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MUROS Y PUENTES

por Raúl Caballero Última modificación 03/03/2009 22:47

El juego de las palabras o cómo armar una sobremesa

MUROS Y PUENTES

Raúl Caballero

Quedamos tres en la mesa luego de almorzar. Laura se salió a fumar a la terraza en tanto que Lucrecio nos escucha sentado en la sala, a unos metros de nosotros, donde lee los periódicos en su laptop. Margarita juega un poco sin ganas, haciéndole el paro a Valentina a quien le encanta “el juego de las palabras”, (yo siempre juego con ella aquí en la casa o en los restaurantes), se trata de hilvanar palabras con la última sílaba de la anterior, el jueguito se puede llevar hasta que no se encuentra una palabra para hilvanarla… pero cuando buscamos tema para la sobremesa, nosotros solemos adecuarlo de la siguiente manera: se hilvanan el mismo número de palabras que de jugadores y luego de que el último jugador tomó la palabra y el juego acabó, con la palabra final se construye la sobremesa; así que dado que esta vez somos tres (Ita, Vale y yo), cada uno pronunciará tres palabras. Vale que propuso el juego comenzó con la palabra “rojo” (casi siempre comienza con esa), le siguió Margarita con “jocoso” (por cierto no se valen nombres propios), seguí yo con “soledad”; Vale pronunció entonces su segunda palabra: “Dado”, e Ita dijo enseguida “dolor” y seguí yo con “loro”. Valentina quemó su tercera y con ella desencadenó el final del juego y el inicio de la sobremesa: “Romance”, Margarita dijo “ceguera” y luego entonces yo dije: “Racismo”.

He ahí el tema. Valentina supo que para ella escucharnos un rato con resignación, antes de deslizarse de la mesa, es lo que seguía. Margarita menos desganada soltó: “En Gringolandia uno no puede dejar de pensar en cómo nos va a los mexicanos, pero esta mañana prefiero preguntarte por el presidente Barack Obama, ¿con su triunfo el racismo termina de superarse?, ¿comienza el final de su existencia aceptando las diferencias o en qué momento nos sacan del sueño los rapaces agazapados?, porque ahí están, no se han ido, no se han muerto, no han desaparecido”…

—Peor, tomo la palabra: No se han dado por vencidos.

Margarita: Han de estar que trinan. Y ahora con la crisis más triste, se buscan culpables y los culpables siempre son los más vulnerables.

—A propósito —se mete Lucrecio— el Southern Poverty Law Center señala que los extremistas culpan a los inmigrantes y a las minorías de ser las responsables de la crisis de las hipotecas. Pero escuchen esto (nos lee):

“Los grupos racistas aumentaron desde 2000 en un 54 por ciento en todo Estados Unidos, según un informe del Southern Poverty Law Center, donde subrayan que la presencia de un afroamericano en la Casa Blanca ha impulsado el racismo en el país.

“El estudio hecho por esta organización de defensa de los derechos humanos, identifica la existencia de 926 grupos de odio en Estados Unidos durante el 2008. En 2007 había 888 grupos registrados y, en el año 2000, 602.

“El incremento marcado en el 2008 se debe, según el informe, a la reacción generada por la llegada de Barack Obama a la Presidencia, al miedo ante la inmigración, especialmente latina, y a la crisis económica”.

— Sí, hay que estar atentos, digo. Hay que estar atentos ante la reacción y cómo se van a desarrollar las nuevas agresiones. Va a ser crucial la manera cómo la Administración Obama maneje el asunto, a ver si no los rebasa. No son pocos los que de alguna manera con la elección de Obama se sienten desfasados de su propio mundo, ya afloran sus sentimientos de odio, recién mataron a unos chilenos en Florida: un tipo con un rifle los cazó por pura xenofobia, fue identificado y resulta que trabajó en campañas republicanas y solía mandar correos radicales a republicanos y demócratas.

— ¿A cuántos mató el imbécil?, pregunta Ita.

— A dos, me parece, era un grupo de chilenos trabajando en un programa de verano. Les disparó desde su auto.

— El informe del Southern Poverty detalla los diferentes grupos de odio registrados —continúa Lucrecio: Neonazis, blancos nacionalistas, neoconfederalistas, skinheads, negros separatistas, afines al Ku Klux Klan, antigays, antiinmigrantes, los que se dedican a producir música racista y quienes hacen propaganda de que el Holocausto no existió.

—¿Barack está seguro?, pregunta Margarita…

Y ahí dejo el asunto, a ver si alguno de mis cuatro lectores se anima a seguir la sobremesa, siguiendo estas huellas mexicanas. 

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