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Perfil Racial, Circulando Libre y con Licencia en Arizona

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 30/04/2010 15:37

Para ser detenido por la policía en las calles y autopistas del estado no se necesita cometer una infracción; solamente tener la apariencia de ser mexicano.

Perfil Racial, Circulando Libre y con Licencia en Arizona

Pedro Ultreras

Por Pedro Ultreras

Nueva York. Abril 22, 2010 - “Cuántas cervezas te has tomado y cuántas traes abiertas. Más vale que me
digas ahora mismo, sino te va a ir peor”, me dijo un joven oficial de la Policía Estatal de Arizona, al haber
sido detenido en el Interestatal 10 a principios del mes de abril.

Según el oficial, me detuvo porque conducía muy cerca del auto frente a mí, pero iba como a 20 metros
de distancia. Lo que siguió después fue vergonzoso y humillante para mí. De inmediato me di cuenta que
la razón por la que me detuvo fue otra. Llenaba el perfil de un mexicano que podría estar conduciendo
borracho y que de seguro estaba indocumentado. Nunca antes en 20 años de vivir en Estados Unidos
alguien me había hecho sentir de esa manera.

Me pidió que me bajara del Jeep y me recargara en su patrulla. Fue insistente y agresivo al preguntar
donde estaban las cervezas. Trató de intimidarme diciendo que me iba a ir más mal si no le decía antes
de encontrarlas. Nunca me preguntó si había tomado alcohol o que si tenía cervezas conmigo, en todo
momento lo asumió.

Cuando menos pensé, estaba a la orilla de la autopista recargado a una patrulla como todo un criminal
mientras el revisaba mi Jeep minuciosamente. Las miradas de otros conductores me picaban en lo más
profundo. Me los imaginaba diciendo “otro mexicano ilegal que sacarán del país”.

El joven oficial blanco de complexión robusta y cara redonda no parecía tener más de 30 años. Su mirada
era penetrante y su tono de voz de pocos amigos. “Tienes un fuerte aliento a alcohol, te voy a hacer una
prueba”. me dijo. Yo sonríe y le contesté, “Yo no consumo alcohol, menos cerveza, yo no tomo, no estoy
tomado”.

“Pues eso lo vamos a ver ahora,” me dijo. Y me pidió que siguiera con la mirada la punta de su lapicero.
Sentía que las miradas de los otros conductores se clavaban en mí. No podía creer lo que estaba
viviendo. Como no encontró nada en mi mirada, me pidió que caminara de frente con los brazos abiertos
y la mirada hacia arriba.

Sentía que me exhibía ante el resto de la gente que pasaba al lado. Por más que le insistí que no había
tomado, que yo no tomaba, el estaba terco que yo andaba ebrio. Por supuesto que no encontró nada en
mi Jeep. Además, yo tenía todos mis documentos en regla y al parecer no había nada en mi record que le
permitiera arrestarme.

Pero seguía terco el policía gordito, y como no encontró los resultados que buscaba, me dijo que me
haría la prueba del aliento. Me pidió soplar en un tubito azul que en mi vida había visto. Como era de
esperarse, el resultado fue negativo.

La siguiente pregunta me hizo confirmar lo que sospechaba, aunque para entonces su tono era más
amable. “¿Cuántos años hace que te hiciste ciudadano americano, me imagino que eres ciudadano?
Tienes tu acento, pero hablas bien inglés”.  Le dije, “Oficial, esa pregunta no tengo por qué contestarla,
no a usted.” Me hizo otra pregunta: “¿Qué piensas del problema de la inmigración, estás a favor o en
contra?” No daba crédito a lo que me estaba preguntando. “¿Qué piensa usted?”, le pregunté. “Está a
favor o en contra?” “Es un tema muy complejo,” contestó.

“No te voy a dar infracción. Te puedes ir. Maneja con cuidado”. Me subí a mi jeep y continúe mi camino.

Tuve suerte de tener licencia, seguro de auto y registro de circulación en regla. Ese oficial buscaba una
excusa para darme una infracción o detenerme. Él tenía la certeza que por “parecer mexicano” conducía
tomado o tenía alguna cerveza en el auto. De una manera sutil, me preguntó que si estaba legal. Mi
seguridad al contestarle que no le diría le dijo que si. De otro modo, hubiera llamado a inmigración y de
ahí a México.

Si a eso no se le llama perfil racial, entonces no sé qué es. ¿A cuántos mexicanos habrán detenido
usando esa excusa? ¿Cuántos oficiales de policía local, estatal o alguaciles de Arizona salen a trabajar
con eso en mente? Esa es la mentalidad que ha sembrado el Sheriff Joe Apaio, Russell Pearce y muchos
otros racistas con su política anti-inmigrante.  

He vivido entre Phoenix y la ciudad de Nueva York durante los últimos cuatro años, pero después de ese
incidente tengo miedo regresar a Arizona. No quiero pensar qué pasara si entra en efecto la ley SB 1070.
Arizona se convertirá en territorio minado no sólo para inmigrantes indocumentados sino para residentes
legales y ciudadanos americanos, para todos aquellos que tengamos el perfil de un mexicano.


Pedro Ultreras es cineasta y periodista independiente enfocado en temas sociales. Director y guionista de la Pelicula 7 Soles y el documental La Bestia.

www.pedroultreras.com

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