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Con la Música pal Otro Lado

por Homero Flores Última modificación 31/03/2010 08:09

She Moved Through The Fair (Ella se movió a través de la claridad) es una balada tradicional irlandesa cuyos orígenes tal vez se remonten a la Edad Media. La pieza fue grabada a principios del S. XX por John McCormack, tenor irlandés, muy amigo de James Joyce.

Con la Música pal Otro Lado

Homero Flores

Ella se movió a través de la claridad

A John Riley, in memoriam

Mi joven amor me dijo

A mi madre no le importará

Y mi padre no te va a despreciar

Por tu falta de clase…

Solía sentarse cerca del muelle, a espaldas del muro que alguna vez defendió a la ciudad.

El fuerte de San Juan de Ulúa lo miraba desde la izquierda, pero su atención no estaba en esa mole de piedra de tan triste memoria, sino en el horizonte, donde el sol nacía cada mañana y de donde a veces soplaba un viento fuerte. Cuando soplaba el viento desde el noreste, le gustaba imaginar que venía de Irlanda y le llevaba el olor de su hogar.

Curiosamente no pensaba en Texas, sino en el pequeño pueblo del otro lado del Atlántico que yacía en sus sueños envuelto en una niebla espesa que lo hacía borroso y cada vez más lejano.

Y ella posó su mano en mí

Y esto me dijo:

No falta mucho, amor,

Para nuestro día de bodas.

Tampoco quería recordar lo sucedido en Churubusco, aunque eso era más difícil de lograr. La cicatriz en la mejilla le recordaba a cada rato el rostro de sus soldados al momento de ser colgados, pues no merecían el honor de un fusilamiento. La yema de sus dedos conocían a la perfección la pequeña D grabada a fuego justo debajo del ojo derecho. Desertor decía la letra, aunque la razón le recordaba siempre que había hecho lo correcto. Incluso al gritar, con voz destemplada y en un último acto de valentía, la orden de ejecución de sus propios soldados.

Pretendía dejar todo eso en el olvido, por eso lo ocultaba detrás de la vaporosa cortina del alcohol, y en cambio pensaba cada vez más en Maudie. En ese tiempo ella tendría un poco más de cuarenta años, seguro estaba casada y tendría varios hijos. Pero él la recordaba como la joven de 17 años que no reprimió las lágrimas cuando se marchó a la conquista del nuevo mundo.

Y ella se alejó de mí

Y se movió a través de la claridad

Y con gusto la miré

Moverse aquí y allá

La botella de aguardiente era su compañera. El poco dinero que el gobierno le daba apenas alcanzaba para pagar la pensión, mal comer y comprar alcohol. Pero por más esfuerzos que hacía los recuerdos llegaban y por asalto tomaban el fuerte de su conciencia. Desde el principio supo que su causa estaba perdida; también lo sabía Dalton y los otros que murieron en la horca.

Pero nadie les quitaría el momento de gloria. “Los colorados del San Patricio” les llamaban los mexicanos de otros regimientos. Los miraban con respeto y curiosidad. La mayoría no entendía bien por qué un batallón de extranjeros estaba luchando a su lado, contra el invasor del norte. Contra un ejército del que habían formado parte y al que ahora combatían con toda la fiereza de que eran capaces.

Y después se marchó a casa

Al despertar de la estrella

Como el cisne que en la tarde

Se mueve sobre el lago.

Maudie, la buena Maudie. Su recuerdo se desvanecía a través de la claridad de un cielo despejado. Sólo perduraba su mirada, los ojos enrojecidos por el llanto. Ya no recordaba el tacto de sus manos, o si se habían abrazado alguna vez. No tenía registro de un beso ni de una sonrisa. Sólo el llanto en sus ojos verdes, sus ojos tristes. La imagen se movía a través de la claridad que moría poco a poco conforme la noche avanzaba desde el otro lado del Atlántico, más allá del Golfo de México.

Anoche ella vino

Mi amada muerta entró

Con tanta suavidad llegó

Que sus pies no hicieron ruido

Posando su mano en mí

Esto fue lo que dijo:

No falta mucho, amor,

Para nuestro día de bodas…

“En la Heroica Ciudad de Veracruz, en treinta y uno de Agosto de mil ochocientos cincuenta, Yo Don Ignacio José Jiménez, Cura propio de esta Parroquia, título la Asunción de Nuestra Señora, di sepultura eclesiástica en el cementerio general al cuerpo de Juan Reley, de cuarenta y cinco años de edad, natural de Irlanda, soltero, se ignora los padres, y murió de resultas de embriaguez, sin sacramentos, y lo firmé".[rúbrica]

 

Acciones de Documento

me gusto mucho

Enviado por Alejandra Castaneda en 12:40
felicidades Homero...gracias por esta historia.
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