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ENTREVISTA CON VICTOR TORO Cuando los migrantes indocumentados ocupen Wall Street. Segunda Parte.

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 15/11/2011 22:01

"El movimiento de Wall Street ha servido para identificar al enemigo, para que los enemigos queden cristalinos ante los ojos y muestren entonces que los chivos expiatorios en que nos transformaron a los inmigrantes, no era mas que la estrategia de los grandes capitalistas para encubrir su robo, para encubrir sus saqueos."

ENTREVISTA CON VICTOR TORO Cuando los migrantes indocumentados ocupen Wall Street. Segunda Parte.

Claudia Villegas Delgado

ENTREVISTA CON VICTOR TORO

Cuando los migrantes indocumentados ocupen Wall Street


Por Claudia Villegas y Rodolfo Hernández

Miembro fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionara (MIR) en Chile, prisionero político durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, exiliado político, y activista incansable en la lucha por los derechos de los trabajadores y los migrantes indocumentados en Nueva York y Estados Unidos, Víctor Toro -quien injustamente enfrenta un juicio de deportación y es acusado de haber pertenecido a una organización terrorista, el MIR- platicó en el sur del Bronx con Huellas Mexicanas acerca del Movimiento Occupy Wall Street y del papel de los millones de migrantes indocumentados y los mexicanos en el futuro de dicho movimiento.

 

Víctor Toro: En este cuadro es que aparece el movimiento del Wall Street. No es algo que se instaló como el Hollywood de la indignación, el Hollywood de la protesta en la Plaza Liberty o en la plaza de enfrente. No: es una expresión de la lucha de clases encubierta que se viene desarrollando por largos años y que hoy ha salido a la superficie y empieza a manifestarse en diferentes lugares de la sociedad norteamericana de una manera más abierta. Siempre es lucha de clases, sea encubierta o abierta. Siempre es lucha de clases, no hay otra forma en que se presente la gente que vive de un salario y del que vive del salario de la gente que trabaja. Se puede haber que hayan años de silencio, de esta lucha encubierta. Siempre habrá una lucha de clases, y esa es una expresión mínima de la lucha de clases. Esos son los hijos de los estudiantes que han tenido problemas para continuar con sus estudios y está ahí en el Wall Street; esos son los hijos de las mamás y los papás que perdieron sus casas en la crisis hipotecaria; esos son los que se quedaron desempleados en distintas corporaciones, incluso bancarias que fueron quebrando, que obligaron a quebrar; esos son los hijos de la pequeño burguesía y de la clase media norteamericana que viven una situación difícil incluso, que muchos de ellos han sido arrastrados al desamparo, al desempleo y a vivir como pobre, porque los últimos índices sobre pobreza en Estados Unidos, dicen que uno de cada 10 norteamericanos –pensando que son 350 millones los que aquí viven- o ya vive en la pobreza o está en camino a la pobreza.

Entonces, ese es el cuadro por el cual se levanta este movimiento del Wall Street: logra interpretar el querer y el sentir sensible de mucha gente afectada por la crisis y veinte tipos que se instalan un 17 de septiembre inicialmente ahí en esa plaza frente a un centro tan simbólico como es el Wall Street, la institución, la organización más corrupta, más odiada, más identificada del mundo como la responsable de la crisis mundial y logran entonces concitar la atención mundial de los medios de prensa, logran concitar el sentir y el querer de la gente, logran el apoyo efectivo de un poderoso movimiento de descontentos y hoy son una fuerza indiscutible de la coyuntura, del momento puntual, de la lucha de clases en sus particulares condiciones, de un movimiento que podrá desarrollarse por largo, mediano o corto tiempo, dependiendo de que si las condiciones subjetivas que necesita para que se desarrolle se presentan y le abren las puertas.

Estoy hablando en el sentido de que si este movimiento logra concitar el apoyo de los sindicatos de la clase obrera, del sector más afectado -incluso más que ellos- de las organizaciones de los barrios, de las comunidades, de los pobres, los marginados de los Estados Unidos, especialmente de la juventud y mujeres que son los grupos que más sufren las consecuencias de la recesión. Si ellos logran integrar, porque sí, ya han atraído el cariño y el aprecio de todo el movimiento de descontentos; pero no basta. No basta con cariño, también hay que hacer el amor y a ellos les falta hacer el amor con la clase obrera, con el pueblo, con los obreros, con los campesinos, con las fuerzas motrices de la producción, con las fuerzas motrices de toda revolución. Entonces, si ellos no logran encauzar su lucha con toda la lucha histórica, incluso con la de los inmigrantes, sino logran atraer la lucha de los inmigrantes y transformarlo como una lucha común, una lucha conjunta -y nosotros también tenemos que hacer lo mismo- ese movimiento podría pasar a la historia como algo simbólico, significativo, importante que dejará sus contribuciones, su aporte, pero estaríamos diciendo en los próximos meses: la lucha continua.

Porque no basta que se desarrollen las condiciones objetivas en una sociedad, no basta que las masas se lancen a la calle por su cuenta, por su propia iniciativa, no basta con generar movimientos puramente figurativos, sino somos capaces de generar los movimientos reales, los movimientos encubiertos de la sociedad, de la gente que vive la opresión y la explotación centenaria en la industria, en la minería, en el campo, en los servicios, en los principales centros productivos de la sociedad norteamericana. No estamos en la dirección correcta si eso no se produce.

Yo creo que hoy más que nunca los revolucionarios norteamericanos trabajen, trabajemos en la construcción de todos los pequeños elementos, desde los más simples hasta los más complejos para que se desarrollen las condiciones subjetivas: la organización sindical, la organización social, la organización comunitaria, la organización de la juventud, la organización de la mujer, la organización de la clase obrera, la organización de los campesinos, de todos los sectores afectados por la crisis, pero en una dirección de clase, en una dirección combatiente, hacia la idea de lo que aquí está en crisis no es sólo el Wall Street, y que el enemigo no es sólo el Wall Street, es el Wall Street y todo su complejo mundial de opresión y de explotación: el capitalismo, el imperialismo, el complejo industrial, minero, el complejo agrícola, el complejo marítimo, el complejo urbano, el complejo de las mafias, de la salud, de la educación, el complejo que se mueve tras el complejo burocrático, el capital financiero, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial de Comercio, las Naciones Unidas incluso, que avalan intromisiones y participaciones en guerras como la de Libia y que ha perdido toda su legitimidad.

El movimiento de Wall Street ha servido para identificar al enemigo, para que los enemigos queden cristalinos ante los ojos y muestren entonces que los chivos expiatorios en que nos transformaron a los inmigrantes, no era mas que la estrategia de los grandes capitalistas para encubrir su robo, para encubrir sus saqueos llevado a cabo justamente desde el Wall Street y de todos estos complejos, como el militar, que ha sido el que más ha invertido dinero desde los bolsillos de los contribuyentes en los Estados Unidos, llevando todos esos capitales a guerras innecesarias como en Irak, Afganistán, Libia y casi todos los países del Medio Oriente y en la propia América Latina, que si bien es cierto no ha habido una guerra declarada como la que hemos sufrido en el Medio Oriente y en el África del Norte, ellos también han desarrollado una guerra económico-social con los llamados acuerdos de libre comercio y que sin mucha intervención militar -como el golpe de estado en Honduras, o la intervención de las bases militares en Colombia - toda esta ofensiva de los acuerdos de libre comercio para América Latina, con un poco de presión para los lambe botas de la burguesía latinoamericana, han logrado implementarlos y desarrollar su estrategia que le es coherente a la estrategia que tienen a nivel internacional, especialmente en el Medio Oriente.

Esa es la forma como los gringos, paralelamente a la guerra, paralelamente a su estado de gran represión que mantienen en este país, lo desarrollan a nivel de América Latina, y sin muchos aspavientos, sin muchos escándalos esto se ha venido produciendo, incluso asustando a los llamados gobiernos progresistas y a todas las ideas reformistas de América Latina, incluso hasta los que predican un llamado socialismo del siglo XXI. Todos estos aparecen como cosquillosos, como en retroceso y por eso muchas veces ocurren hechos que aparentemente no se entienden, como el retorno de Manuel Zelaya a Honduras, el arresto de un famoso poeta colombiano en Venezuela, o la expulsión de guerrilleros de Venezuela a Colombia, etcétera, que se enmarcan en una política de gran presión y de gran chantaje de Estados Unidos sobre América Latina. Y a nivel económico, pues lo más grave son los famosos acuerdos de libre comercio que es la moderna forma de rapiña.

HM: Víctor,  algunas de las reivindicaciones que aparecen en el movimiento Occupy Wall Street plantean regresar al viejo sistema de privilegios del cual se han beneficiado algunos de los que están allí. ¿Cómo se podría avanzar en esas reivindicaciones y de qué forma los migrantes en esta ciudad o en Estados Unidos podrían impulsar un cambio en la forma en como se están desarrollando los acontecimientos?

V: Yo creo que las reivindicaciones, la plataforma de los indignados, es expresión de eso, solo ellos son indignados. No se proclaman como un movimiento anti-capitalista ni anti-imperialista, pero si son la expresión de la explosión de un primer movimiento en el contexto de la crisis coyuntural que vive el capitalismo. Eso es una primera cosa. En segundo lugar, si son expresión de la lucha de clases. La lucha de clases, la que lleva la clase obrera, los sectores productivos principales siempre involucran a infinidad de sectores en el enfrentamiento y estos siempre asumen diferentes comportamientos y diferentes reivindicaciones, y las reivindicaciones de la clase media y de la pequeño-burguesía no pueden ser las de la clase obrera, las del socialismo, las de una organización revolucionaria, hasta que las fuerzas motrices principales afectadas por la crisis y por este despertar, este desarrollo de la lucha de clases no se vayan perfilando como protagónicas. Sólo tenemos que entenderlo como un movimiento más, como al lado del movimiento de los inmigrantes, y los inmigrantes tienen su propia plataforma y sus reivindicaciones golpean y amenazan mucho más fuerte incluso que los propios indignados al sistema, que tiene que resolver su situación. Es más difícil para el sistema el resolver la situación de 20 millones de inmigrantes indocumentados que resolver algunas de las peticiones que plantean los indignados, porque es como salvar su propia crisis, y por ello es que logran reunir 400 mil dólares de sostenimiento de su movimiento. No hay obrero que pueda aflojar diez dólares hoy para sostener un movimiento. Esos diez dólares están para la leche, para el pan, para la renta, para la comida, para el pasaje. Entonces, son situaciones diferentes, son movimientos transitorios en el curso de la lucha, los primeros movimientos que se desarrollan. Y seguramente en el transcurso del tiempo si esta crisis sigue sosteniéndose y golpeando sectores de la clase media y pequeña burguesía propietaria, comercial, urbana, sub-urbana, incluso rural; seguramente seguirán dándose movimientos de estos sectores con reivindicaciones muy propias del sector afectado. No creo que nosotros tengamos la posibilidad, sino desarrollamos nuestras propias fuerzas de pedirle a la clase media que levante la ideología del proletariado. Es imposible.

HM: Ni la de los migrantes.

V: Ni siquiera de los inmigrantes, ni siquiera. Puede ser que haiga algún nivel de sensibilidad con las causas de los inmigrantes y con algunas otras causas, pero en el discurso. Pero en la implementación practica de sus reivindicaciones, en el dialogo y en la confrontación con los que podrían ser los enemigos de los indignados, pues nosotros lo más probable es que si no desarrollamos fuerzas propias, si nosotros no ocupamos plazas, si nosotros no vamos a la huelga, si nosotros no ampliamos nuestra organización, si nosotros no generamos una propia alianza social revolucionaria, un directorio nacional revolucionario de todas las fuerzas anti capitalistas en los Estados Unidos, si nosotros no desarrollamos eso, nosotros no podemos esperar que lo hagan por nosotros. Esa es una tarea de la propia clase obrera, una tarea de los propios luchadores sociales, de los propios revolucionarios. Y apoyamos personalmente eso no como la panacea de la posibilidad de un cambio, sino que como un gran aporte a todas las causas y como una muestra que nos sirve para explicar la crisis, para mostrar lo engañado que estaba la sociedad sobre quiénes eran los culpables y los causantes de esta crisis. No son los 12 millones de inmigrantes, son el Wall Street, son los grandes capitalistas, son los poderosos, son los que invierten los recursos en la guerra. Y en eso están haciendo un aporte, en la clarificación de la lucha política, la lucha económica. Pero también para establecer un dialogo fraternal con los indignados, llamándolos a que ellos también entiendan su lucha en el contexto de la lucha de las fuerzas motrices de todo cambio, de todo proceso de cambio y de los únicos que lo pueden cambiar y que además son los que llegan hasta el final, y que son los obreros, los campesinos, los trabajadores de los mercados, los supermercados, de los restaurantes, de los hoteles, las mujeres que trabajan cuidando niños, de los que manejan, el tren, los autobuses, los taxis, etcétera. O sea, los pobres del campo y la ciudad. Además de que la fuerza motriz -y eso no hay que olvidarlo nunca- es la clase obrera. Y aquí hay todavía, en crisis pero hay, un poderoso movimiento obrero, metalúrgico, industrial, minero y agrario. Esas son las fuerzas motrices, son las fuerzas más directas, vinculadas a la producción. Mientras esas no se levanten por sus propios medios, por su propia fuerza, nosotros no podemos hacernos ilusión de un levantamiento militar progresista, ni de un grupo de millones de indignados en Francia, ni en España, ni de un millón en Chile. Son movimientos generales, auto convocados, con mucho descontento, tienen un montón de virtudes porque no creen en el viejo liderazgo político, son críticos al sistema, están pensando en algo de futuro que no saben que, pero van para allá. Entonces, todo lo positivo es lo que nosotros tenemos que rescatar de ahí, especialmente la juventud. Interesa la juventud de ese movimiento, pero también en un frontal combate a la utilización que siempre quieren hacer de este movimiento los Republicanos y los Demócratas, sobre todo en tiempos de elecciones. Y no sólo de este movimiento, lo hicieron con nosotros los inmigrantes en las elecciones pasadas, que nos engañaron con la idea de que nos daban una amnistía a cien días, ganara quien ganara. Y ahí estamos todavía, lo mismo pueden hacer con los indignados. Los Republicanos y los Demócratas son los políticos más farsantes que hay en la humanidad. Son los maestros de los lambebotas de nuestras burguesías en América Latina. Así que como decía el Che Guevara, ‘¡no hay que creerles ni así tantito!’

 Continuará...

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