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TRANSHUMANTES. De la Montaña al norte. Con la ayuda de los santos

por Jaime García Leyva Última modificación 03/06/2009 19:52

Los peligros del viaje hacen que el fenómeno de la migración cobre dimensiones religiosas. Antes de partir y en el camino muchos migrantes se encomiendan a la virgen de Guadalupe, a Cristo, a Tata Nicho y otras figuras del santoral católico.

TRANSHUMANTES. De la Montaña al norte. Con la ayuda de los santos

Jaime García Leyva

I
Arturo tiene 32 años. Es originario de Quiahuitlatzala. Un pueblo Na Savi de la región de la Montaña de Guerrero. Al culminar sus estudios de bachillerato en Tlapa, migró a los Estados Unidos. Contaba entonces con 18 años de edad. Sin recursos económicos para seguir estudiando optó por irse de mojado y cruzar la frontera. Después de estancias en New York. Ha regresado a Tlapa. Con sus ahorros construyó una casa donde vive con sus hermanos. Actualmente administra un negocio de abarrotes. Tiene un vehículo. Un volskwagen que le permite desplazarse de su pueblo a la ciudad de Tlapa. Es quien lleva las riendas de la casa junto con su mamá. Su padre murió hace varios años. Arturo no quiere regresar al norte. “Esta dura la situación allá. Es difícil. A algunos les va bien y a otros mal o más o menos. Pero se sufre mucho lejos de la casa”. Dice.

Es un fervoroso devoto de la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Juquila. Desde hace cuatro años participa en el comité de la carrera guadalupana de Tlapa. Corre a  la ciudad de México el 12 de diciembre y cada año realiza un viaje a Santa Catarina Juquila, Oaxaca. Sede de la iglesia donde se le rinde devoción a la Virgen de Juquila. Su devoción y fe le ha llevado junto con su familia a construir una pequeña capilla y altar de esta virgen en su pueblo natal. La devoción que tiene, indica: “son promesas que hice y que tengo que cumplir. Es por haber regresado bien y estar con mi gente mi familia”. Estas historias son comunes en la Montaña de Guerrero.

II

El viaje, irse de mojado, ilegal, cruzar la frontera o la línea, ir pal norte, para Nueva York, al gabo,  el otro lado, los Yunait Esteists, los iuesea (USA), gabacholandia; tiene un significado más profundo para aquellos que realizan este sinuoso circuito y viaje hasta sus destinos de arribo en los Estados Unidos. Cuando alguien cruza la frontera del norte, -cualquiera que haya sido la manera de hacerlo-, se suma un individuo más a formar parte de ese colectivo social denominado como migrantes. Pero no es una cifra más en las estadísticas de la migración que abarrotan los informes de población, económicos o gubernamentales.  Ese individuo migrante es un sujeto, una persona con una historia, familia, cultura y parte de un colectivo social cuya migración obedece a causas profundas y de distinto tipo.

Cruzar la frontera representa una serie de expectativas económicas y de diversa índole. A los viajeros les acompaña un cúmulo de sueños, historias, responsabilidades individuales, familiares u otras emociones.

III

El viaje representa reunir la cantidad de dinero que hay que pagar al coyote o pollero. Despedirse de los amigos, la banda, la raza, los cuates, la novia, los padres, los abuelos y la familia extensa. El viaje es una aventura en la cual se puede salir con vida, llegar bien, arribar con amigos, pasar situaciones difíciles peligros y jugarse la vida al cruzar la frontera. Desde el agandalle de autoridades y policías hasta peligros naturales o en territorio extranjero. Hay quienes desafortunadamente sufren vejaciones, humillación, pasan hambre, inclemencias naturales o mueren en el camino y no se sabe donde quedan sus cuerpos. Hay un sinnúmero de familias en la región que dan por perdidos a sus familiares o desde hace años no saben nada de ellos. 

Los peligros del viaje hacen que el fenómeno de la migración cobre dimensiones religiosas. Antes de partir y en el camino muchos migrantes se encomiendan  a la virgen de Guadalupe, a Cristo, a Tata Nicho y otras figuras del santoral católico. Entre los indígenas Na Savi de la región de la Montaña, antes de iniciar el viaje,  algunos acuden con los rezanderos para solicitarles que  “recen por ellos”, “que enciendan un vela”, hagan plegarias para que sus deidades o los santos les protejan en su viaje. Los rezanderos piden, ruegan, claman y fungen como intermediarios para solicitar a las entidades naturales protejan a los viajeros de las inclemencias, sufrimientos y peligros a que se enfrenten. O igualmente encuentren un “trabajo bueno” que les de sustento.  

Entre otras actividades que realizan los rezanderos es recurrir sus prácticas adivinatorias. Por medio de barajas y el maíz “sacan las suerte, miren el tiempo o auguran el destino”.  Acompañan esta práctica con rezos en su lengua materna. Es una actividad muy frecuente entre los migrantes indígenas de la región.  Es parte de la visión del mundo que tienen y han configurado históricamente ante la cual, ante las inclemencias de un modelo neoliberal en boga y arremetedor, en el cual son parte de un engranaje y vasallaje despiadado. Ante las ineficacias de autoridades y gobierno que, en vez de propiciar estabilidad o garantías sociales, los indígenas y migrantes se encomiendan a sus deidades que les acompañan desde hace siglos de dolor y pobreza. De esta manera se viaja al norte con las expectativas puestas en un trabajo y dispuestos a sortear los obstáculos más difíciles.

V

El viajar siempre es incierto y produce la separación con los seres queridos,  aflicción, sentimientos y dolor. Por ello se encienden flores, se prenden velas o se piden misas.  Se encomienda a los santos más venerados de la región. Al Señor del Nicho en Tlapa, a San Diego de Alcalá en Xochihuehuetlán, el señor del Santo Entierro en Xalpatláhuac, a Santa Mónica en Alcozauca, a San Miguel en Metlatónoc y Malinaltepec, a San Francisco en Olinalá y a los santos patrones de los lugares de origen. Por ello una manera de agradecer es pegando dólares o billetes de alto valor a las ropas y atuendos de estos santos u otros.

La bonanza económica de los migrantes, a costa de gran sacrificio laboral, repercute en la adquisición de bienes materiales, envíos de remesas y la transformación del paisaje urbano:  la construcción de casas, compra de vehículos, terrenos y otros. También tiene una dimensión religiosa visible. Como muestra de agradecimiento a las divinidades y/o espíritus, se realizan el cumplimiento de promesas, mandas, peregrinaciones o aceptar responsabilidades religiosas como fungir como mayordomos o encargados de actividades religiosas. Algunos, los más jóvenes, se dejan crecer el cabello largo,  se dibujan tatuajes alusivos a cristo o la virgen de Guadalupe. Otros realizan o pagan misas, aportan cooperaciones, donan objetos materiales: sillas, bancas, flores, estandartes; realizan reconstrucciones de lugares sagrados como iglesias o capillas.

VI
La dimensión religiosa de la migración se muestra a través de diversas acciones. Los envíos, ahorros o recursos de estos son utilizados también en las fiestas de bautizo, en las bodas, en la celebración de los 15 años, en los adornos a la iglesia, en las fiestas patronales. En el pago de las bandas y grupos musicales en las fiestas patronales de los pueblos de la región. En la cooperación de los premios de los torneos deportivos regionales.

Algunos migrantes participan en mayordomías. Aportan recursos para la comida colectiva, el pago de los grupos de baile popular en las fiestas. Incluso en algunos casos existe una competencia para mostrar quien o quienes aportan mayor cantidad, otorgan el mejor premio o hacen la mejor donación en especie para la iglesia o la comunidad.

Se coopera para el santo, para las hermandades y las cofradías. Los mismos migrantes cargan con sus reliquias, escapularios bendecidos, playeras u otros objetos religiosos a los que otorgan un valor simbólico. En particular, en Tlapa, algo común que se empieza a dar es la venta de playeras con imágenes del señor del Nicho, que son enviadas a diversos lugares de Estados Unidos, postales, calendarios o videograbaciones de la fiestas.  Otro son los videos que se suben al portal en Internet de la popular página de Youtube.

A aquellos migrantes que cooperan y aportan recursos económicos les son enviadas, como muestra, hasta los lugares donde radican, llegan las fotografías, los videos, las cartas, o se les notifica por medio de llamadas telefónicas y grabaciones en audio. Parte de las remesas son utilizadas para agradecer a los santos y sus entidades sagradas que velan por el bienestar en el extranjero.  Una muestra del dinamismo que cobra la migración y sus dimensiones religioso y popular entre la gente de la Montaña de Guerrero.

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