la lucha económica y a la defensa de una ética laboral, ambiental, para el campo y sus trabajadores; a la búsqueda de la soberanía alimentaria del gremio, y en fin una acción de justicia social.

 

La infiltración a Wendy’s y las 90 mil firmas

Pues bien, aquí es donde irrumpe el eficaz movimiento de los trabajadores agrícolas de Inmmokalee y sus aliados, en el ritmo apresurado de la ciudad de Nueva York durante el referido jueves, coronando con este acto de protesta una serie de acciones paralelas que estuvieron pasando durante ese mes con la campaña para que Wendy’s se sume al Convenio de Comida Justa. Resulta que ese mismo jueves inversionistas de Wendy’s, otra de las grandes cadenas nacionales de hamburguesas celebraban su reunión anual de accionistas con los ejecutivos de la corporación en el lujoso hotel Sofitel (donde por puro capricho del destino en el verano de 2011 el ex director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn asaltara sexualmente a la camarera de Guinea, Nafissatou Diallo), ubicado en una céntrica y transitada calle del Midtown en Manhattan. A las afueras del hotel representantes de la coalición de pizcadores de tomate de Immokalee y sus aliados protestaron en voz alta contra la reticencia de Wendy’s a acogerse a tal convenio, y presentaron allí en conferencia de prensa una petición con 90 mil firmas recolectadas en apoyo a su causa. Estaban acompañados en esa protesta por personalidades como Kerry Kennedy, hija del legendario senador demócrata asesinado, Robert F. Kennedy y presidenta de la fundación nacional de Derechos Humanos que lleva el mismo nombre de su padre; Larry Cox, ex director ejecutivo de Amnistía Internacional (EU); representantes del Llamado Rabínico para los Derechos Humanos, y de la Iglesia estadunidense Presbiteriana, además de los trabajadores.

En sus arengas contra Wendy’s Kerry recordó por cierto el apoyo de su progenitor a la causa de César Chávez, y se refirió a las marchas que caminó con su padre. Por un potente micrófono pidió a la corporación Wendy’s suscribir el programa de comida justa. El calor era agobiante por la humedad típica del verano neoyorquino que se anticipaba, mientras una fila de personalidades que pasarán al micrófono para expresar las razones de su solidaridad con la causa de los pizcadores de tomate suda estoica la gota gorda en la banqueta del Sofitel. En su oportunidad Gerardo Reyes, un joven de origen mexicano bien articulado, que representa allí a los pizcadores de tomate de Immokalee dirige sus baterías contra la corporación que se reúne en el interior del hotel: “I have never seen the tomato industry treat us with respect, until now... Thanks to the Fair Food Program, now they do not treat us like dogs” (Yo nunca ví a la industria del tomate tratarnos con respeto… hasta ahora, gracias al Programa de Comida Justa, ahora ellos ya no nos tratan como a perros).

En pocos minutos Reyes entrará a la reunión que se desarrolla en el interior del Sofitel, a participar en ella junto con la reverenda presbiteriana, Noelle Damico en calidad de accionistas. La Coalición para Fundaciones Universitarias Responsables ha comprado acciones de Wendy’s a nombre de estos dos para que representaran a los trabajadores en dicha reunión. En ese mitin el Director en Jefe (CEO) de Wendy’s, Emil Brolick hará un reporte anual de la operación empresarial a sus inversionistas: “In 2005, when Taco Bell signed this agreement for Fair Food, Taco Bell was the first company to do so and Yum! Brands signed for them; but now  Wendy's Chief Director, Brolick, refuses to sign it” (En 2005, cuando Taco Bell firmó este Acuerdo por Comida Justa, Taco Bell fue la primera industria del ramo que lo suscribió, y Yum! Brands firmó por ellos; pero ahora que Brolick es Director en Jefe de Wendy’s rehúsa firmarlo), continúa Reyes por el micrófono. Gerardo Reyes recuerda que cuando Emil Brolick era director de Taco Bell, en 2005, no sólo firmó el Acuerdo de Comida Justa sino que hasta exaltó sus virtudes, pero ahora se niega a hacerlo. En la conferencia de prensa frente al hotel el ruido de los carros que pasan por ahí se mezcla con las arengas, el polvo y el sudor, y el entusiasmo sonoro de un nutrido grupo de trabajadores de Wendy's que reclaman mejoras salariales a la corporación. Una leve brisa en el olfato anticipa la lluvia, la tormenta que se precipitará esa tarde sobre Manhattan.


CIW3Al ACJ se le interpreta también como uno de los éxitos más importantes en materia de derechos humanos en Estados Unidos, y fue diseñado entre otras cosas para proteger los derechos laborales y posibilitar un mayor acceso a los servicios de salud para los trabajadores del campo. Por eso es tan importante sumar a Wendy's. En un momento dado, terminado su discurso en la conferencia banquetera Gerardo Reyes  y Noelle Damico se deslizan discretamente pero apresuradamente hacia el interior del hotel, transformándose de súbito en accionistas de la empresa, queda claro que ha llegado el momento. Afuera los discursos continúan hasta desvanecerse, y entonces comienza a crecer la expectación. Allí, los activistas presentan 90 mil firmas de apoyo para su cusa. Luego de muchas horas de permanecer en la reunión dentro del Sofitel, Gerardo Reyes sale por fin y dice sentirse satisfecho, incluso contento, con los logros alcanzados; aunque advierte que por un momento le preocupó que Emil Brolick intentara engañar a sus inversionistas, lo que hubiera podido causar un efecto negativo contra el programa de comida justa: “Bueno, durante la junta, Emil Brolick declaró que Wendy’s ya está participando con este Convenio por Comida Justa. Porque la compañía, según él, compra tomates con rancheros que están produciendo y que están ya con nosotros en el Programa por Comida Justa”

La temeraria distorsión de Brolick fue desmentida en ese preciso momento por Gerardo Reyes y Noelle Damico, haciéndole ver a los accionistas ahí presentes –dijo Reyes-, que se trataba de una tremenda mentira, “Tampoco se han comprometido -Wendy's- a usar su poder de compra para erradicar el abuso laboral en los campos, junto con los productores y trabajadores agrícolas”, deploró el activista ante la audiencia. Reyes relata que durante la reunión, a causa de sus intervenciones y las de Noelle un accionista se levantó de su mesa y dijo molesto no entender por qué era tan difícil para Wendy’s aceptar la propuesta: “Él mismo, como inversionista, preguntó a Brolick: ¿Qué es lo que tenemos que perder como corporación? ¿Por qué no nomás se firma ese acuerdo por comida justa que están mencionando los trabajadores?” Es muy temprano para saber si estas acciones han hecho cambiar de parecer a la corporación Wendy's. Habrá que ver si próximamente ésta firma el convenio o no, y pasa a ser parte del esfuerzo impulsado a nivel nacional por el movimiento de los jornaleros agrícolas de Immokalee, que no dejan de sorprender con sus acciones.


Marco Vinicio González es periodista. Escribió para el periódico El Diario, de Nueva York,  ha sido corresponsal en NY para los suplementos Semanal y Massiosare del periódico La Jornada. Actualemente se desempeña como corresponsal en Nueva York de la cadena de radio, Radio Bilingüe.

Fotografías: Cortesía de la Coalición de Trabajadores de Immokalee.  

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