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Michael Kearney y el estudio de la migración indígena mexicana

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 25/02/2010 11:07

El antropólogo estadunidense Michael Clark Kearney, quien estudió las relaciones transnacionales de comunidades migrantes indígenas mexicanas en ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos, falleció a los 71 años el pasado 12 de noviembre de 2009, en Moreno Valley, California.

El antropólogo estadunidense Michael Clark Kearney, quien estudió las relaciones transnacionales de comunidades migrantes indígenas mexicanas en ambos lados de la frontera de México y Estados Unidos, falleció a los 71 años el pasado 12 de noviembre de 2009, en Moreno Valley, California. Nacido el 22 de diciembre de 1937, fue hijo de Francis Kearney (médico) y de Ellen Clark Kearney (enfermera). Vivió y creció en Hayward, California. En 1963, a los 26 años, se graduó (después de haber cambiado la odontología por la antropología) en la Universidad de California en Berkeley. Cinco años más tarde, en 1968, se graduó como doctor en Antropología por la misma universidad; y en septiembre de 1968 se integró como profesor al Departamento de Antropología de la Universidad de California en Riverside, universidad en la que impartió clases hasta retirarse en 2008.

Su interés por México inició a finales de la década de 1960 y principios de 1970 cuando publicó sus primeros trabajos desde el punto de vista del simbolismo. Entre ellos se encuentran: “La llorona as social symbol” (Publicado en 1969 en Western Folklore); o Drunkenness and Religious Conversion in a Mexican Village” (Publicado originalmente en 1970 en el Quaterly Journal of Studies on Alcohol y posteriormente reeditado en español en 1991 por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social).

Sin embargo, el nombre de Michael Kearney se encuentra ligado al estudio pionero de la migración internacional mixteca y zapoteca del estado de Oaxaca y al transnacionalismo - visión que ha dominado los estudios de la migración en la antropología y las ciencias sociales en las últimas dos décadas. Kearney fue uno de los primeros antropólogos en estudiar las comunidades de migrantes mexicanos en ambos lados de la frontera México – Estados Unidos. Este enfoque representó una transformación en la forma como la migración mexicana había sido abordada por la antropología estadounidense. Durante las décadas de 1940 y 1950 los antropólogos norteamericanos (Ver Redfield 1941; 1950) se interesaron por explicar el cambio social y cultural producto de la migración rural – urbano en México. Los trabajos de Robert Redfield en Yucatán –por ejemplo- planteaban que la ciudad, y las relaciones sociales que ésta encarnaba, constituía una materialización del progreso que tenía su antitesis en el campo. Estas investigaciones plantearon por primera vez que los migrantes podrían tener un impacto positivo en el desarrollo de sus comunidades de origen, al ser portadores de conocimientos y elementos de innovación que permitirían trascender el tradicionalismo y el atraso de sus comunidades. A pesar de que estos enfoques fueron criticados por sustentarse en una aproximación microeconómica, ahistórica, dicotómica en donde el individuo es la unidad básica de análisis  y en tomar a la comunidad como su único objeto de estudio, dichos planteamientos, con modificaciones,  aún continúan siendo formulados por académicos mexicanos y estadounidenses que proponen el binomio migración y desarrollo. El trabajo de Redfield, sin embargo, contribuyó a explicar la secularización, y la formación del individuo como producto de la desarticulación de las estructuras sociales en las comunidades campesinas. En la década de 1950 Oscar Lewis (1951; 1959) realizó un estudio intensivo del comportamiento y de la formación de subculturas (cultura de la pobreza) entre las familias campesinas de Tepoztlán. Con esto, la antropología se interesaba en explicar las transformaciones en el comportamiento y el modo de vida de los migrantes. En la década de 1960 surgirían estudios más críticos, como el de Eric Wolf (1966), integrando elementos de la economía política para interrogar los efectos de la economía de mercado en la disolución de las relaciones de poder local en las comunidades campesinas. El trabajo de Michael Kearney se integró en esta larga tradición de la antropología norteamericana sobre el estudio de la migración, el campesinado y el cambio social en México. Sin embargo, el trabajo de Kearney tuvo también implicaciones importantes en estudio de la migración desde el punto de vista de las teorías de la asimilación, la aculturación, y la asimilación segmentada, utilizadas por los sociólogos estadounidenses para explicar la “integración” de los migrantes dentro de la sociedad estadunidense. Al estudiar las relaciones entre las comunidades de origen y de llegada, Kearney trascendió esquemas dicotómicos que dividían lo tradicional y lo moderno, lo nacional y lo étnico; demostró que las estructuras y prácticas sociales, así como la cultura no desaparecían o eran substituidas por una cultura nacional, sino permitían estructurar las comunidades indígenas en EU y crear conexiones de participación e interacción con sus comunidades de origen, desarrollando una práctica transnacional en ambos lados de la frontera.

El trabajo de Kearney contribuyó a discutir y profundizar en el conocimiento de los efectos de la migración internacional en las comunidades indígenas en México. Su propuesta de análisis de las nuevas identidades y la nueva etnicidad entre la población indígena migrante fue parte de un viraje generalizado en las ciencias sociales de los enfoques basados en la economía política hacia la primacía de la cultura, la ideología y el estudio de la hegemonía. Ésta ultima fue interpretada por Kearney y muchos de los transnacionalistas desde una visión idealista y alejada de la concepción original de Gramsci, predominando el interés por interpretar las representaciones “contrahegemónicas” que los migrantes producen para contestar o “desafiar” las representaciones culturales producidas por el Estado (representaciones de clase, racializadas, etcétera) acerca de la nación, de lo que esta significa o quien tiene derecho a ella y en que condiciones. De acuerdo con Kearney, los migrantes transnacionales tienen un potencial liberador al escapar de la hegemonía de un estado fuerte y elaborar una cultura política o repertorios culturales provenientes de ambos lados de la frontera. Para Kearney, eso será el elemento distintivo de los llamados procesos transnacionales: aquellos procesos que trascienden más de un estado nacional.

Kearney analizó las transformaciones en la conciencia social y la etnicidad como producto de diferentes contextos sociales. En el caso de los migrantes mixtecos, Kearney planteó que la etnicidad es transformada en un instrumento de protesta social y resistencia. Probablemente uno de los aspectos mas polémicos de su planteamiento es el haber afirmado que la etnicidad o el reconocimiento de un individuo o grupo como parte de una etnia, emergía como resultado de la migración indígena al norte de México o Estados Unidos, y que esta conciencia era inexistente en sus comunidades de origen, en donde la identificación se daba por la pertenencia comunitaria y no la étnica o de clase. Su propuesta estuvo dominada por  un enfoque mecánico y lineal que asume que la conciencia como miembro de una comunidad representa el nivel más bajo de conciencia y excluye otras formas de identificación como la étnica, de clase o religiosa. En el esquema de Kearney, la identidad basada en la comunidad de origen en la Mixteca, da paso, en el caso de los migrantes, a la construcción de una “nueva identidad” que les permite entender sus experiencias como migrantes y participar políticamente. La identificación como miembro de una comunidad es sustituida por la identificación como mixteco. Emerge por lo tanto una identidad pan-étnica, como una conciencia política. En su enfoque no observamos contradicciones en el paso gradual de un nivel de conciencia a otro.

Al proponer cómo la identidad pan-étnica se transforma en un instrumento de participación para contestar las relaciones de exclusión, racismo, discriminación y explotación laboral, o para permitir que los migrantes indígenas se erijan como interlocutores frente al Estado; Kearney asumió una posición positiva de la identidad indígena, sin explorar cómo ésta puede ser subsumida por distintos intereses de clase antagónicos que como en el caso de México, se expresan en la incorporación –por ejemplo- de segmentos de las comunidades indígenas (autoridades, profesores rurales, etcétera) por el régimen y que lleva a ciertos grupos o individuos a la defensa de intereses antagónicos a los de su clase o grupo étnico.

A pesar de su preocupación por el eurocentrismo y la falta de reflexividad de las categorías producidas por la antropología estadounidense, el análisis de Kearney como la mayoría de las actuales investigaciones sobre migración indígena a Estados Unidos, omitió gran parte de la literatura sobre los pueblos indios en México producida por la antropología mexicana y la antropología indigenistas. Basta echar una revisión a las bibliografías sobre las que se construyen la mayor parte de los enfoques sobre migración indígena o migración indígena transnacional, para notar la ausencia de los debates pioneros en la antropología mexicana y la respuesta a éstos desde la década de 1970. Me parece que algunos de los planteamientos hechos por la corriente de la Cuestión Étnico-Nacional son en particular relevantes para entender la migración indígena. En particular aquellos que nos permiten explorarla como un segmento de la fuerza de trabajo migrante mexicana a EU, cuyas diferencias culturales y de clase internas constituyen un factor importante para comprender las implicaciones que tendrán en la formación de comunidades migrantes y la formación de una clase trabajadora mexicana, como segmento de la clase trabajadora estadounidense. Esta corriente de pensamiento ofrece también elementos para explicar la función de las comunidades indígenas como reproductoras de un ejército laboral de reserva en el contexto de un modelo basado en el despojo de los territorios de los pueblos indios, la privatización del ejido y las tierras comunales como medio de producción y reproducción social y cultural; así como la destrucción de la economía doméstica que asegura la existencia de una migración laboral permanente a los países desarrollados. Si bien estos problemas no formaron parte de la obra del enfoque transnacional de Michael Kearney, es necesario evaluarlos y observar las limitaciones que el transnacionalismo tiene para dar cuenta de ellos, o bien las posibilidades de expandir su rango de explicación.

Michael Kearney, fue también presidente de la Society for Latin American Anthropology (SLAA) de 1995 a 1997, la cual fue fundada en 1969 como the Latin American Anthropology Group y reconocida posteriormente a mediados de la década de 1970 como la SLAA. En 1984 fue reconocida por la American Anthropological Association (AAA) para incorporarse como una sección oficial de la AAA y desde 1995 publica el Journal of Latin American Anthropology.  Como presidente de la SLAA, Kearney, hizo una crítica a la forma de producción del conocimiento de la antropología estadunidense y de concebir a América Latina como un área de especialización del conocimiento, concepción vinculada al proyecto imperial y colonial del cual dicha disciplina ha sido producto e instrumento y en el que América Latina no existía como producto social histórico, sino como simple objeto de investigación y de la división geográfica del conocimiento de la antropología estadunidense.

En 1997, Kearney escribió a los miembros de la SLAA: “Recientemente los miembros de la Sociedad se ubicaban en Norte América, mientras que sus objetos de estudio estaban principalmente al sur de Estados Unidos. El patrón prevaleciente en la producción y consumo del conocimiento por los antropólogos Norte Americanos se caracterizaba porque solíamos ‘bajar’ a América Latina a estudiar a los ‘Latino Americanos’, y posteriormente publicar la mayor parte de nuestro trabajo en inglés. En años recientes, en diálogo con los miembros, el Consejo ha buscado redefinir “Latino América”no como un objeto de la investigación antropológica sino como una región definida en términos geopolíticos  una definición sociocultural basada en la presencia de facto de los latinos” (Ver el Anthropology Newsletter 38(4) 1997).

Esta preocupación por la utilización de los conceptos y las categorías de la antropología y sus implicaciones no solamente en la producción del conocimiento sino en las relaciones de poder entre investigadores de distintas escuelas nacionales, estados, clases o individuos, se vio reflejado en el que constituyó su último proyecto, –inconcluso- el libro Symphonic Pragmatic Anthropology: From Four Fields to One o SPA. En el SPA, Kearney buscaba reconceptualizar las premisas bajo las cuales ha funcionado la antropología estadunidense, elaborando una crítica a la falta de “reflexividad” en las premisas con las cuales opera, llevando a la distorsión y al relativismo del “objeto” conocido. Para Kearney, la disciplina debía reorganizar sus categorías empleadas, pues son la expresión misma de un sistema político de clases basado en la desigualdad social.

Con su esposa, Carole Nagengast, profesora de antropología en la Universidad de Nuevo México y con quien estuvo casado por 33 años, fueron fundadores de Amnistía Internacional en Riverside. El obituario del boletín Anthropology News (enero 2010), de la American Anthropological Association, definió a Michael Kearney como alguien sin miedo en el momento de enfrentarse a autoridades opresoras en ambos lados de la frontera. Como alguien que más de una vez se puso en peligro, sin otra arma que su “agudo sentido de la indignación, la honestidad, la justicia y el amor al ser humano.”

La estrecha relación que forjó con las organizaciones migrantes, como el FIOB, le llevó a un importante reconocimiento. De esta relación tan cercana que forjó con las organizaciones de migrantes indígenas da cuenta su intervención durante una reunión en la cual se identificó como mixteco, al decir: “nosotros los mixtecos”, tal y como recuerda el antropólogo Juan Manuel Sandoval director del Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras del Departamento de Etnología y Antropología Social del INAH. Su compromiso con los migrantes indígenas fue reconocido también por Rufino Domínguez-Santos, director ejecutivo del Centro Binacional para el Desarrollo Indígena Oaxaqueño (CBDIO), quien en su comunicado del 16 de noviembre de 2009, reconoció que: “La consolidación  del CBDIO, representa un fruto de su contribución comprometida (de Michael Kearney) con las comunidades y pueblos indígenas migrantes y no migrantes oaxaquenos en México y los Estados Unidos.”

La obra de Kearney representa una contribución importante para entender la migración indígena a Estados Unidos. Habrá que valorar sus aciertos y sus aportes y de ser necesario reconsiderar algunos de sus planteamientos y tal vez construir una respuesta teórica al transnacionalismo como modelo de explicación de la migración mexicana a Estados Unidos y a la masiva migración del México Profundo.

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