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La Participacion de los Migrantes

por Alejandra Castaneda Última modificación 01/02/2011 13:05
— archivado en:

Reflexiones sobre las practicas de participacion politica de los migrantes en Mexico y Estados Unidos, y del contexto en que se desarrollan.

La participación de los migrantes

Alejandra Castañeda

 

“Deseo meterme bastante a fondo en la política más que nada por los movimientos y los cambios que están pasando en México.....la lucha constante que está pasando en México, me inspira bastante y prende un fuego dentro de mi y me hace sentir ir allá.....me siento un tanto atado porque estoy físicamente aquí y no allá, no puedo actuar de lleno. Pero a la vez aquí hay muchos mexicanos y Latinos que si de alguna manera se lograra concientizar a todas esas personas.....ya sé que es un sueño...entonces pienso que se podría poner bastante presión en el gobierno Mexicano...”[1]

 

José, quien migró a California como trabajador agrícola medita acerca de su existencia como sujeto político. Aquí y allá. Aquí José se siente atado. Allá es donde quiere actuar. Aquí es donde se encuentra físicamente. Allá, el lugar que quiere influenciar. José sabe que se encuentra entre el deseo de participar en la política mexicana y un impedimento físico y legal que no le permite cumplir su deseo. A pesar de esto, ve más allá de su circunstancia e imagina una posibilidad para tener una subjetividad política activa.[2]

­ Cuando se piensa en los migrantes mexicanos que cruzan la frontera norte las primeras imágenes que vienen a la mente son las del cruce del río Bravo, o de personas en fila atravesando el desierto. Se piensa en las largas jornadas de trabajo a que se someten ya sea en los restaurantes, en los campos de cultivo, en los talleres o en las empacadoras de carne. En cambio, rara vez se imagina a los migrantes interesados en algo que no sea trabajar. Al concebirlos sólo como “homo faber” se olvida que sus vidas son multidimensionales, que tienen familias, historias, hijos que educar, fiestas por guardar, y reclamos por hacer. Así, la vida de los migrantes no se circunscribe solamente a su reproducción material. Como José, otros migrantes buscan influir en las decisiones y acciones políticas que se toman tanto en su comunidad y país de origen como en aquella en la que viven.

Las últimas tres décadas han visto la intensificación de la actividad política diaspórica de los migrantes mexicanos llevando en parte, para el caso de México, a la modificación de dos artículos constitucionales en 1996, a saber, la ley de no-pérdida de la nacionalidad y la reforma al Artículo 36 que abrió la posibilidad del voto en el extranjero y, finalmente, a la aprobación el 28 de junio de 2005 de un mecanismo para la implementación del voto en el extranjero para las elecciones de 2006.

Por otro lado, a fines de 2005,  los congresistas norteamericanos aprobaron la ley HR 4437—conocida como Ley Sensenbrenner—la cual criminalizaba a los migrantes indocumentados. Ante este embate legislativo y discursivo, la comunidad latina en Estados Unidos, que incluye migrantes documentados e indocumentados, salió a las calles a manifestar su profundo rechazo a la idea de que su presencia en este país pudiera ser entendida como un crimen. Igualmente reclamaron el reconocimiento a su contribución cualitativa para el desarrollo de la economía norteamericana y para el enriquecimiento cultural de este país. En el corazón de las protestas estaba una profunda indignación tanto por la iniciativa de ley Sensebrenner como por la discusión que la alimentó, que empujo a muchos a salir por primera vez a las calles, a salir de su anonimato, y dejar así constancia fehaciente de su existencia.  Los migrantes mexicanos, juntos con otros latinos, rompieron con su tradicional indiferencia e irrumpieron en la realidad norteamericana sorprendiendo a todos, incluidos ellos mismos. Optaron por arriesgarse y participar en la esfera pública para demostrar la relevancia de su presencia en la vida de Estados Unidos. Además del acto impromptu detrás de las multitudinarias manifestaciones y de su réplica en lugares más pequeños, se encuentraban una variedad de organizaciones de base, desde las religiosas, las sindicales, estudiantiles, de derechos humanos, cámaras de comercio hasta las más abiertamente políticas, además de líderes de opinión e incluso personajes del mundo artístico.

Aunque las manifestaciones de 2006 de los migrantes en Estados Unidos fueron multitudinarias y, en todo caso, extraordinarias e inéditas, la actividad política de distintos grupos de migrantes en relación con México no se queda atrás en intensidad. En ambos casos se pone en juego el sentido de pertenencia, de aceptación, de rechazo, de inclusión o exclusión, de un sector muy amplio de personas que por muy distintas razones han tenido que irse de su comunidad de origen para trasladarse a otro espacio al cual se han tenido que adaptar.

En el caso de los activistas migrantes su participación se ha desplegado en ambos frentes, tanto en México como en Estados Unidos. Empero, muchos otros que no se consideran activistas se han involucrado tanto en la lucha por sus derechos respecto a México como en la defensa de su dignidad y derechos en Estados Unidos. Las razones que los motivan varían en función del lugar en que se encuentran socialmente posicionados y desde el cual miran su realidad.

En tanto que los migrantes mexicanos no son un ente unidimensional y con las mismas características, su nivel de participación varía. Hay quienes encuentran en lo que se conoce como la promoción de la cultura el ámbito donde construyen y reconstruyen su identidad y la defensa de su derecho a ser considerados como iguales a partir de la diferencia. Para otros, la reafirmación de su existencia social no sólo se circunscribe a la comida, al atuendo, a la música o al baile sino que pasa por el reclamo de sus derechos tanto humanos como políticos. Entre este grupo se encuentran quienes enmarcan su participación en el ámbito local, en la comunidad en la que viven y donde educan a sus hijos, siendo precisamente los temas de educación y salud, y en tercer término el del trabajo, los principales impulsores a la participación política en la defensa de demandas respecto a estos ámbitos.

A su vez, hay quienes trascienden el nivel de demanda local y articulan su discurso y acción en torno al derecho a tener derechos, a ser respetados y reconocidos por las sociedades con las cuales están conectados. En este grupo se encuentran los migrantes activistas quienes abogan tanto por el respeto a los derechos humanos, por mejores condiciones de trabajo y de vida en Estados Unidos, como por derechos políticos lo mismo en México que en Estados Unidos.

De manera contraintuitiva, los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos han ido poco a poco saliendo de sus espacios de anonimato para volverse públicos, presentes, reales ante las sociedades de los dos países que cruzan que en gran medida han optado por concebirlos y pensarlos como ausentes, incómodos, acaso imaginarios. Para los migrantes activistas su motivación lo ha convertido en actores políticos en ambos lados de la frontera.  Partiendo de su profunda conección emotiva con México y sus regiones de origen, los migrantes pidieron y después demandaron el cambio en la ley de nacionalidad de modo que no perdieran su mexicanidad al adquirir la ciudadanía norteamericana. En 1996 lo lograron. Los más involucrados fueron un paso extra y exigieron el respeto y reconocimiento a sus derechos políticos—votar y ser votados. Para 2006 sólo el derecho al voto desde el extranjero—en una versión muy limitada—se ha hecho efectivo. Para quienes se enfrascaron en esta batalla, el derecho al voto siempre ha aparecido como una manera más de permanecer conectados a la nación mexicana y en este esfuerzo se han ido convirtiendo en actores centrales, muy lejos del anonimato.

Hoy día, los derechos humanos—incluyendo los derechos políticos—están en la agenda pública para los migrantes, para quienes están en Estados Unidos, para quienes cruzan por México y para los familiares que se quedan en sus regiones de origen. Para los políticos es sólo tema de temporada. En Estados Unidos, los migrantes siguen siendo los chivos expiatorios preferidos, siendo los jóvenes del DREAM ACT las víctimas más recientes (o una vez más).

Conforme los marcos legales y las políticas públicas de México y Estados Unidos toman cuerpo en la vida de los migrantes, éstos han ido respondiendo a ellos por medio de, para ellos, novedosas estrategias de participación en la esfera pública como han sido el cabildeo en México para conseguir las reformas constitucionales, las marchas de protesta en Estados Unidos y la formación de organizaciones binacionales que reflejan perfectamente el carácter transnacional que enmarca la existencia social migrante. A partir de su ser como personas que se encuentran en medio de—en medio de dos países, de dos espacios político-sociales, de dos mundos legales y culturales—los migrantes mexicanos se han ido reinventando de modo que sus vidas dejen de ser un dato económico o demográfico y pasen a ser entendidas como igual de complejas e importantes que la de cualquier habitante de las dos naciones que ellos cruzan.

 

Bibliografía:

Avalos, Jorge Ramón. “Cronología de las marchas”. En  La Opinión, 13 de abril de 2006, Los Angeles, CA.

Castañeda Gómez del Campo, Alejandra. 2001. “Ciudadanía y Transnacionalismo: el Desafío de los Mexicanos en Estados Unidos”. En Santamaría, Arturo. Mexicanos en Estados Unidos: la Nación, la Política y el Voto sin Fronteras. México, Univ. Autónoma de Sinaloa.

Castañeda, Alejandra. 2006. The Politics of Citizenship of Mexican Migrants. N.Y., LFB Scholarly Publishing LLC.

           

 



[1] Entrevista Santa Cruz, CA, 1996.

[2] Cf. Castañeda, Alejandra. 2001. Pp.202-203.

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