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Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán en California, E.U. (IX de…)

por JIMI Última modificación 26/02/2011 23:20

En anteriores entregas he mostrado la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro que residen en California. Ahora es momento de hacer una pausa y voltear al Valle que los vio, y ve, salir a Estados Unidos y que sólo a algunos ve regresar -aunque sea por dos semanas al año- a las comunidades que conforman el Valle de Tangancícuaro, Michoacán. Y también mostrar algunos elementos de ese dinámico espacio rural en la actualidad.

Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán en California, E.U. (IX de…)

Iván Jiménez Maya

¿Qué pasa en ese Valle en la actualidad después de más de 60 años de migración intensiva e ininterrumpida a Estados Unidos?

Pues, sucede que la migración a Estados Unidos ha dejado su huella, y al parecer muy profunda por lo que se puede ver y bastante difícil de borrar. Con esto no sólo me refiero a las famosas trokas y demás camioneta de gran calado (aunque haya uno que otro sedan por aquello de ahorrar gasolina) con las características placas de California o de algún otro estado de la Unión Americana donde tengan su residencia los oriundos de este Valle, a la forma de vestir o hablar el idioma inglés a la michoacana. No, esa huella abarca y penetra en todos los aspectos de la vida en las comunidades que conforman el Valle de Tangancícuaro.

 

La influencia del norte

La influencia del norte abarca desde la construcción de casas (estilo californiano pero de material y con toques de las construcciones "tradicionales"), pasando por medidas de higiene implementadas por consenso entre la población,  como evitar que los perros deambulen por las calles sin dueño; la venta de insumos no muy comunes en una comunidad rural de México como salmón enlatado proveniente de Alaska y todo lo necesario para preparar comida China (como a lo que están acostumbrados en el otro lado). Y ya, para no dejar, una oferta considerable de bancos y casas de cambio pa’recibir las remesas o cambiar los dólares que mandaron con la tía.

Pero también está la proliferación de ramificaciones de las pandillas más conocidas en California que han venido de la mano de los jóvenes deportados de Estados Unidos al Valle por alguna felonía, y que tienen sus raíces en estas comunidades del Valle. Y que literalmente han partido en dos algunas de las comunidades, creando un ambiente de tensa-calma (aunada la venta de droga y robos de las casas que son dejadas solas por los que van al otro lado a trabajar, vivir, etc.).

 

Lo que aún se conserva

También resulta interesante la convivencia con las formas de vida preexistentes, antes de la salida masiva con el segundo Programa Bracero. Cómo las casas de adobe que aún se conservan; la venta de productos de consumo tradicional como la variedad de quesos, atoles y tamales característicos del Valle (durante mi estancia en California pude observar que los oriundos del Valle en las yardas de sus casas cultivan algunas matitas de chile y plantas de maíz, que ocupan para su consumo y para elaborar algunos guisos y productos, como en el terre).

Siguen presentes los cultivos tradicionales como: maíz, lentejas, garbanzos, frijol y calabaza. Aunque muy disminuida su producción, y en serio peligro de desaparecer a consecuencia del abandono al que ha sido sometido el campo a partir de la implementación de las políticas neoliberales en las dos últimas décadas del siglo XX. De manera paralela está el regreso de las agroindustrias californianas de la fresa y demás cultivos depredadores que avanzan sobre las tierras tanto ejidales como pequeña propiedad, que antaño servían para el cultivo de granos básicos y que daban de comer a una buena porción de la población del Valle.

 

Lo que se perdió

Desafortunadamente, algunas prácticas agrícolas casi han desaparecido, como la siembra de ecuaros (que era la siembra de maíz, frijol y calabaza temporalero, en las laderas de los cerros que rodean el Valle), y como refirieron muchos de los habitantes entrevistados en el Valle, este abandono lo atribuyen a los dólares y la vida más olgada que les proporcionaba a los migrantes, con el consiguiente desprecio por las actividades del campo por la chinga que significaba -alfin por eso se habían ido a Estados Unidos pa'salir de pobres-, y al individualismo aprendido en el otro lado.

La siembra de los ecuaros no sólo significaba el labrar la tierra para producir alimentos, sino que generaba lazos de apoyo mutuo, solidaridad y amistad entre vecinos –que se extendía a otras tareas cotidianas- y que se llevaba a cabo de manera colectiva, para poder superar las duras y demandantes faenas que exigía esa forma de cultivo en las laderas de los cerros. Que se prolongaba por varios meses del año antes de las lluvias. Y al final todos lograban sacar algún beneficio de los productos obtenidos.

 

Epílogo

“…mira, se van para allá [Estados Unidos] y si ganan, pero aquí ¿qué se queda? La desintegración familiar, [el] alcoholismo, [la] drogadicción, [las] enfermedades venéreas, por no decir el SIDA; y todo eso lo que trae [a las comunidades]… [la migración] trae una cosa buena pero trae diez malas”.

(Profra. Laura, 41 años, directora de escuela primaria, Valle de Tangancícuaro, 2008).

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