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No todos quisieron celebrar (Segunda y última parte)

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 17/12/2012 18:45

Como cada año desde hace una década el 11 de septiembre a las 8:45 de la mañana tañen las campanas en la Zona Cero de Nueva York, se guarda un minuto de silencio en memoria de los caídos aquella trágica mañana de 2001 y se lee en voz alta los nombres de las casi tres mil víctimas de los ataques al Centro Mundial de Comercio.

No todos quisieron celebrar (Segunda y última parte)

Marco Vinicio González

Por Marco Vinicio González

Echando mano de la imaginación creativa para ayudar a los inmigrantes damnificados del 9/11

 

Me da mucho coraje también que se gaste tanto dinero estúpidamente, en tantos comerciales, en tanto todo…, y yo sé que son gastos millonarios; antes de pensar en los niños, que todavía no terminan su educación más elemental, o que a algunos de pronto les compraron su casa pero una casa no es suficiente. Hay que brindar más dinero al apoyo de esas familias perjudicadas, en lugar de andar haciendo tanta fiesta y tanto todo

 

La abogada de migración, Mayra Peters-Quintero, que entonces litigaba con el Fondo Puertorriqueño de Defensa y Educación de Nueva York, Prldef (hoy Justicia Latina), desde los primeros meses posteriores al 11 de septiembre de 2001 asumió sin descanso junto con algunos de sus colegas la tarea de defender y gestionar beneficios para los inmigrantes, indocumentados o no, con qué pudieran paliar aunque sea algunas de sus pérdidas, y que como siempre tuvieron que pelear para no quedar marginados de la ayuda al pasar desapercibidos, invisibles ante la burocracia.

Incluso uno que estuvo en las Torres esa mañana, y que repartía pan y café de un Deli cercano dijo que todos los días él entraba ahí a las oficinas de las Torres desde donde le hacían pedidos, pero que no tenía manera de comprobarlo. El dueño no quería darle una carta o hacer una declaración diciendo que lo empleaba porque él no tenía ‘papeles’. Pero entonces uno de los trabajadores de la Torre, que recibía todas las mañas el café de ese empleado, estaba como voluntario en el centro de asistencia de ayuda a familias, recibiendo solicitudes una mañana. Entonces nuestro cliente, el que hacía los repartos dijo de pronto: ¡Ese señor me veía todos los días!, señalando al empleado de una de las oficinas de las Torres, Él trabajaba en las Torres, él te puede confirmar que yo sí venía todos los días de este Deli. Nos acercamos a ese señor y él dijo: Sí, todos los días yo lo veía en mi oficina, me traía café y repartía en las otras oficinas. Entonces firmó una declaración y ahí la notarizamos, y eso fue su comprobante de trabajo; pero teníamos que estar creativamente buscando la manera de comprobar la existencia de un grupo de trabajadores, individuos que viven una vida invisible en esta ciudad.

Además, recuerdo, como el problema principal que enfrentan muchos de los vendedores ambulantes en esta ciudad es que los multan casi por cualquier cosa, una prueba sólida para este grupo de trabajadores era traer las algunas veces decenas de multas que habían recibido y acumulado por trabajar en las cuadras de enfrente o alrededor de la Torres, para demostrar que habían estado ahí ese día y con eso comprobar que trabajan en la zona y así poder recibir los beneficios.

 

Ni la muerte los sacó de la sombra

Ni Miguel ni Mayra Peter-Quintero son las únicas personas que consideran que los inmigrantes indocumentados ni con su muerte han podido salir de la sombra para la historia oficial. A través de su Consulado General en Nueva York, en estos días del décimo aniversario del 9/11 el gobierno de México dio a conocer una lista con la cifra oficial de 11 mexicanos muertos en esa tragedia.

Joel Magallán, Director de la Asociación Tepeyac de Nueva York, una organización comunitaria y cívico religiosa que se distingue y sobre todo en esa fecha por su ardua, sistemática y prolongada tarea de localización y documentación de los muertos, heridos y desaparecidos del 9/11, a quienes también orientó hacia las fuentes de financiamiento y apoyo en esa época sostiene que esta cifra del consulado es incorrecta.

Las personas que quedaron en la lista oficial no son el número de la gente que murió, dice. Y yo hablo por todos los familiares de los que murieron. Porque tenemos pruebas de los latinos que murieron, que no quedaron en esa lista, y tenemos las evidencias de lo que se exigía para que pudieran quedar en la lista las personas que no podían comprobarlo. Te pongo un ejemplo de los modos para comprobar que eran elegibles: una señora tenía un video que le mandó su esposo que trabajaba en el piso 112 de las Torres Gemelas, en el restaurante Windows on the World, y lo había grabado para dárselo a los hijos, no. Ese fue el modo como pudimos comprobar que ese señor trabajaba ahí en las Torres Gemelas.

Otra persona, pues teníamos una foto de los trabajadores y salía en ella el nombre del restaurante, y bueno, los trabajadores hicieron un affidávit (declaración jurada), para decir sí, nosotros lo conocemos, somos testigos de que trabajó ahí. Y así como esas cosas fueron los documentos que íbamos consiguiendo, pero la realidad es que nosotros no pudimos realmente comprobar que muchos otros latinos trabajaron en el World Trade Center porque estaban indocumentados, fuera de los libros y los empleadores nunca se comprometieron a decir que tenían trabajadores indocumentados. Así que aunque Inmigración dijo que no iban a hacer nada en contra de los empleadores y en contra de los trabajadores que eran indocumentados, ni de sus familias, los empleadores nunca lo aceptaron. Los únicos que hicieron lo que pudieron fueron los empleadores del Windows on the World, pues ellos hicieron una fundación que se llamó igual que el restaurante, ayudaron a todas las familias que pudieron, y no solamente a los que trabajaron con ellos, sino también a la Tepeyac; nos ayudaron con cosas que necesitábamos para ayudar a los damnificados, familiares de los muertos y desaparecidos. Entonces, yo pienso que de la lista de 60 casos que nosotros tuvimos, tal vez sólo como a 15 pudimos hacer oficial. De 63 casos en nuestra lista hubo tres casos que descartamos porque no eran genuinos; dos de mexicanos y un guatemalteco, que tuvimos que reportar al FBI porque resultaron ser unos traficantes de niños. A nosotros nos quedaron unos tres o cuatro casos en los que no pudimos ni siquiera ayudar a las familias porque no teníamos las evidencias ni la conexión con sus familiares; pero los dejamos en la lista de espera. Unos años después se fue comprobando que sí, que efectivamente habían sido casos reportados en su momento, pero no teníamos la conexión con sus familias. Uno de los casos por ejemplo era el de un joven que vino como en el 2003 a decirnos, Vi la lista que ustedes pusieron en el periódico el 11 de septiembre (de 2003), y pues me doy cuenta que mi hermano murió. Nosotros le dijimos, ¿Cómo es que no te diste cuenta sino hasta hoy? Bueno, es que acabo de salir de la prisión y yo perdí conexión con mi hermano; mi familia perdió conexión con nosotros dos desde el 2001, y pues ya no supimos nada de nadie. Ahora que salgo veo que está su nombre ahí, y no me puedo comunicar con mi familia porque en México cambiaron de área code (clave lada o prefijo para marcar), y no sé cómo comunicarme con ellos. Hicimos la conexión con ellos, les dimos la mala noticia, pero ya era muy tarde, pues no teníamos ni fondos para ayudarlos, ni nada. De manera que nosotros tuvimos 60 casos de gente que murió en el World Trade Center, la mayoría no quedó en la lista oficial, y eran latinos de México, Colombia, Ecuador, Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú, etcétera, pero principalmente mexicanos.

Magallán lamenta además no haber podido realizar en este décimo aniversario un acto de conmemoración a los caídos, principalmente indocumentados, que es la población que atiende primordialmente la Asociación Tepeyac, Pues la crisis económica se ha reflejado en recorte de personal que sólo nos permitió este año dar entrevistas a los medios, mostrar fotos y videos.

 

Los costos en materia de derechos y libertades civiles y laborales

La abogada Mayra Peters-Quintero sostiene que tras los ataques también ha habido un alto costo para otros inmigrantes, y para la sociedad en general, en cuanto a libertades y derechos civiles y laborales se refiere.

Sacar al tema de la inmigración del marco de trabajo y los derechos laborales, y moverlo al marco de la seguridad y el terrorismo ha sido sumamente dañino para el movimiento pro inmigrante. Y ha cambiado la manera en que no sólo los políticos sino el público en general ahora ve todo lo que tiene que ver con inmigración dentro del marco de terrorismo y la seguridad, dice.

Como a estas alturas es bien sabido, luego de los ataques el país modificó la estructura burocrática federal, y creó el Departamento de Seguridad Interna -la tercera secretaría más grande de la nación. Tras detonar la ocupación en Afganistán, y posteriormente en Irak, se impulsó la persecución y supresión de la disidencia interna, se alentó el espionaje doméstico y la anulación de garantías constitucionales, de libertades civiles y derechos humanos, y se ‘legalizó’ de alguna manera la tortura, entre otras de la ‘bondades’ derivadas de la política oficial que comenzó a instaurarse en el país a partir de los sucesos del 9/11.

En la vida cotidiana o la permisividad de los efectos del 9/11 en la sociedad, el nuevo enfoque hacia los extranjeros, la otredad, lo otro se reveló de inmediato en un chauvinismo y una xenofobia disfrazada de solidaridad y vulgar nacionalismo.

La escritora mexicana Malú Huacuja del Toro, que reside en la ciudad de Nueva York y quien de diez obras publicadas escribió por entonces una sobre este tema, ‘El tomo cero del álbum de la obscenidad, crónicas y relatos sobre la vida y la guerra en Nueva York después del 11 de septiembre de 2011’, se refiere a esta ‘fiebre’ desatada: Independientemente de los motivos por los que haya ocurrido este ataque, creo que cumplió cabalmente con el nombre de terrorista. Porque lo que generó fue un ambiente terrorista, primordialmente, con la supresión de las garantías individuales en la población tanto en Nueva York como en Estados Unidos. Sostiene. Fue una década de terror, pero más que nada porque la gente estaba cumpliendo cabalmente con los objetivos del terrorismo de Estado. Esto es algo muy importante porque transformó fundamentalmente la vida en Nueva York, en general, en términos de que muchas de las garantías individuales fueron reprimidas, hubo razones legales para ello, y además porque fue algo asumido individualmente en el comportamiento habitual de los habitantes de la población.

El terrorismo eso es lo que genera. Independientemente de quienes o por qué incurren en ello, lo que hace es que genera individualmente entre la población la actitud del espía; genera la desconfianza entre los hermanos, entre los vecinos… Hubo muchos casos de denuncias –de terrorismo- completamente infundadas, y hubo muchas razones para utilizar de pretexto los ataques del 9/11 para perseguir otros motivos completamente ajenos a la guerra contra el terror y todo eso.

Para muestra ahí estarán en la memoria colectiva las redadas que nada más en la ciudad de Nueva York durante los siguientes meses al 9/11 se tradujeron en la deportación de más de mil jóvenes musulmanes de entre 16 a 19 años de edad; fueron detenidos, vejados o humillados entre epítetos raciales, encarcelados sin ninguna posibilidad de comunicación con sus familiares, amigos o abogados, para posteriormente ser deportados. Recuérdese que en 2002 se registró el mayor número de detenciones y expulsiones de inmigrantes en la historia reciente estadunidense, hasta antes de la actual administración; pues a partir de entonces continuó un crecimiento exponencial cuya meta en 2012, con Barack Obama a la cabeza será de 363 mil 64, o 134 por ciento más que las deportaciones en 2002 con George W. Bush, que fueron de 165 mil 168 según estimaciones del gobierno.

Una de las manera como afectó también y el nuevo rumbo que tomó el país Fue por supuesto el de la guerra, retoma. Por un lado motivó que algunos parientes y amigos se enrolaran en el ejército; pero además, porque en las familias se asumió la amenaza del terror, muchas veces infundada, como fueron las cartas enviadas con ántrax, de lo que muy poca  gente se acuerda y que después se corrió el rumor de que había ántrax en el metro…  eso es la propaganda del terror. Y mucha gente suscribió esa propaganda y comenzó a diseminarla. Por otro lado cuando algunos empleadores querían deshacerse de los trabajadores sindicalizados, simplemente levantaron el teléfono para denunciar a los líderes como terroristas, o nada más porque eran de otro color, de otra raza o nacionalidad, dice Huacúja del Toro, quien por la época traducía y editaba documentos de un sindicato local.

En el tomo cero del álbum de la obscenidad, crónicas y relatos sobre la vida y la guerra en Nueva York después del 11 de septiembre de 2011, nuestra escritora habla de Cómo cambió la forma de hacer la guerra en el mundo. En la sección de las crónicas, porque también hay relatos de ficción, hablo del caso de los bomberos, que protestaron contra el entonces alcalde, Rudoplph Giuliani, porque ellos sabían que había cadáveres y posibles sobrevivientes con vida en esos escombros, y fue un hecho con el que yo me identifiqué muy personalmente porque yo viví el terremoto de septiembre del 1985 en la ciudad de México, ahí estaba yo. Entonces sentí que era parte de esa historia yo también, y la demanda de los bomberos, de exigir que se les permitiera terminar de rescatar a los sobrevivientes de esos escombros… y el hecho de que Giuliani les haya impedido continuar con esos rescates, una vez que rescató todos los lingotes de oro que había allí debajo de las Torres Gemelas, pues ya no le importó nada más y dio por terminadas esas labores, y eso también me tocó.

Por otro lado, para los litigantes en el ámbito de la inmigración las cosas no quedaron ahí, sostiene Peters-Quintero, quien ha asumido con considerable éxito y desde distintas trincheras una larga zaga en defensa judicial y laboral de los inmigrantes, indocumentados o no, durante por lo menso los últimos diez años.

Si vas a abogar dentro de la legislación –concluye-, o a través de las cortes, lo que siempre ha sido difícil, ahora el concepto de lo que es un inmigrante, en un marco de seguridad y no laboral, va a hacer imposible que nos recuperemos de ese cambio.

 

Los gastos económicos de la reconstrucción

La omisión de los indocumentados en las conmemoraciones oficiales se hizo quizás más agria este décimo aniversario. Las actividades del domingo 11 de septiembre de 2011 comenzaron con la apertura de un museo en memoria de los caídos; tras un minuto de silencio seguido por la lectura de los nombres de las víctimas de ese trágico día. Ahora estos nombres reposan para siempre en letras doradas y de molde en una de las paredes del nuevo museo levantado en honor de los caídos allí, aunque de los casi tres mil nombres uno está escrito con faltas de ortografía. Nada mal eh, ¡uno en casi tres mil!

En tanto, el renacimiento o reconstrucción de la Zona Cero ha tenido un costo de 24 mil millones de dólares, en la edificación de un complejo urbano de 26 proyectos interdependientes de vivienda y oficinas en un área de 16 acres al lado del Río Hudson, de acuerdo a una amplia investigación de The New York Times. Este mega proyecto incluye dos líneas ferroviarias de transporte colectivo subterráneo, una de ellas, la que conecta a  los distritos financieros de Nueva Jersey y del Bajo Manhattan o Wall Street, contará con acceso abierto al Internet. Más de diez mil millones del contribuyente, considerando la aportación fiscal posterior del Estado de Nueva York fueron destinados a exentar del pago de impuestos a las grandes compañías y corporaciones que amenazaban con mudarse de la zona, y para atraer nuevos inquilinos. Este dinero fue empleado además en las tareas de limpieza y en alguna medida de compensación económica a algunos negocios cercanos e individuos pero sobre todo a enfermos –los más ‘afortunados’-, que desarrollaron una variedad de enfermedades, principalmente respiratorias. El Comité de Salud y Seguridad Ocupacional de Nueva York ha identificado miles de pacientes con enfermedades derivadas de su participación en las tareas de limpieza de las Torres. No obstante, muchos se quedaron sin beneficios y sin cobertura médica cuando se acabaron dichos fondos destinados para tal propósito. Ahora estos últimos se van muriéndose de a apoco, sin que aparezca algo en el horizonte cercano para cambiar su destino. La mayoría son indocumentados. La buena noticia es que se acaba de anunciar la reapertura del Fondo de Compensación a Víctimas del 11 de Septiembre (La Ley Zadroga) y comenzarán a aceptar nuevamente solicitudes la próxima semana (durante el mes de octubre de 2011).

 A mi me da mucho coraje también que se gaste tanto dinero estúpidamente, en tantos comerciales, en tanto todo…, y yo sé que son gastos millonarios; antes de pensar en los niños, que todavía no terminan su educación más elemental, o que a algunos de pronto les compraron su casa pero una casa no es suficiente. Hay que brindar más dinero al apoyo de esas familias perjudicadas, en lugar de andar haciendo tanta fiesta y tanto todo. Porque hay mucho dinero, muchos miles de millones en eso, yo lo sé, y se gasta mucho más en comerciales tontos que en esa gente que sufrió de una manera mucho más directa la pérdida, concluyó Miguel García.

 

 

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