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La vida y la música de Lalo Guerrero

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 27/05/2013 09:39

Lalo Guerrero. My Life and Music, libro escrito por Lalo Guerrero y Sherilyn Meece Mentes (2002. The University of Arizona Press) es testimonio de la vida y trayectoria musical de uno de los padres fundadores de la música chicana, de la música mexicana en Estados Unidos y espejo del paso y permanencia del pueblo de origen mexicano por aquellas tierras. Vida y obra de un pueblo transformada en música.

La vida y la música de Lalo Guerrero

Rodolfo Hernández Corchado

Lalo Guerrero: su vida y su música

 

Por Rodolfo Hernández Corchado

 

“Mucho se ha escrito acerca de mí, pero muy poco se ha escrito por mí.” Son las palabras de Lalo Guerrero, declarado tesoro cultural nacional en Estados Unidos por el Smithsonian Institute. “No creo haber hecho algo para merecerlo. Nunca he hecho nada, excepto vivir mi vida, escribir mi música y cantar mis canciones,” dijo con gran modestia acerca del merecido reconocimiento. Lalo Guerrero. My Life and Music, libro escrito por Lalo Guerrero y Sherilyn Meece Mentes (2002. The University of Arizona Press) es testimonio de la vida y trayectoria musical de uno de los padres fundadores de la música chicana, de la música mexicana en Estados Unidos y espejo del paso y permanencia del pueblo de origen mexicano por aquellas tierras. Vida y obra de un pueblo transformada en música. El libro es el testimonio de un cronista de su pueblo, quien en 1991 recibió el National Endowment for the Arts Heritage Fellowship, premio otorgado a aquellos artistas que recuperan las tradiciones de sus ancestros para enriquecer la cultura de Estados Unidos. Seis años después, en 1996 recibió el mayor reconocimiento que puede recibir un artista estadunidense: la National Medal of Arts. El reconocimiento fue recibido de las manos de Bill Clinton el 9 de enero de 1997 en el Andrew Mellon Auditorium de Washington.

Lalo Guerrero

Lalo Guerrero nació en Tucson, Arizona en 1916, cruza la frontera en La Paz Baja California de donde era originario su padre de oficio ferrocarrilero, y quien después de migrar a Sonora conocería a la futura madre de Lalo: Concepción Aguilar de Guerrero.  Sus padres se casan en Cananea, Sonora en 1906, el mismo día que unos rompe huelgas de la mina de cobre disparaban contra los mineros en huelga. Sus padres se casaban mientras la huelga era aplastada y las balas entraban por las ventanas de la iglesia. Iniciaba una revolución en México.

 Época dolida, durante la cual miles de mexicanos migraron a Estados Unidos huyendo de la violencia, esa eterna partera de la historia que asolaba a un país. Huyendo de esa violencia, se formaron los barrios mexicanos del lado estadunidense y se dieron también a la tarea de inventarse una patria a imagen y semejanza de la patria que dejaron atrás, al menos físicamente. “Como refugiados, los mexicanos que llegaron a Tucson intentaron recrear lo mejor de su patria. No querían la violencia de la revolución, pero querían estar rodeados de mexicanos,” cuenta Lalo a Sherilyn Meece, al recordar el nacimiento del barrio donde creció y vivó en su niñez. Décadas después, entre 1970 y 1980, el viejo barrio de Tucson fue arrasado por la violencia de los desarrolladores y planificadores urbanos. Los bulldozers entraron para demolerlo. Arrasaban, también, en nombre del progreso esa otra patria que los mexicanos habían fundado del otro lado de la frontera. El libro recupera fragmentos de la vida de un barrio perdido y sus personajes. En los recuerdos y el proceso de recrear su historia y su vida en la casa familiar de Meyer Street, o en la narración de la vida cotidiana y los personajes del barrio como Don Ángel y su menudo callejero “bueno para las crudas” no hay romantización de la vida en las ciudades de Estados Unidos, “cuando éramos niños, estábamos tan segregados que nunca supe que pertenecía a una minoría hasta que fui a la secundaria.”

La destrucción del viejo barrio de Tucson inspiró a Lalo Guerrero a escribir la canción “Barrio Viejo”, la cual interpretó por primera vez en 1990 en el Tucson Convention Center, construido sobre los escombros del barrio de su niñez. Una nueva versión de esta canción sería incluida en el disco Chávez Ravine (2005), de Ry Cooder, disco inspirado en la destrucción de ese otro barrio de origen mexicano llamado Chavez Ravine en el Este de Los Ángeles, demolido para construir el estadio de béisbol de los Dodgers.


Lalo Guerrero III

 

Barrio Viejo

Viejo barrio, barrio viejo                

Sólo hay lugares parejos

Donde un día hubo casas,

Donde vivió nuestra raza

Sólo quedan los escombros

De los hogares felices

De las alegres familias

De esa gente que yo quise

Por las tardes se sentaban

Afuera a tomar el fresco

Yo pasaba y saludaba,

Ya parece que oigo el eco

 

Viejo barrio, barrio viejo

Yo también ya envejecí,

Y cuando uno se hace viejo

Nadie se acuerda de ti.

 

Discriminación en México

 Del lado mexicano, ha existido una tendencia a victimizar y subrayar el racismo y la discriminación de la que ha sido objeto la población de origen mexicano en Estados Unidos. Esto ha funcionado en muchos casos para ocultar el racismo existente dentro del mismo territorio nacional. Llegada la hora, ese racismo también se ha ejercido desde México en contra de los mismo mexicanos en Estados Unidos. Cuando bien les va, los mexicanos en Estados Unidos son los “cholos,” “los mojados.” Cuando no, son los eternos traidores a la patria por irse “al otro lado”.

Poco interés, sino es que desprecio ha existido al sur de la frontera entre México y Estados Unidos por adentrarse en las aportaciones musicales del pueblo mexicano en su andar por las tierras del norte. Del lado mexicano, la obra de Lalo Guerrero es asociada con la música infantil de Lalo Guerrero y las ardillitas. Hasta ahí, no llega a más. No es considerada historia mexicana, acervo cultural de los mexicanos y sus descendientes en los dos lados de la frontera. Acaso, objeto de curiosidad para los “especialistas.” No hay sorpresa en esta actitud. La población de origen mexicano en Estados Unidos ha sido una minoría oprimida, discriminada, y su música lamentablemente también ha sufrido la misma discriminación, reducida a ser la música de un “grupo étnico.”

Del lado mexicano, Lalo sufrió la discriminación. En 1939, al viajar a la ciudad de México con la intención de grabar algunas de sus canciones, no encontró interés por su música: “¡En Estados Unidos fui discriminado por ser mexicano, y en México fui discriminado por ser Americano!” En la década de 1940 ninguna disquera mexicana se interesó en su música. Fue hasta 1998, que el gobierno mexicano dio un reconocimiento a Lalo Guerrero (en Los Ángeles no en México) dos años después de que había recibido la National Medal of Arts. “México nos ha dado música muy bella, por lo que siempre quise dar algo a cambio. Por esa razón, me entristece que he sido poco apreciado como músico en México” narra en referencia al premio. La experiencia de esta discriminación la expresaría en su canción El Chicano:

Para México soy pocho,

no me aceptan mis hermanos.

Los güeros me discriminan,

como si fuera extranjero,Lalo Guerrero IV

a pesar de que esta tierra

fue de México primero.

Me da mucho sentimiento

que en México no me quieran,

porque a México lo quiero

como si fuera mi tierra.

Como Emiliano Zapata

y también Francisco Villa,

yo soy revolucionario

en este moderno día.

Unidos a César Chávez,

Los mexicanos americanos,                                                                                                                                                                                              (Foto: A. Dennis Gaxiola)

luchamos por la justicia,

para todos los mexicanos.

 

Ya en el plano de la interpretación cultural y la ‘fenomenología del mojado’, los mexicanos, como los pachucos, en Estados Unidos en la mitad del siglo XX, eran la pura degradación cultural y moral como los vio Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad (1950). El poeta se forjó una visión de los pachucos en tan sólo un par de meses que duró su estancia en Los Ángeles al inició de 1943 y en su paso hacia Berkeley en donde residiría un año con una beca Guggenheim. El pachuco, escribió Paz, “no quiere volver a su origen mexicano; tampoco desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: “pachuco”, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. ¡Extraña palabra, que no tiene significado preciso o que, más exactamente, está cargada, como todas las creaciones populares, de una pluralidad de significados!” Guerrero y Meece dan respuesta al significado de esa “extraña palabra” de significado impreciso, según Paz. Pareciera que la derecha en México no ha sabido escuchar y entender a los mexicanos en Estados Unidos. Tal vez lo impreciso fueron los pasos del poeta por la calles Angelinas y que le impidieron encontrar las claves de la diáspora mexicana por Califas. En este mismo blog, Oscar Bernal ha planteado que Lalo Guerrero formaba parte de una post-mexicanidad que se gestaba desde la mitad del siglo XX, una condición culturalmente inasible para el nacionalismo post revolucionario, la cual no pudo ser comprendida por Paz.  Sin embargo, poderoso instrumento es la historia oral y la recuperación de la memoria. Con ella se clarifica para aquel que ahora y en la hora de la interpretación, no logró escuchar o acertar a preguntar por el Chuco y Califas “¡Carnal póngase abusado!” diría Lalo Guerrero.


Lalo Guerrero

  El Chuco y Califas

Uno de los capítulos más interesantes del libro, es aquel en donde Lalo narra el ambiente que existía en la década de 1940 en el Este de Los Ángeles, la formación de una escena de música latina que conectaba la ciudad de México con California, y el nacimiento de los pachucos. Durante la segunda mitad 1940 forma la banda Lalo y sus Cinco Lobos. Los “lobos” eran conocidos como aquellos jóvenes que hacían de vagar por la calle su modo de vida. Los lobos de Lalo, tenían esa imagen y de ahí tomarían el nombre. En ese entonces la escena de música “Latina” en Los Ángeles incluía a grupos mexicanos como el Mariachi Vargas de Tecalitlán, Luiz Arcaráz y su orquesta. Las bandas de Pérez Prado, Tito Puente tocaban en los clubes angelinos como El Trocadero. Los clubes latinos eran: El Sombrero, El Balabú, La Bamba, La Casa Olvera, El Bolero. En el libro, narra su primer encuentro con los pachucos, allá por 1933. Los jóvenes que viajaban en los trenes de carga rumbo a California se referían a El Paso y California como “El Chuco” y “Califas.”  “Si iban hacia el oeste, decían que iban pa’ Califas. Si se dirigían para casa, iban pa’ El Chuco, así que la gente comenzó a llamarles “pachucos.”

El caló de los pachucos va a ser representado en muchas de sus canciones boggie-woogie y swing como Vamos a Bailar, Los Chucos Suaves, Chicas Patas Boggie o Marijuana Boggie, todas grabadas con sus cinco Lobos. Algunas de estas canciones posteriormente serían incorporadas por Luis Valdez en su obra de teatro Zoot Suit e inspirarían el diálogo de la obra. Muchas de estas canciones fueron grabadas nuevamente en la década de 1990 en el disco “Vamos a Bailar-Otra Vez” (Break Records 1999) y el periodista Samuel Orozco de Radio Bilingüe realizó una entrevista con Lalo Guerrero con motivo del lanzamiento de su disco. 

 En el campo

Las giras de Lalo Guerrero seguían la ruta de los cultivos y el trabajo migrante mexicano en el Suroeste de Estados Unidos. Sus giras siguieron el tiempo de la agricultura, de la cosecha. Su música siguió el andar de los mexicanos en su búsqueda por esa actividad humana que llamamos trabajo. A donde iba el campesinado mexicano asalariado por ese monstruo que conocemos como el gabacho, iba Lalo Guerrero, siempre detrás de los campesinos mexicanos trabajando en la cosecha de la cebolla en junio y en la pizca del algodón en septiembre, “algunas veces los mismos trabajadores del campo, los braceros nos llevaban hacia donde estaba la acción.” El tiempo atestiguaría que ese proletariado campesino, era uno con cabeza (y que de paso se daba tiempo para bailar) y no uno degrado moralmente como Paz quería verlo –en el caso de su contraparte en la ciudad.

A los bailes en donde tocaba Lalo Guerrero asistían el proletariado mexicano y mexicanos-americanos de los campos agrícolas. Los trabajadores del campo informaban a Lalo cuando comenzaría el corte del melón en Bakersfield, cuando iniciaría la pizca del tomate en Ventura o cuando se recogería la ciruela en el Valle de Sacramento. “Los trabajadores del campo seguían la cosecha, y yo también,” narra Lalo. 



(Foto: Mark Guerrero)

El trabajo en los campos iba seguido por el trabajo de la música. Durante los bailes de Valle de San Joaquín conocería a un joven, “estaba en cada baile. Se paseaba por el escenario para hablarme durante los descansos. Era muy inteligente y me daba información de las fechas y los lugares en donde podría encontrar actividad en los campos. Por mucho tiempo conocí su rostro pero no su nombre, era sólo uno de los muchachos.” Años después el joven resultó ser César Chávez. En 1968 cuando los pizcadores de uva alrededor de los valles de Sacramento, San Joaquín y Coachella se fueron a huelga, Lalo Guerrero apoyó a los huelguistas con el Corrido de Delano.

 

Vamos a bailar otra vez

Hace algunos años, Ry Cooder hizo uno de esos viajes a lo que puede llamarse el gabacho profundo, el gabacho profundo en donde Lalo tocaba para los trabajadores mexicanos del campo, el de los barrios mexicanos del Chuco o Califas de donde Lalo aprendió y vivió el lenguaje que le dio contenido a sus canciones. Ahí quedo para la posteridad una de las últimas grabaciones de Lalo Guerrero interpretando una nueva versión de los “Chucos Suaves”. Lamentablemente la obra de Lalo Guerrero es de difícil acceso y muchos de sus discos se encuentran descatalogados. No obstante, es posible encontrar algunos discos en las bibliotecas públicas de Estados Unidos. Sin embargo, sería deseable que en un futuro se editara una antología de su música para las nuevas generaciones.

La obra de Lalo Guerrero es excepcional en muchos sentidos. Su música integró la tradición de la música popular mexicana, la música de los trabajadores migrantes, los corridos, el bolero o las rancheras con la estructura de las orquestas estadunidenses de la década de 1940. Integró dos tradiciones culturales de forma natural y orgánica. Nuevamente falló Paz. El pachuco, escribió Paz en su Laberinto de la Soledad, “niega la sociedad de que procede y a la norteamericana. El ‘pachuco’ se lanza al exterior, pero no para fundirse con lo que lo rodea, sino para retarlo. Gesto suicida, pues el ‘pachuco’ no afirma nada, no defiende nada, excepto su exasperada voluntad de no-ser.” Pareciera que el pachuco, encontró la salida del laberinto.


Vámos a bailarEl poeta no reparó en interpretar un mundo que nunca logró comprender. Sentenció en su ensayo de interpretación cultural que, “esas secretas raíces (las de los pachucos) que atan al hombre con su cultura se han secado casi por completo.” Años después, la historia, la de ese pueblo cuyas manifestaciones culturales no comprendió, le daría una lección. Las raíces de la música de Lalo Guerrero son tan profundas y quizás a prueba del tiempo que en las últimas dos décadas, artistas como Ry Cooder han recuperado a su modo el legado y las influencias de la música de Lalo Guerrero, mostrando la “porosidad” y el rico intercambio entre dos pueblos a ambos lados de una frontera que se empeñan en “sellar” militarmente. En 2005 realizó una de sus últimas grabaciones con el músico californiano Ry Cooder, con quien grabó los temas, “Corrido de Boxeo”, la clásica “Los Chucos Suaves”, y "Barrio Viejo"; en el primer disco de la trilogía de Cooder sobre California: Chávez Ravine (disco en el cual participaron Don Tosti Chucho Valdés, Flaco Jiménez y David Hidalgo) My name is Buddy (Nonesuch 2007) y I, Flathead (Nonesuch 2008). También colaboró con músicos como Los Lobos con quienes grabó en 1995 el disco Papa’s Dream. Así, su música ha sido capaz de influir a músicos provenientes de tradiciones diferentes, mostrando así la riqueza y la profundidad de sus raíces.

 

 Los bulldozers que destruyeron el barrio de la infancia de Lalo Guerrero, abrirían no el camino para el progreso, sino una gran avenida por la que transitarían las huestes nativistas del estado natal de Lalo amagando con su retórica anti inmigrante y anti mexicana en forma de ley. Retórica en la cual se desconocía de forma implícita, cualquier aporte de la población de origen mexicano. Ya Lalo había partido en el 2005. Dicen que junto con sus Cinco Lobitos tomó un tren rumbo al Chuco y se fue siguiendo a unos jornaleros mexicanos, los descendientes de aquellos mismos trabajadores a quienes les cantó en los largos días del trabajo agrícola de la década de 1960. Se fue, no sin antes dejar una obra a prueba del tiempo. Al sur de la frontera entre México y Estados Unidos hay todavía una deuda histórica pendiente para reconocer su legado. Bueno, “ya estuvo, cara de tubo”.

 

 

Rodolfo Hernández Corchado es candidato a Doctor en Antropología por el Graduate Center de la City University of New York.

 

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