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25 años de béisbol mexicano en Nueva York: la fuerza de la tradición

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 12/01/2011 18:36

El béisbol mexicano en Nueva York tiene su origen lejos de la ciudad. Su fuerza o su persistencia está del otro lado de la frontera, en las tradiciones beisboleras de los pueblos de México, en generaciones de jugadores amateurs en el México rural.

25 años de béisbol mexicano en Nueva York: la fuerza de la tradición

Alejandro Hernández Corchado

“¿Genaro te quieres vestir de diablo?”

“¡Cómprenle otro casco, mira, no le queda!,” “ ¡Cámbiale el casco!,” “Son más bravas las mujeres que ustedes.” Es uno de los últimos domingos del verano y las porras se enfrentan junto con sus respectivos equipos, los Diablos de Progreso y los Rojos, en un duelo verbal por desconcentrar al oponente.  Es el último juego de la temporada y se disputa el campeonato de la división doble A de la Liga Mexicana de Béisbol de Nueva York, de la cual es presidente desde 1997 Humberto Rodríguez. “¡La gorra te queda grande!”,  grita una mujer de la porra de Progreso al pitcher de Los Rojos. El pitcher no pierde la concentración y poncha al bateador de Progreso. Las mujeres continúan gritándole. Progreso se apunta una carrera y al finalizar la entrada la mascota del equipo, el Diablo de Progreso, encarnado por Genaro Sánchez, correrá por el diamante para celebrar la carrera en la pizarra.

“¿Genaro te quieres vestir de diablo?” Le preguntó  Armando Merino, su tío, entrenador de los Diablos de Progreso.  “Ok tío, ¿pero no sería mejor que yo corriera? Y desde entonces el Diablo corre por el diamante celebrando las carreras y las victorias de su equipo. El Diablo ha llegado a tercera base y se prepara a barrerse en home. Mientras tanto, Ramírez, el fotógrafo oficial de la Liga corre incasablemente de un lugar a otro fotografiando y creando la memoria visual de la Liga.  En la banca, Edgar Rivera, entrenador de los Rojos, observa el juego con preocupación. Ese día su equipo sería derrotado pero el triunfo y la derrota es parte del béisbol y de la vida de los mexicanos en la ciudad de Nueva York.

 

“Yo jugué el béisbol a pie descalzo”

De los campos de cultivo a los campos de béisbol. En México, la maltrecha economía nacional no sólo no daba para vivir, tampoco para jugar. “Debido a la economía no tuve la licencia para jugar en México, pero siempre me gustó el béisbol,” recuerda el entrenador sub campeón Edgar Rivera. Con nueve años en la liga y originario de Puebla dice, “yo siempre he sido sangre roja. Rojos 100%. Mi padre jugó de short stop en los Rojos en México y cuando migré dije, ‘vámos a reiniciar los Rojos en Nueva York,’ y esa fue la meta. Aquí estamos”. Los Rojos, en Puebla, era un pequeño equipo amateur. Iban de pueblo en pueblo jugando al béisbol: “nuestro transporte eran burros y mi padre me andaba trayendo”.

 16La migración mexicana a Nueva York no sólo ha provisto de trabajadores a la economía de la ciudad. También de paradores en corto, primeras y terceras bases, jardineros, entrenadores. Los pueblos, junto con sus economías y sus tejidos sociales destruidos por una crisis que ya es permanente en México, se reintegran como migrantes, no sólo en los barrios para encontrar trabajo y vivienda, sino para encontrar un lugar en el campo de béisbol, “cada año viene gente de allá de México, y todo el equipo es del pueblo.” Para muchos, encontrar un lugar como mexicano en la ciudad de Nueva York, significa también integrarse al equipo de béisbol con los oriundos del pueblo, el ejido o la colonia. Pueblos enteros ahora casi desiertos por la migración  existen en los campos de béisbol de Nueva York. Surgen los Toros de Puebla, Colonia Cristo Rey y Huerta, de Izúcar de Matamóros, Tilapa, los Guerreros Tlaxcaltecas, Los Cafeteros de Veracruz. Para llegar hasta el diamante, muchas cosas tuvieron que pasar. Además de cruzar la frontera muchos de sus jugadores tuvieron que cambiar el azadón o la yunta por el guante y el bat.

El béisbol mexicano en Nueva York tiene su origen lejos de la ciudad. Su fuerza o su persistencia están del otro lado de la frontera, en las  tradiciones beisboleras de los pueblos de México, en generaciones de jugadores amateurs en el México rural. Armando Merino, entrenador campeón de la división doble AA y nombrado entrenador del año, recuerda, “soy de Puebla, yo era campesino y veía a mi papá jugar béisbol. Al pueblito de donde soy iban a jugar de Matamóros, Tulcingo y Piaxtla. Mi papá jugaba de pitcher en un equipo que se llamaba Los Satélites. Era un equipo de puros jóvenes, y no es por nada pero tenía potencia, casi como los Yankees. Me gustaba el béisbol porque yo veía a mi papá, a mis tíos, a mis primos allá. Ese era mi deporte favorito y yo vine aquí y mis primos tenían en aquel tiempo un equipo: Los Diablos. Me gustaba venir a mirar y al poco tiempo yo y mi hermano hicimos un equipo. Un primo era el manager, después se salió y yo me quedé de manager.”

Humberto Rodríguez, presidente de la Liga y originario de San Isidro el Organal, Puebla, recuerda la tradición beisbolera de su pueblo, “yo jugué el béisbol a pie descalzo, era yo muy pobre, pobre, pobre. Jugábamos con las calabazas, las naranjitas. Cuando jugábamos béisbol hacíamos nuestros guantes de trapo, por la pobreza.” En 1986 llegó a NY trabajando como electricista, y después como él mismo narra, su vida comenzó a cambiar, “conocí la liga, comencé a jugar. Primero vine como jugador, después en el 87 hice el equipo, se llamaba “Los Relámpagos.” Un amigo mío, un boricua, me dice, “hey México, allí hay una liga.” Y pues esa era mi pasión.” En ese entonces había cuatro equipos: los Pericos, Pumas, Progreso y Ángeles. Hoy hay más de 30 equipos y tres divisiones y una división de jugadores veteranos.

El juego semanal es parte de una tradición que tiene también su origen en Veracruz como recuerda el entrenador Sotero, de Los Cafeteros de Veracruz. Sotero, originario de Vista Hermosa Veracruz (entre Tierra Blanca y Córdoba) llegó a Nueva York en 1991 y después de haber dejado los campos de cultivo en su tierra natal ahora juega los fines de semana en el campo de béisbol y trabaja toda la semana en un supermercado. Durante siete años jugó con Tigres, el equipo que fue campeón en el 2006. En el 2010 formó el equipo de Cafeteros “con puros de Veracruz”, llegaron a los playoffs y fueron eliminados por Los Toros de Puebla, “el deporte es así,” dice.

 1“Allá en Veracruz jugábamos  béisbol cada ocho días. Hay una liga regional en el municipio de Tesonapa y ahí se junta la liga con toda la región de Presidio, Tetela, Providencia. Todos esos se juntan y ahí llegan al campeonato. Lo que veo, es que  el béisbol es más fuerte allá en México, porque aquí en Nueva York no practica uno, no hay práctica. Aquí jugamos lo que el cuerpo de, pues. Yo comencé a jugar en Veracruz como a los 14 o 15 años, siempre de primera base. Jugaba con un compadre en un equipo, la Turbina Vista Hermosa. Así se llamaba mi ejido, la Turbina Vista Hermosa. Mi equipo era Los Naranjeros. Era un equipo regional, aunque ahorita ya tiene otro nombre. Mi compadre trae el equipo, pero yo me vine pa’ acá y ya no he regresado. Cuando llegué aquí, llegaron muchos de mi pueblo, empezamos a unirnos y a hacer el equipo de puros del pueblo pero luego se desapartaron. Tigres lo hicimos de puros de Veracruz también, pero luego se volvieron a desapartar, nada más se quedaron como dos de mi pueblo y quedaron muchos de Puebla.”

 

“Aquí había vagos, tecatos”

Con la formación de equipos de béisbol mexicanos surgen pequeñas economías alrededor de los parques en donde juegan, aparece la venta de comida mexicana y los parques que antes estaban en el abandono se revitalizan con su llegada. Cuando llegaron los mexicanos los parques no estaban precisamente allí, esperando que se cantara el inicio del juego.  Así lo recuerda Cesáreo César quien entró a la Liga en 1983 y desde entonces ha sido campeón en siete ocasiones. Desde 1996 "lleva" el equipo Colonia Cristo Rey, cuyos jugadores son originarios de Izúcar de Matamóros.

En palabras de Cesáreo César, “se fue haciendo por medio de la Liga”. En el inicio no fue el parque. “Aquí era horrible, los campos eran feos, eran arboledas, había tierra. No era como ahorita. Aquí había unos baños abandonados, como un edificio de bandoleros, vagos, tecatos. Era horrible y después se fue haciendo. Esto era un basurero, un hierbero, pero Humberto, el presidente de la Liga se ha preocupado". Humberto Rodríguez recuerda, “en los campos había gangas. Fue un proceso muy grande de educación, uno de los presidentes de la Liga se rajó, le ponchaba las llantas; era duro. Después cuando yo entré, comencé así como secretario en ese mismo año y se salió el presidente porque no aguantaba la presión. Las gangas andaban con pistola.”

En donde había “bandoleros” y basura, los mexicanos, además de un juego han creado comunidad. “Este es un deporte, un pasatiempo, somos una comunidad para un pasatiempo,” dice Cesáreo César; “es un deporte para hacer amistad, para estar unidos,” responde Sotero, manager de Los Cafeteros de Veracruz, único equipo veracruzano en la Liga. Para otros jugadores y entrenadores, la Liga es también una forma de alejar de las drogas a sus hijos y a los jóvenes.

Con la Liga Mexicana ha surgido también una economía que va más allá de los campos de béisbol de la ciudad. Es una economía que crece con la migración mexicana. Junto con las imágenes de la virgen de Guadalupe que cruzan la frontera desde México para ser colocadas en las iglesias donde los mexicanos crean sus comités guadalupanos, circula también la comida mexicana, la música y cruzan también la frontera los uniformes de algunos de los equipos de béisbol. Hay un largo viaje detrás de cada uniforme que se porta cada domingo. Si antes la “cascarita” informal en el parque hacía que el uniforme fuera prescindible, ahora la entrada a la Liga hace imprescindible que se porte un uniforme que en muchos casos es enviado desde México, “de México nos los mandan. Allá lo vamos a traer. Muchos lo hacen aquí, pero para nosotros es más barato allá. Sale más barato, entre 70 y 80 dólares.”

 

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 “A mi no me sacan de jugar”.

La historia de la Liga Mexicana de Béisbol de NY es un reflejo de la sucesión de grupos migrantes a lo largo de la historia de la ciudad. La migración mexicana comienza a remplazar demográficamente a la anterior generación de migrantes del Caribe, principalmente los puertorriqueños. El cambio se percibe en las iglesias, en los barrios como el East Harlem o Sunset Park o en las instituciones sociales, culturales y deportivas fundadas por la anterior generación de migrantes latinoamericanos en NY. La Liga no es la excepción, su presidente, Humberto Rodríguez, recuerda que ésta fue organizada originalmente por “Juan Paquito Santiago, que en paz descanse, un boricua que dirigía la Liga Bustelo. Entonces, ese la organizó y la federó con el nombre correcto de Liga Mexicana de Béisbol de Nueva York, en el año de 1985.”

En 25 años de existencia de la Liga, los mexicanos ha definido quienes son y quienes quieren seguir siendo a través del béisbol.  Incluso hasta un Cónsul mexicano fue ponchado cuando intentó intervenir en la vida de la Liga. El juego entre Progreso y Rojos ha terminado. Genaro, el Diablo de Progreso corre nuevamente por el diamante alzando el trofeo de su equipo. En las gradas Odilón Vidal, originario de Izúcar de Matamóros  observa la celebración. Él es uno de los veteranos de la Liga, fue pitcher de los Rayos, entrenador de los Orioles y ahora es jugador del equipo de veteranos los Papichulos. Cuando recuerda sus primeros años como jugador de la Liga, resume lo que puede ser la experiencia colectiva de quienes todos los fines de semana durante 25 años han jugado en esta Liga: “en ese tiempo como migrantes cada uno de nosotros buscábamos nuestra cultura de jugar y desde esa fecha, gracias a Dios, a mi no me sacan de jugar”.

 En los campos de la Liga Mexicana Nueva York, ser mexicano no es un sinónimo de ser extranjero. Aquí los estadunidenses son extranjeros en su propia tierra, pues cuando pisan el diamante, de acuerdo con el reglamento de la Liga, cuentan como jugadores extranjeros, no importa si nacieron en Brooklyn, el Bronx o Manhattan. En el diamante, el extranjero no es quien ha cruzado la frontera. Aquí, las fronteras no desaparecen, pero se invierten.  El extranjero no es el nacido fuera de Estados Unidos, sino el que no es mexicano. Cuándo juegan los mexicanos de la Liga Mexicana de béisbol, ¿en donde juegan? ¿Se juega en México o en Nueva York?  ¿En Veracruz, en Izúcar de Matamóros o en NY? ¿Y que tal si el extranjero en Nueva York fuera todo aquel que no es mexicano? ¿Qué tal si mañana los mexicanos no fueran extranjeros en NY? 

 

Nuestro agradecimiento a todos los beisbolistas, aficionados de la Liga Mexicana de Béisbol y a su presidente Humberto Rodríguez, por colaborar con Huellas Mexicanas  para recuperar sus testimonios y realizar el ensayo fotográfico que aparece en la Galería. Este material forma parte del libro que el autor está realizando sobre la historia del béisbol mexicano en Nueva York.

 

 

 

 

 

 

Acciones de Documento

me encanta el beis

Enviado por Alejandra Castaneda en 10:15
El articulo esta increible, muy bien contado y casi grafico. Se me entojo estar en los juegos. Saludos.
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