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El padre Solalinde, “un padre sin miedo.” Mensaje de esperanza a Nueva York

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 29/02/2012 19:40

El Padre Solalinde es un ser humano que se despega del egoísmo, que lucha y resiste, aún cuando en ello vaya en riesgo su propia vida.

El padre Solalinde, “un padre sin miedo.”  Mensaje de esperanza a Nueva York

Francisco Ramírez

Por Francisco Ramírez

Hace poco más de una semana, en el mes de febrero, tuvimos el honor de ser visitados por un personaje ejemplar, un personaje defensor de los derechos humanos y civiles de los migrantes centroamericanos y sudamericanos que cruzan –en su paso hacia Estados Unidos- la frontera entre México y Centro América y el territorio mexicano. Se trata de un personaje que está bien agarrado de Dios y con envidiable fe. Es un personaje  singular y único, es el Padre Solalinde… un Padre sin miedo, y quien a pesar de las amenazas de muerte que ha recibido por gente desalmada (policías, políticos, narcotráficantes) que ven en él una amenaza para sus malsanos intereses, no ha parado de luchar por los derechos humanos. 

El agradable acontecimiento tuvo lugar en el centro Filipino ubicado en el condado de Queens, Nueva York. Su plática se llevó a cabo a pesar de no haber contado con mucha propaganda de los medios de comunicación. Las palabras dirigidas a los pocos asistentes, fueron como alicientes para motivar, no perder la fe en la humanidad y crear conciencia en nosotros. Las experiencias vertidas de su trabajo con los migrantes, fueron el testimonio de una persona, de un ser  humano que tiene fe y la fiel creencia en un Dios mucho más superior  y poderoso al mío y al de muchos. Fue el testimonio de una persona que basada en su fe tiene el compromiso social de servir como Jesucristo correctamente lo predicaba. El Padre Solalinde es un ser humano que se despega del egoísmo, que lucha y resiste, aún cuando en ello vaya en riesgo su propia vida. Viniendo desde miles de kilómetros de distancia, éste Padre hace el llamado para que seamos mejores humanos y nos hace entender a los pocos que estuvimos allí, que la vida es una sola y que tiene el mismo valor para todos, seamos ricos o pobres, porque el dinero no compra la salud ni mucho menos la vida.Solalinde

También,  con la ayuda de imágenes que mostraban a los migrantes  viajando sobre los vagones del tren, y con sus palabras, nos explicaba todo el valor humano, moral, espiritual y cultural que él percibía en todos los migrantes con los cuales tenía contacto al albergarlos por unos días en su travesía. Sin embargo, lastimosamente, y eso lo digo yo, todos esos valores se desvanecen mientras uno se va incrustando en un sistema capitalista como el de Estados Unidos. El virus del dólar despoja a la mayoría (aquellos que no están bien agarrados) de los individuos de su humanidad, de sentimientos y hasta valores morales y espirituales. La esencia del Padre Solalinde no era la de un Padre común; más que como Padre, lo percibí como un luchador social comprometido con su tiempo y el tiempo tan difícil que vivimos. Su voz y apariencia pasiva, tranquila y alegre, destilaba mucha paz espiritual. Yo conocía su trayectoria y su trabajo, mismo que se ha difundido en los medios de comunicación y la Internet,  y admiraba su valentía y agallas. Nunca lo había escuchado hablar, pero cuando él lo hacía, notaba que hablábamos casi el mismo idioma: el del corazón y la conciencia. Y así  mismo  coincidí con él en varios puntos; por ejemplo de que hay varios dioses aquí en la tierra y todos los hombres –dependiendo de su religión- crean y creen en su propio dios.Solalinde II

El Dios más común -y coincido con él- es el del dinero. Decía también que ni el propio empresario y multimillonario mexicano Carlos Slim se salvaría de la muerte aunque vergonzosamente para nosotros los mexicanos, sea el hombre más rico del mundo. El Padre Solalinde relató también historias tan maravillosas, motivadoras  e increíbles de personas provenientes de Europa y Estados Unidos que aún teniendo una buena posición económica y estudios superiores o doctorados,  se alistaban a sus filas en México para sentir esa sensación y satisfacción de servir al prójimo. Inexplicablemente estas personas pagaban a una agencia miles de dólares para dicho fin. Después de su charla se le acercaron unos compatriotas de una organización nueva llamada “Organización Tlaxcala en Nueva York” para pedirle consejos y la bendición de su grupo, a la cual el Padre accedió gustoso.

Solalinde IIIAl final y satisfecho por el evento y visita de este gran hombre, le di un gran abrazo, estreché su mano y saqué de mi cartera una estampilla de un  cristo ya todo viejo que me acompañaba por algún tiempo. Se lo di, no como protección, ya que como él me recalcó, él ya no la necesitaba. Sin embargo le ofrecí la estampilla como señal y recordatorio de su paso por este lugar, que curiosamente quienes cruzamos por  los dominios del Padre Solalinde,  venimos a dar acá en la calle 69 y la avenida Roosevelt, lugar que nosotros los jornaleros frecuentamos pacientemente en busca y espera de un trabajo que se nos ofrezca por algunas horas o días.

 

Francisco Ramírez 

Brooklyn, NY. Febrero de 2012

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