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Estudiantes de la ley DREAM Act desafían deportaciones, piden al Congreso que vote.

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 02/12/2010 07:18

Los estudiantes de la ley DREAM Act han mostrado que pelear en contra de la detención y la deportación es posible. Conforme han marchado y protestado, han mostrado una y otra vez que detener la ola de control migratorio y cambiar las leyes migratorias están tan conectadas que no puede pelear en contra de una sin pelear en contra de la otra.

Estudiantes de la ley DREAM Act desafían deportaciones, piden al Congreso que vote.

David Bacon

 

Oakland, CA (11/27/10). Esta semana, si el Senador Harry Reids cumple su palabra, el Congreso podrá tener la oportunidad de votar la ley DREAM Act. Introducida por primera vez en 2003, la propuesta de ley podría permitir a los estudiantes indocumentados, graduarse de las preparatorias de Estados Unidos y solicitar la residencia permanente si completan dos años en la universidad o sirven dos años en el ejército de E.U. Se calcula que permitiría que cerca de 800, 000 jóvenes obtuvieran un estatus legal, y eventualmente la ciudadanía.

Un voto en el Congreso podría ser un tributo a miles de estos jóvenes “sin papeles”. Durante siete años han marchado, ocupado edificios y oficinas, escrito cartas, y dominado cada táctica de los derechos civiles en el manual para que su propuesta de ley sea incluida dentro de la agenda de Washington DC.

Muchos de ellos le han dado un nuevo significado a salir a las calles –declarando abiertamente su estatus migratorio en entrevistas con los medios, y desafiando a las autoridades a detenerlos. Tres de ellos fueron arrestados el pasado mayo, cuando ocuparon las oficinas del Senador por Arizona, John McCain, demandando que apoyara la propuesta de ley al mismo tiempo que desafiaban a las autoridades migratorias para que fueran a arrestarlos. En efecto, fueron arrestados y detenidos toda la noche. Posteriormente un juez reconoció lo obvio. Estos no eran extranjeros (“aliens”) que podrían huir  si fueran liberados, sino activistas políticos que estaban haciendo su mejor esfuerzo por permanecer en el país, pero de la forma más visible.

Reid debe el pequeño margen de victoria en las elecciones de Nevada a la efusión de votos latinos. Desde que anunció que llevaría la propuesta de ley al Congreso, más estudiantes han comenzado huelgas de hambre en la Universidad de Texas en Austin. Insisten en que no comerán hasta que la Senadora Kay Bailey Hutchinson renuncie a su oposición a la ley DREAM Act.  Primero, su ayuno se extendió en los campus universitarios. Después, los estudiantes en otras partes del país anunciaron que también actuarían cuando Reid llamara a votar la propuesta de ley.

Sin embargo quienes apoyan la ley DREAM Act han hecho más que impulsar un voto en Washington no importando lo que pase. Han aprendido a utilizar su activismo para detener las deportaciones. Más aún, esto lo han llevado a cabo en una era en la que más gente ha sido deportada –tan sólo 400, 000 el año pasado- en toda la historia del país. Para resaltar la conexión entre la propuesta de ley y su desafió al aumento en la ola de deportaciones, cuatro estudiantes indocumentados marcharon en protesta por varias semanas de Miami a Washington.

En el proceso, aprendieron la lección que el movimiento por los derechos civiles de los 60s enseñó a los activistas de la generación anterior: la clase política en el Congreso y Washington puede ser forzada a responder a los movimientos sociales fuera del capitolio. Cuando estos movimientos crecen y se hacen sentir, pueden ganar una legislación e incluso más. La gente en las calles puede transformar las condiciones en sus propias comunidades. Los activistas de la ley Dream Act, al detener las deportaciones incluso en la ausencia de la acción del Congreso, han hecho posible lo que los analistas políticos consideran como imposible.

Fredd Reyes es una prueba viviente. Esta semana regresó a North Carolina para el día de Acción de Gracias. Fue detenido en septiembre mientras estudiaba para sus exámenes en el Guilford Technical Community College, y llevado primero al Centro de detención de North Georgia,  y después al Stewart Center en Lumpkin, Georgia. Los padres de Fredd huyeron de las masacres de la guerra de la contra insurgencia en Guatemala en los 80s, cuando el presidente Ronald Reagan proveyó de armas a los militares de ese país, quienes posteriormente las utilizaron en contra de las comunidades indígenas en busca de justicia social. En ese entonces, Fredd era un pequeño. Los estudiantes de la Dream Act se movilizaron y lograron que Fredd fuera liberado.

Jennifer Abreu celebró su día de Acción de Gracias en Kentucky. Ella vino a Estados Unidos con sus padres cuando tenía 13 años. Se graduó en la preparatoria Lafayette en Lexington, en donde se volvió activista,  se desempeño como bailarina de bailes brasileños y colombianos en fiestas y soñó con ser periodista. ICE la detuvo, pero una campaña promovida por los estudiantes de la ley DREAM Act y quienes los apoyan, también logró liberarla.

Y en San Francisco, los activistas obtuvieron la libertad de Shing Ma “Steve” Li, un estudiante de enfermería en el San Francisco Community College. Las autoridades migratorias lo detuvieron en septiembre 15, encendiendo un rápido esfuerzo por detener su deportación. Mientras la votación de la Dream Act en el Congreso se acercaba, él se volvió un símbolo viviente de la campaña nacional por aprobar la propuesta de ley.

El predicamento de Li fue dramático e inusual. Sus padres emigraron de China a Perú en donde Li nació. Posteriormente migraron a E.U., en donde su petición de asilo político fue negada. Esto hizo de Li un inmigrante indocumentado, aún cuando al asistir a las escuelas públicas de San Francisco no sabía de su status migratorio.

El año pasado, sin embargo, conforme la red de control migratorio fue creciendo más que nunca, Li y su madre fueron arrestados. La madre de Li fue puesta en libertad y ahora espera la deportación a China, pero Steve Li fue enviado a un centro de detención en Florence, Arizona de donde podría ser enviado a Perú en donde nació y en donde no tiene familiares o amigos.

John Norton, director del Immigration and Customs Enforcement at the Department of Homeland Security, declaró a los medios que detener a los estudiantes para ser deportados estaba hasta abajo de la lista de prioridades del gobierno. “ Entonces ¿por qué están atrapando a estudiantes con altas motivaciones? se preguntó el año pasado Sang Chi, profesor  de Li, en un rally de apoyo.

El sindicato de profesores del Community College, local 2121 del AFT, fue parte de un amplio esfuerzo por liberar a Li antes de que fuera puesto en un avión hacia Sud América. El caso se volvió una causa celebre para el Asian Law Caucus, la Chinese Progressive Association y otras organizaciones de la comunidad asiática en la ciudad. La Junta de Supervisores de la ciudad y la Junta Directiva de la universidad votaron un par de resoluciones oponiéndose a la deportación. “Hemos realizado más de 1,000 llamadas,” declaró Daniel Tay, un compañero de escuela de Lin quien emigró de Perú hace dos años, a la reportera Rupa Dev.

Finalmente, la Senadora Diane Feinstein introdujo una propuesta de ley privada que pudo otorgarle a Li la residencia permanente. Li fue liberado por ICE y regresó a San Francisco. Sin embargo, su libertad no es permanente y durará sólo 75 días hasta el fin del actual periodo legislativo del Congreso. Las propuestas de ley privadas que otorgan un estatus legal individual raramente son aprobadas. De las 29 propuestas por Feinstein desde 1997, sólo cuatro fueron aprobadas, y en el clima anti-inmigrante del próximo Congreso, la aprobación de la propuesta de ley de Li es poco probable.

Sin embargo, para Li, y para quienes lo apoyan, aun cuando están agradecidos de que no esté en Lima, la propuesta de ley privada no es una respuesta. “Mientras me encuentre aquí y pueda usar mi voz para ayudarme, así como a las personas que están en la misma situación, no creo que esto sea una cuenta regresiva,” declaró Li a la reportera Jessica Kwong. “Es sólo un paso más cerca de la ley Dream Act.” Recordando a los otros jóvenes que conoció en el centro de detención de Arizona, dijo, “sus historias y sus rostros estarán conmigo por el resto de mi vida.”

Sin la aprobación de la ley DREAM Act, “miles de estudiantes están amenazados con la deportación que es una tremenda perdida de recursos,” dijo Kent Wong, vicepresidente de la Federación de maestros de California, director del Centro para el estudio del trabajo y la educación de la Universidad de California y uno de los organizadores a nivel nacional de la campaña de la ley DREAM Act.

Sin embargo, muchos estudiantes indocumentados no pueden entrar a las universidades a pesar de que se han graduado de las preparatorias con excelentes calificaciones porque se les restringe su acceso por falta de un estatus legal o por que no pueden solicitar la ayuda financiera que otros estudiantes pueden recibir. Los estudiantes indocumentados provienen mayoritariamente de familias de clase trabajadora.

Cuando fue escrita originalmente, la propuesta de ley permitiría a los jóvenes obtener la legalización con 900 horas de servicio comunitario como alternativa a la universidad que muy pocos podían pagar. Sin embargo, cuando la propuesta de ley fue introducida, el Pentágono presionó para sustituir el servicio comunitario con la incorporación al ejercito. Muchos jóvenes activistas se encuentran en una disyuntiva por esta provisión.

Camilo Mejía, el primer GI que sirviendo en Irak hizo pública su oposición a la guerra, fue encarcelado por casi un año por rehusarse a regresar al frente. Mejía dice que Estados Unidos usa un “reclutamiento de pobreza” para llenar el ejército con jóvenes que no tienen empleos y dinero para pagarse una educación superior. En un debate en Democracy Now, dijo, “[El ejercito] esta en posición de ofrecerle a la vasta mayoría de estos 65, 000 estudiantes [inmigrantes] que se gradúan cada año, diciéndoles ‘Ven aquí. Te enseñaremos inglés. Te daremos vivienda. Te daremos un ingreso permanente. Te daremos todas estas cosas si sirves en el ejercito.’ Rishi Singh, de Desis Rising Up and Moving, agregó que “muchas de nuestras familias no pueden costear el enviarnos a estudiar a la universidad. Y tú sabes que para muchos de nuestros jóvenes, no habrá otra opción que unirse al ejército.”

Debatiendo con él, Gabriela Pacheco, quien fue estudiante indocumentada, dijo, “con la residencia condicional, será posible que uno pueda trabajar. Los estudiantes podrán hallar la forma de costear y pagar su universidad.”

Mexicanos Sin Fronteras, en Chicago, argumenta que los “los jóvenes indocumentados se encuentran cada vez más en una situación desesperada… Con el estatus legal como objetivo, muchos que de otra forma podrían abandonar la escuela, podrían estar motivados para graduarse e ingresar a la universidad. En cambio, vamos a educar a los jóvenes acerca de la injusticia de estas guerras imperiales y de las históricas prácticas que ponen a los pobres y a los jóvenes con menos derechos políticos en el frente. Vamos a alentarlos y a apoyarlos para que elijan ir a la universidad.

Como muchos que han apoyado la ley DREAM Act, la Federación de maestros de California ha hecho un llamado por restablecer la provisión del servicio comunitario. Sin embargo, a pesar de eso,  apoya la ley. “La ley federal Dream Act establecerá un importante principio en donde los estudiantes indocumentados no podrán ser relegados a un estatus inferior o de segunda clase y serán tratados con respecto y dignidad,” dice una resolución adoptada por el sindicato en 2009.

“Tenemos que recordar que por cada caso como el de Steve Li, hay cientos de jóvenes que son deportados,” enfatiza la presidenta del Local 2121 Alisa Messer. “Estos son nuestros estudiantes. Están haciendo todo lo que queremos que los jóvenes hagan. Por lo tanto  tenemos que pelear para que puedan tener una educación, apoyar a sus familias y participar en la sociedad. Ellos son chicos Americanos.”

Muchos activistas por los derechos de los inmigrantes ven la ley DREAM Act como un paso importante hacia una reforma básica de las leyes migratorias del país. No sólo ayudará a los estudiantes a permanecer en la escuela, sino que les dará estatus legal, les dará la oportunidad de trabajar y de usar su educación una vez graduados. Luis Pérez, por ejemplo, el hijo de padres de clase trabajadora en Los Angeles se graduara de la escuela de leyes de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) este año. Pero después de eso, sin la legalización, será incapaz de trabajar. La Immigration Reform and Control Act de 1986 establece que los empleadores únicamente pueden contratar trabajadores que sean ciudadanos o que tengan visas con “autorización para trabajar.”

La ley DREAM Act puede resolver este problema para los jóvenes indocumentados graduados de las universidades. Pero también resalta el mismo problema para millones de trabajadores indocumentados que no serán afectados por esta propuesta de ley. Doce millones de indocumentados viven en E.U., y casi todos ellos trabajan para ganarse la vida. La misma ola de control migratorio que ha llevado a la deportación de 400, 000 personas el año pasado, está también apuntando en contra de la gente en los lugares de trabajo. Miles de trabajadores han sido despedidos por carecer de un estatus legal, y muchos han ido a prisión por haber inventado números falsos del Sistema de Seguridad Social a fin de obtener un trabajo.  Empleadores sin escrúpulos han utilizado el estatus migratorio de sus trabajadores para amenazarlos y despedir a los trabajadores que protestan por condiciones laborales ilegales o por tratar de organizar sindicatos.

Las leyes de Arizona que requieren que la policía detenga y mantenga para ser deportada a cualquier persona sin un estatus migratorio legal es otro ejemplo del impacto de la ola de control migratorio –una creciente cooperación entre la aplicación de las leyes y las autoridades migratorias. Esa cooperación produce muchos de los cientos de miles de personas detenidas y deportadas tan solo el año pasado. Terminar con ese programa de control podría requerir también una reforma migratoria más extensiva. De igual forma requeriría un esfuerzo real por resolver la migración forzada desde sus raíces –las intervenciones militares, los acuerdos comerciales y las políticas en pro de las corporaciones que destruyen los lazos comunitarios en otros países y hacen de la migración una cuestión de sobrevivencia.

Sin embargo, los estudiantes de la ley DREAM Act han mostrado que pelear  en contra de la detención y la deportación es posible. Conforme han marchado y protestado, han mostrado una y otra vez que detener la ola de control migratorio y cambiar las leyes migratorias están tan conectadas que no puede pelear en contra de una sin pelear en contra de la otra. Al final, la exigencia básica es la misma para ambas –un movimiento social de millones de personas dispuestas a tomar las calles y los salones del Congreso. 


 

                                                                                 Traducción: Rodolfo Hernádez Corchado                                                                                                                         Nueva York, NY

 

      

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