PALABRA DE NORTE
Huellas Mexicanas se ha convertido en el acervo de los migrantes, el directorio político de los transterrados, la correa de transmisión del pensamiento adelantado, la voz del éxodo mexicano en Estados Unidos.
Javier Perucho
Hasta el más enjundioso analista aceptará que en México el pensamiento, el accionar y la imaginación adelantados han llegado de las tierras del Norte. Respecto a la difusión de las ideas, el pensamiento libertario precedió a la acción revolucionaria que conmocionó al país en la primera década del siglo pasado con el carnaval de la sangre y los plomos. Llegó a través de la tinta y el papel de un diario, Regeneración, vuelto a fundar en San Luis Misouri por los hermanos Flores Magón. Desde entonces el ideario político y el imaginario cultural de la migración mexicana en Estados Unidos ha llegado a los residentes de allende la frontera septentrional por la radio, el papel periódico y la magia colosal de internet, que irradian los cuatro puntos cardinales, por no escribir virtuales.
Insertada en esa tradición periodística, Huellas Mexicanas. El Sitio de los Migrantes Mexicanos en Estados Unidos cumple tres años de diseminar con su página de internet el andar de los inmigrantes mexicanos, radicados mayoritariamente en EE UU, quienes pugnan por el reconocimiento de sus derechos humanos, políticos y culturales, entre otros más básicos aún, reconocidos en la constitución que rige a la república, pero sistemáticamente negados por la nomenclatura que administra para su gordo beneficio el país. En ese reclamo, Huellas Mexicanas cumple labores de vocería.
Bastará con dar un simple vistazo o leer aplicadamente las secciones relativas a la “Biblioteca”, “Galería” y “Blogs” para que el lector virtual se forme una idea cabal sobre los itinerarios culturales, políticos y geográficos por los que han transitado los herederos del Bravo persiguiendo acaso el sueño verde, pero en realidad andan buscando la vida digna que en su tierra nativa les fue negada.
En este periodo, Huellas Mexicanas se ha convertido en el acervo de los migrantes, el directorio político de los transterrados, la correa de transmisión del pensamiento adelantado, la voz del éxodo mexicano en Estados Unidos. Cada una de las secciones que integran la revista —fiel heredera de MX Sin Fronteras, su natural continuación; ambas fundadas por Raúl Ross— y cada uno de sus colaboradores pro bono se han dedicado a analizar y documentar el tránsito, tribulaciones y conquistas de los compatriotas en las inmensidades del gran Gabacho. Sus editores han acompasado dichas labores propagando información pertinente que procura utilidad social, la educación de la comunidad, el disenso de los integrantes de la diáspora, animando su voz contestataria y, sobre todo, su organización para el reconocimiento y ejercicio de sus derechos políticos en la suave patria, básicamente los de sufragio y representación, bienes mayores de una democracia, aunque hurtados en comarca de terratenientes. Ahí se encuentra nuestra deuda con Huellas Mexicanas, deuda que se acrecentará cuando sus impulsores promuevan la organización, el ejercicio de los derechos y la representación política en las tierras de la gran promesa.
Por su parte, la república y sus ciudadanos deben a los migrantes no sólo haberlos mantenido a flote por sus envíos de remesas, desinflar sus tensiones internas al encontrar rutas de alivio a las problemáticas sociales y empujarlos por el sendero de la democracia, sino también por la gestación de un imaginario tan audaz como esos hombres que han salido a conquistar con su habla, música, gastronomía, voluntad y tesitura aquellas comarcas de frontera.
¡Un recuerdo para ellos de gloria!






Muchas Gracias