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Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán en California, E.U. (IV de…)

por JIMI Última modificación 18/06/2010 17:39

Lo que a continuación les presento, es la cuarta de varias entregas consecutivas de la crónica de mi viaje por el estado de California, Estados Unidos durante el verano del 2008, que realicé con la idea de conocer de manera cercana, aunque algunas unas veces más y otras veces menos, la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán.

Tercera parada. El Campo Buena Vista, Watsonville, Cal., verano 2008

 

Del town de Watsonville, donde habíamos dejado parkeado el coche para ir al restaurante-buffet de comida china, y ya saciada el hambre, tomamos camino hacia el Campo Buena Vista -donde parte significativa de la población que vive ahí, es oriunda de las comunidades que conforman el Valle de Tangancícuaro, Michoacán-, que está ubicado en una zona de lomeríos muy cercana al mar y como vecinos tiene: en primer lugar, como bienvenida, el basurero del condado y enseguida, a un lado, la cárcel de mínima seguridad del condado, y por último aparece el Campo Buena Vista, ubicación envidiable. Pareciera este cuadro, una metáfora del lugar que ocupan los migrantes mexicanos en la sociedad estadounidense, pero bueno no me hagan mucho caso, a lo mejor estoy divagando.

Ese día estaba bastante nublado y corría viento con algo de humedad, refrescado por momentos mucho el ambiente y haciéndome sentir un poco más de frio de lo que esperaba. Yo que siempre imaginé California -claro por influencia de las series gringas tipo Bay Watch, que me atascaba en la tele de chamaco y ya no tan chamaco-, así como una Cuernavaca, pero de primer mundo y con playas, la eterna primavera californiana, pero no, resulta que en esta parte de Califas la corriente marítima fría que baña las costas de California, decía otra cosa, y me dice mi amigo el migrante que por lo regular esas condiciones climáticas frescas imperan todo el año y hasta peor, se pone en invierno. Qué pena yo el geógrafo y no haber pensado antes esa relación elemental causa-efecto del medio físico, que van a decir mis ilustres profesores si se enteran de esto, que sus cátedras fueron palabras al viento; tiempo y esfuerzo tirado a la basura, soy una vergüenza para el gremio geográfico… pero bueno, confío en su discreción y les puedo pedir un favor, que quede entre nos esto, sale…

Volviendo a lo nuestro, al tomar camino para dirigirnos al Campo Buena Vista, circulamos por varios caminos que por momentos estaban flanqueados por campos agrícolas que despedían un fuerte olor a fresa, que inundaba todo el coche, por cierto nada desagradable, aunque también eran visibles los cultivos de lechuga a la orilla de la carretera. Al forzar un poco la vista a través de la ventana del coche, se podía ver a lo lejos a los migrantes agachados, en una formación escalonada entre los surcos, pizcando fresa, y el mayordomo en la parte de la caja de un camión recogiendo las fresas ya empaquetadas. No dudo que algunos de esos trabajadores que vi, vivan en el Campo al que nos dirigímos. Del centro de Watsonville al Campo Buena Vista tardamos en llegar unos 20 minutos aproximadamente.

 

Breve nota sobre el Campo Buena Vista y sus habitantes

El Campo Buena Vista es y ha sido el lugar de residencia de una cantidad significativa de oriundos del Valle de Tangancícuaro desde que comenzó el segundo Programa Bracero (1942-1964), claro, con el paso del tiempo se fue consolidando la presencia de estos oriundos, por los distintos cambios en la composición de los que han habitado ahí. En un primer momento durante el Programa Bracero, la población en general eran hombres (jóvenes y adultos; padres, hijos, hermanos, primos, tíos, etcétera; dictado por las mismas características en que se enmarco el convenio laboral para la movilidad temporal de fuerza de trabajo para laborar en los campos). Y en un segundo momento, ya finalizado el Programa Bracero en el que los oriundos del Valle de Tangancícuaro  así como de otras regiones de México, inmersos ya en la dinámica migratoria establecen su residencia definitiva en Estados Unidos por distintas razones: ya fuera por que habían obtenido la residencia o la ciudadanía, el ofrecimiento de trabajo al resto de la familia que estaba en México, por ser más conveniente para la economía familiar el estar todos juntos en un solo lugar donde se tenía el trabajo, y aunado a esto el nacimiento de hijos en Estados Unidos y todo lo que implica esto.

El alojamiento para las familias de migrantes que trabajan en la agricultura como jornaleros en el Campo Buena Vista es por un lapso de 8 meses, en lo que dura la temporada de pizca, oficial. Solo pagan una renta simbólica, ya que la luz, el gas, los servicios médicos y de guardería-Kinder, corren por cuenta del estado de California.

 

Los que habitan el Campo Buena Vista

Es así que familias completas, fincan su residencia en Watsonville y un lugar donde lo llevan a cabo es el Campo Buena Vista, y muchas sin poder retornar a México, ni de vacaciones, ya que cuando se acaba la temporada del jale en fil, también se les acaba el alojamiento en el Campo Buena Vista y en primer lugar hay que buscarle por otro lado casa, después otro jale para sacar para comer, para pagar la renta de la casa, para pagar las biles, la aseguranza del mueble y los gustitos que a veces se dan, pues.

Muchos de los habitantes del Campo trabajan en los campos pizcando, en su mayoría, fresa, lechuga, jitomate, etc. Algunos de estos migrantes llevan más de treinta años haciendo lo mismo, a la espera de su jubilación; otros, para su fortuna ya se han podido jubilar, pero los estragos en su salud están presentes, como daños irreversibles en la columna y espalda, por las arduas jornadas agachados pizcando fresa. Eso si, el Medicare los atasca de medicinas para todos las enfermedades que el Dotor les ha detectado, entre ellas, diabetes, hipertensión arterial, artritis, etcétera, etcétera, etcétera... por lo menos cuatro pastillas en el desayuno, pa' empezar... Por cierto, por recibir su pensión y ser beneficiarios del Medicare, y después de dejar media vida en la pizca, se les recomienda no salir de Estados Unidos, o sea, no ir a México, ya que las autoridades se preocupan tanto por la salud e integridad de los migrantes jubilados, que estos tienen que ir a cita con el doctor cada ciertas semanas (dos veces por mes aproximadamente), para tenerlos bien checados, digo, estar al tanto de su salud y de paso se gasten los dolaritos de su pensión en USA…

La segunda generación de estos migrantes que viven en el Campo Buena Vista, algunos, siguieron trabajando en la pizca, pero algunos otros han conseguido trabajos en la industria asociada donde se procesan las fresas, como son las empacadoras y los frigoríficos, llamados coolers. Y algunos otros de estos migrantes, los menos asistieron a la Universidad, aunque de jóvenes también les tocó ir a trabajar a los campos y estudiar. La tercera generación, los nietos, son niños que desde bebes son mandados a la guardería que se tiene en el Campo Buena Vista -administra por el estado de California- y los demás al elementary y al high school en  el centro de Watsonville;  mientras sus papas y abuelos se van a trabajar sus 10 horas en el fil a la pizcade de fresa y lechuga… en sus ratos de ocio, estos jóvenes se la pasan encerrados en el Campo de… trabajadores agrícolas Buena Vista, con vista a la cárcel de mínima seguridad y al basurero…

 

Continuará…

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