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El viernes primero de mayo en NY

por Claudia Villegas Delgado Última modificación 16/05/2009 15:37

Mis imágenes de este primero de mayo se cruzan con las imágenes que recogí de la ciudad en mi trayecto del trabajo hacia el mitin que se concentraría en la plaza de Union Square en Manhattan.

El viernes primero de mayo en NY

Claudia Villegas

Mis imágenes de este primero de mayo se cruzan con las imágenes que recogí de la ciudad en mi trayecto del trabajo hacia el mitin que se concentraría en la plaza de Union Square en Manhattan.
Como todos los viernes al salir del trabajo, mi viaje de regreso me llevaría a tomar el ferry que va de Staten lsland al Battery Park en el sur de Manhattan. Y como todos los viernes, esperé el momento del viaje en el que observo a los muchos turistas que utilizan este mismo transporte público para retratar y retratarse con la estatua de la Libertad. La vista es insuperable, y mejor aún, el viaje es gratis.
Como todos los viernes, ese simple acto de mirar nunca deja de intrigarme, pues me lleva siempre a pensar en los múltiples significados que la historia y la experiencia de la migración en esta ciudad pueden tener para propios y extraños. Se dice, por ejemplo que la estatua de la Libertad fue la primera imagen que los migrantes que cruzaban el Atlántico veían al llegar a la Isla Ellis, el principal puerto de entrada a Estados Unidos desde 1892 hasta 1954, y por el que entraron más de 12 millones de migrantes a Estados Unidos, principalmente de Europa. Desde entonces, propios y extraños han alimentado el esterotipo de una Libertad encarnada en esa mujer que con su antorcha eternamente iluminada, pareciera salvaguardar la  puerta de entrada al ahnelado “sueño americano” que, según el mismo estereotipo han perseguido los millones de migrantes que han llegado, que pasan, o se quedan en la ciudad de Nueva York.
Paradójicamente, aquel viernes primero de mayo la imágen de esa Libertad estuvo también presente en el mitin, no como aquella mujer protectora e invitante, sino como la vigilante que cierra la entrada a los migrantes sin documentos. “No tresspassing” (Prohibida la entrada) podía leerse en una camiseta con la imágen de la estatua. El mensaje lo portaba orgulloso uno de los miembros de los “New Yorkers for Immigration Cultural Enforcement”, una organización que presume de “hacer el trabajo que el gobierno no quiere hacer”, es decir, cerrar la frontera a la migración indocumentada. La provocación era directa, pero a la vez carecía de importancia, pues la presencia del grupo se reducía acaso a una docena de personas plantadas frente a la tienda de discos Virgin Megastore, que con grandes letreros anunciaba el cierre final de la tienda: “Closing sale”, “Everything must go”. Las señales de la crisis se alternaban con el mitin.
Lo realmente importante sucedía del otro lado de la calle, en la plaza de Union Square, donde cientos de migrantes – en su mayoria hispanos, muchos de ellos mexicanos, y quizás los más, indocumentados, aguantaban el aguacero y se resguardaban bajo sombrillas, periódicos, pancartas, y bajo un gran plástico azul, del cual sólo asomaba  la consigna “Stop dividing families”  (Acabar con la separación de las familias). El mitin del primero de mayo transcurrió una buena parte bajo la intensa lluvia. Por momentos fue imposible distinguir un solo rostro entre la multitud, sin embargo, la gente permaneció ahí hasta el escampe.
Después de la lluvia, mis imágenes de este primero de mayo, son las de los rostros de los migrantes, de los rostros de trabajadores migrantes hombres y mujeres, familias,  hablando y traduciendo en inglés y en español mensajes de solidaridad para los trabajadores, demandando la legalización y una reforma migratoria justa. 
Son los rostros de jóvenes llevando en el cuerpo una bandera mexicana, y marchando con ella en el contingente de vanguardia. O los de aquellos otros chavos, los concheros mexicanos que danzaron durante el mitin, y que como todos, marcharon luego hasta la plaza del edificio de migración al sur de la isla. Son los rostros de las mujeres ambulantes -muchas de ellas mexicanas, alzando la voz. Esas mujeres vestidas todas ellas con una camiseta roja, de rostros cansados y adustos, y también demandando: “Vamos unidos”, “Que documenten a los indocumentados”.
Tambien hubo los rostros de reflexión, más pensativos, callados, pero igualmente apoyando.  Y uno que otro rostro sin rostro, como el chavo del pasamontañas zapatista y la camiseta con el Sup Marcos. Este jóven, mexicano y zapatista, bailaba a ritmo de Ska, y sostenía una manta demandando la aprobacion del “Dream Act” (Development, Relief and Education for Alien Minors Act, por sus siglas en inglés). El Dream Act es un proyecto de ley que busca la obtención de la residencia temporal para los hijos de indocumentados que vivan en los EU y se hayan graduado del bachillerato; la residencia temporal les permitiría ingresar a la universidad y obtener una educación superior en este país. “Tenemos un sueño. Dream Act now”, se leía en la manta de otro contingente de mujeres, todas ellas jóvenes inmigrantes. “United”, se leía entre las manos de un migrante que sostenía de un lado, la bandera mexicana, y del otro la bandera estadunidense. “Alto al ataque policial en la zona triestatal en contra de jornaleros”, decía en español la manta de los jornaleros. “No a las deportaciones”, “No al muro” (fronterizo), “Legalizacion ahora”. “United Day Labores Fighting for our rights”.
De muchas maneras, las imágenes de este primero de mayo están ligadas con la historia y la experiencia de la migración en esta ciudad, y por supuesto en este país. La migracion mexicana, la vida de los trabajadores mexicanos y sus familias, su necesidad de alzar la voz y participar, como se vio este primero de mayo, es ya una parte fundamental de esta historia. Yo misma soy ahora una inmigrate mexicana viviendo y trabajando en la ciudad. Quizás por ello me intriguen tanto estas imágenes y los rostros que aquí he retratado.  Quiza por ello siento la  necesidad de contar en esta columna su historia y a través de ella, reconstruir la conexión de los mexicanos con la ciudad. Contar esa otra parte que casí nunca se escucha: la de cómo los mexicanos están construyendo y afirmando su lugar y su espacio en la historia y la memoria de esta ciudad, tan extravagante como profundamente desigual.

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