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Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán en California, E.U. (V de…)

por JIMI Última modificación 17/07/2010 00:12

Lo que a continuación les presento, es la quinta de varias entregas consecutivas de la crónica de mi viaje por el estado de California, Estados Unidos durante el verano del 2008, que realicé con la idea de conocer de manera cercana, aunque algunas unas veces más y otras veces menos, la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán.

Tercera parada (2). El campo Buena Vista, Watsonville, Cal., verano 2008

 

La vida en el Campo Buena Vista

La dinámica para poder ser tomados en cuenta y vivir en el Campo Buena Vista es comprobar que estuvieron en el Valle de Tangancícuaro al terminar la temporada de trabajo en el fil. Y por supuesto que año con año todos lo comprueban, porque claro que todos cumplen el requisito de ir al terruño y obtienen el comprobante de su estancia. Nada de pasarse las reglas por el arco del triunfo. Cómo defraudar a tan generoso país, que es Estados Unidos.

Estar en un Campo como el Buena Vista, significó para mi conocer la vida cotidiana de una comunidad que ha establecido su residencia en Estados Unidos. También ésta visita me sirvió para conocer el cambio que han tenido estos migrantes en su forma de vida. Ya que al salir de su rancho, orillados por la precariedad en que vivían y donde para poder llevar un plato a la mesa y ya no digamos tener otros lujos como ir a la escuela, comprar zapatos o ropa, se tenía que trabajar muy duro; y ya en Estados Unidos con un trabajo igual de duro en los files poder tener acceso a lo que en su comunidad de origen tenían negado. Y claro, esa mano de obra migrante barata está dispuesta a romperse… el alma en los campos para satisfacer la producción de hortalizas y legumbres; frutas y bayas (fresas, moras azules y zarzamoras), para ganarse unos dólares para sobrevivir y en ocasiones, si se dan las condiciones ir de visita al terre en Michoacán.

Ahora estos migrantes, como parte de la “sociedad estadounidense” tienen acceso a los beneficios de poder comprar todo lo que quieran a crédito, y como me dijo un migrante de Jalisco: “este país (Estados Unidos) es como disneylandia, el país de la fantasía, tú puedes comprar todo y tener todo lo que quieras, pero al final nada es tuyo porque siempre lo estas pagando y en una de esas hasta lo pierdes, como ahora las casas con esto de la crisis inmobiliaria…”.

Y haciendo referencia a lo que decía el migrante de Jalisco, referido a los migrantes oriundos del Valle de Tangancícuaro, ahora ya pueden adquirir lo que a lo mejor ni se imaginaron cuando estaban en el rancho cuándo se mataban para poder comer algo y en cambio ahora lo pueden tener. Bueno, ahora también se matan trabajando y de paso también los matan un poquito más todos los agroquímicos que se utilizan en los campos agrícolas para obtener esas deliciosas fresas y legumbres que se producen, y se consumen en Estados Unidos, e inclusive me dijo un migrante que cultiva fresa en Watsonville, la mandan a Japón y a Europa, por su buena calidad. Es así que esos migrantes-residentes ya pueden acceder a otros lujos como un coche, al teléfono celular de última generación y la ropa de moda, que allá, en la sociedad estadounidense, por su puesto, son parte de la vida cotidiana del consumir, consumir… pero después de 10 horas agachados pizcando fresas o metidos en un cooler roseando las fresas con un gas inerte y congelándolas para que duren un poquito más para cuando lleguen a la marketa se vean tan frescas como el día que fueron pizcadas. Pues por lo menos hay que darse un gustito, no, porque no se matan trabajando para vivir como cuando estaban en el rancho…

Un lugar que ejemplifica muy bien este cambio en la vida de los migrantes, y principalmente sus hábitos de consumo, al estar en Estados Unidos, es el estacionamineto del Campo, resulta impresionante, ya que uno puede ver coches y trokas de todo tipo, bueno entre más aparatosa mejor… pero como sabemos tener un coche en Estados Unidos es una necesidad para movilizarse, pero también cumple los sueños de los migrantes de acceder a un bien con el que solo imaginaban y aquí han hecho realidad ese sueño, aunque en muchos casos sea efímero, ya que el coche fue comprado a crédito y quién sabe si en un futuro lo puedan seguir pagando y conservarlo, o a lo mejor cambiarlo por el modelo más reciente.

 

Los hogares, la religión y la vida...

Por lo general las casas del Campo son de dos recamaras, una sala comedor, cocina y baño equipados, donde viven estas familias de migrantes. Al entrar a esas casas pienso que se les orilla a vivir con lo mínimo indispensable de pertenencias y que imposibilita echar raíces en esa vivienda, y todo lo que conlleva esto, volviéndolos en unos desarraigados, tanto de México como de Estados Unidos. Entrar en esas viviendas prefabricadas del Campo Buena Vista, es entrar a un mundo de lo temporal, ya que con eso que solo es por ocho meses es el tiempo para habitarlas, y con eso de que las reglas del Campo para habitar esas casas, se prohibe hacer cualquier tipo de perforación en las paredes, como para colgar un cuadro o una foto, para evitar, con esto, dañar la construcción. Todo se pega con cinta adhesiva para que el día de la salida se puedan desprender fácilmente los recuerdos y las imágenes religiosas, como si nada hubiera pasado ahí, nunca nadie estuvo ahí, y dejar espacio para la próxima familia el año siguiente.

Me llamó mucho la atención la gran religiosidad que exhiben en las paredes de las casas, en forma de cuadros con imágenes sagradas, teniendo un lugar privilegiado en los altares, acompañados, a falta de velas -porque me imagino que han de estar prohibidas por reglamento del campo- de esos foquitos de colores que en México también adornan algunos altares e imágenes religiosas. Me pongo a pensar la razón de esta expresión religiosa, y creo que a lo mejor se deba a que eso es lo único que tienen seguro y les da un alivio, en un medio tan hostil y de explotación en el que están inmersos.

Es así, como en los hechos, los migrantes se convierten en migrantes temporales, pero atados a los files de California. Es así que se han convertido en migrantes cautivos y permanentes en Estados Unidos, por un lado ante el panorama nada halagador que existe en México, y que les trunca sus sueños de regresar, donde no podrían hacer realidad ni una subsistencia decente y satisfacer sus necesidades; por otro lado inmersos dentro de los circuitos de la pizca, por lo regular en California, pero a veces a lo largo de toda la costa desde California hasta Oregón. Porque allá en Estados Unidos, aunque se maten trabajando en el campo, pueden satisfacer sus necesidades primordiales y de las otras, esos gustitos… pero en Michoacán igual matándose apenas sale para medio vivir y si no a ver como se le hace.

 

Los hijos

También en este Campo, los migrantes tienen beneficios, gracias a lo que queda del estado asistencialista que es California, ya que para los niños que aun son muy pequeños dentro del mismo campo se tiene guardería y kínder garden, como un apoyo a las madres que también laboran en los campos agrícolas a la par del esposo. Todo hecho para una mejor rendimiento de la fuerza de trabajo migrante, y sin preocuparse quién va a cuidar a los hijos…

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