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El Brazo y la Espalda

por Javier Perucho Última modificación 04/05/2010 21:03 DR © Javier Perucho, mmx, México

Cómo han sido representados los migrantes mexicanos en el arte, cómo su cultura, tradiciones e idiosincrasia se registran en las disciplinas artísticas mexicana, chicana, estadounidense, europea y latinoamericana. En principio como símbolo, indicio y emblema. ¿De qué? Esta columna intentará responder tal interrogante

El Brazo y la Espalda

Javier Perucho © Barry Domínguez

HENRY REYNA, MEXICANO

 

Javier Perucho

 

La reciente puesta en escena de Zoot Suit por la Compañía Nacional de Teatro, dirigida por el mismísimo Luis Valdez, autor de la obra fundacional del teatro chicano, obliga a tener en perspectiva no sólo la hostilidad cíclica de que son objeto las comunidades latinoamericanas arraigadas en Estados Unidos, sino también su importancia para la economía de las naciones expulsoras, el reservorio demográfico y el capital político de los connacionales que representan para los sistemas electorales de los principales estados “exportadores” de mano de obra calificada y sin preparación.

Nunca como hasta ahora las culturas chicana y mexicana que florecen en Estados Unidos han tenido tanta difusión, reconocimiento y cálida recepción fuera de ese país. Valga como ejemplo que el Museo Reina Sofía (Madrid) alberga en una de sus salas la magna exposición Marcos de reclusión, que exhibe la pintura melancólica de Martín Ramírez, el indocumentado mexicano que trazó sus dibujos en un hospital californiano para enfermos mentales durante la Gran Depresión. Y cuyo legado artístico irremediablemente se ha perdido para el país de expulsión (México), pues fue confiscado alegremente por el que lo acogió (EE UU), aunque lo haya encerrado tras muros de contención psiquiátrica.

La valoración de la pieza teatral, su importancia para el movimiento chicano en la década vigesímica de los sesenta, vigencia y aportes a los acervos culturales de los “latinos”, ha sido una tarea postergada de los estudios universitarios, la república literaria y las instituciones culturales, entidades que en principio les corresponde la compulsa de los patrimonios artísticos. Máxime cuando se trata de acervos gestados por las comunidades en la diáspora, como la mexicana, indígena o chicana, realizados allende las fronteras nacionales.

Justamente Zoot Suit expone uno más de los acosos sistémicos que han padecido y soportado las comunidades chicana y mexicana en Estados Unidos por el sistema legal, las fuerzas del orden, la preeminencia racial, el factor educativo y la pirámide social, que confluyeron ayer —como hoy en Arizona— para encontrar un chivo expiatorio con el que cebarse, ya para remontar en las encuestas, presionar al oponente político, ganar adeptos para el conservadurismo republicano o amartillar al vecino sureño con la deportación masiva de sus ciudadanos. Como sucedió con las anteriores iniciativas racistas, en un par de años la sb 1070 perderá sus fortalezas de naipe y se vendrá abajo, derrengada por su infamia. En cambio, las expresiones artísticas de aquellas minorías adquieren mayor prestigio cultural como avanzan los años. Tal como sucede con el drama de Valdez, quien lo llevó a un escenario hace ya más de tres décadas en un teatro de Los Ángeles para de ahí ganar un lugar consagratorio en Broadway y la meca del cine.

La obra dramática de Luis Valdez por primera ocasión se traduce al español mexicano, se produce, monta y dirige fuera de Estados Unidos. La puesta en escena de Zoot Suit conserva el español vernáculo, respeta el caliche, mantiene las voces anglosajonas y el spanglish de su versión original en inglés. Al igual que la música y el vestuario pachuco de la época. Más allá de recrear el conflicto de las bandas juveniles, el asesinato de un bato de otra pandilla, expone el racismo de que fueron objeto los pachucos, símbolo mayor de los chicanidad, al acusar a Henry Reyna de salvaje, analfabeta, moreno y mexicano. Si a esos elementos escenográficos y hechos de sangre, se añade en proporción menor una relación amorosa entre Reyna y Alice Bloomfield, activista social, tendremos los elementos que coincidirán en el vértice del conflicto.

El distanciamiento brechtiano, el final abierto, las apelaciones al público asistente dan muestra de la madurez y complejidad de un drama que recrea un conflicto social, el cual se apega a la verdad histórica, aunque Valdez retocó con una pizca de ficción las eventualidades del juicio sumario a los seis integrantes de la pandilla de la calle 38, conocido en su momento como el caso de la “Laguna somnolienta”.

 

Zoot Suit, Luis Valdez, director, Compañía Nacional de Teatro. Funciones en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, del Centro Cultural Universitario, ciudad de México. MMX.

Acciones de Documento

sobre el articulo

Enviado por Alejandra Castaneda en 12:14
Gracias Perucho por tu articulo tan enriquecedor y por mostrarnos su actualidad, verdadera escencia de un clasico, como es el caso de Zoot Suit.

sobre el comentario

Enviado por Javier Perucho en 18:02
No tienes nada que agradecer, apreciada Alejandra. Al contrario. En mi historia internética, virtual y bloggera no me habían formulado un comentario, hasta ahora. El tuyo es el primero que recibo. Imagínate cómo me dejó: la puerta de mi estudio me queda angosta; su cieloraso, bajo, y su piso parece alfombra.

JP, sirenólogo,
Miretario: cuatario.blogspot.com/
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