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por Juan Carlos Narváez Gutiérrez Última modificación 21/06/2011 16:41

Anahí: otra reina invisible de Queens…

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Juan Carlos Narváez Gutiérrez

La primera vez que Anahí tocó el piso de Nueva York fue a los dos años de edad, también fue la primera vez que sintió en sus pequeños dedos la nieve de aquel portón, donde sin saberlo iba a pasar los siguientes años de su vida.

 

Aquella ocasión viajó en brazos de su madre para reencontrase en Queens, con su padre, un hombre que trabajaba de forma indocumentada en alguno de los miles de sótanos y cocinas de Manhattan.

 

Después de ese viaje y de otros más: Michoacán-México-Nueva York y Nueva York-México-Michoacán, la visa indefinida de la madre caducó: Anahí y toda su familia se estableció definitivamente en el área Flushing en Queens. Oriunda de Tuxpan, Anahí se define como una americana nacida en México y una mexicana criada en Estados Unidos.

 

A: Todo el tiempo, es que siento así: como que no estoy haciendo mucho ¿vea? mucho en poquito tiempo, pero es que a veces yo quiero ser mucho más de lo que estoy limitada a ser ahorita…Bueno por tu estatus aquí, a veces tú no puedes hacer lo que quieres, tú sabes que tienes la capacidad de hacer otra cosa y yo estoy trabajando nomás en un restaurante… Hace poco me ofrecieron un trabajo de asistente de un dentista y fui y lo probé,  pero nunca dije nada de mi estatus (indocumentado) o lo que sea, sino fui a ver el trabajo, a ver cómo era, y me encantaba, le dije al manager: Oh! ¿Puedo ver como es el trabajo? Y me dijeron, sí está bien. Entonces les pregunte si me podían pagar en cash o en otra forma, y me dijo no, no te podemos pagar, te tenemos que pagar en cheque porque para pagar tus derechos y tus beneficios… y no sé que tanto y lo otro. Pero nunca les di mi información, nada, fui a ver y me encantaba ese trabajo, me gustaba, nada más que no me estaban pagando y no querían contratar a gente que no tuviera papeles. Entonces, me decían: quédate tantito más tiempo, ¿por qué no vienes mañana? o lo que sea, y me estaban ofreciendo más horas, más derechos, siempre más, un puesto así “fijo”, de todos los días, hasta me iban a dar viernes y sábado de descanso porque ellos descansaban esos días y mi horario era como de las once la mañana a ocho de la noche y era un horario bueno para llegar a mi casa, y estaba en Manhattan, estaba en medio de la ciudad, ahí por la 59 y Colombus Square, que es un lugar bonito, al lado del Parque Central. Entonces, claro, me gustaba, me encantaba ese trabajo pero no me podía quedar porque no tenía papeles. Y así, al final, me tuve que quedar en este trabajo de mesera, está bien, me gusta más o menos, me llevo bien con la gente pero yo prefería y puedo hacer otra cosa.

 

Al momento de conocer a Anahí, ella estudiaba el primer año de enfermería en CUNY en el Lehman College del Bronx y trabajaba por horas o de part time como mesera en un restaurante americano donde su tío es el manager. Anahí, siempre me repetía que nadie notaba que ella no era nacida en Estados Unidos. Tenía su educación y socialización casi por completo hecha en la ciudad de Nueva York.

 

Ella como otras y otros hijos de indocumentados, deberían gozar los beneficios de cualquier ciudadano, pero no, permanecen con el estatus de indocumentados, lo cual les restringe el acceso a financiamiento para la educación superior y el acceso a trabajos bien remunerados, ya que no se les reconocen las capacidades adquiridas en la escuela norteamericana, les niegan ser útiles, a pesar de ser migrantes americanizados. 

 

Con un trayectoria laboral que empieza en un Mc Donals y pasa por el trabajo de servicio doméstico en Los Hamptoms –área totalmente anglosajona y con altos recursos-, Anahí, permanece en un estado de estancamiento por su condición migratoria y su destino personal, trabaja en áreas que son ocupadas por migrantes de reciente arribo a la ciudad, migrantes que no hablan el inglés, que tienen pocos grados de educación formal en sus países de origen, pero que comparten con ella, ser indocumentados y el sistema de exclusión.

Una tarde llamé por teléfono a Anahí, y me dijo que iba rumbo a una marcha, se había unido a un grupo de estudiantes latinos del Bronx (dominicanos, ecuatorianos, colombianos y mexicanos) que se reunían con el único objetivo de que les dejaran ver cumplido el sueño del Dream Act.

 

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