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Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán en California, E.U. (III de…)

por JIMI Última modificación 27/05/2010 23:48

Lo que a continuación les presento, es la tercera de varias entregas de la crónica de mi viaje por el estado de California, Estados Unidos durante el verano del 2008, que realicé con la idea de conocer de manera cercana, aunque algunas unas veces más y otras veces menos, la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán.

Segunda parada. Watsonville, California, verano 2008

 

El camino a Watsonville

Después de un par de días en Santa Rosa partimos rumbo al sur, a Watsonville, vamos en un automóvil que nos había prestado la hermana del amigo migrante. Interesante fue recorrer la ciudad de San Francisco, sin quedar muchas opciones el amigo migrante la hace de guía de turistas, enseñándome el centro  -previo paso por el Golden Gate Bridge-, mientras recorremos las calles de San Francisco en el auto. Como fondo suena la radio y se oye música en inglés,  a la par, el amigo suelta algunas frases en inglés a manera de coro… para después voltearme a ver con una sonrisa y decirme lo mucho que le gusta ésta ciudad.

Unas horas más tarde llegamos a Watsonville, un pequeño Valle que desde el comienzo del segundo Programa Bracero fue lugar de destino de muchos braceros, incluidos los oriundos del Valle de Tangancícuaro, que habían sido contratados para trabajar en los campos agrícolas. Me llama la atención, en cuanto nos adentramos en Watsonville lo intensivo de la agricultura -y pienso que esto que veo es el vivo retrato de la producción capitalista intensiva y depredadora tan representativa de Estados Unidos-, así como la cantidad de mexicanos que laboran en los campos y que una parte significativa son indocumentados explotados en cierta manera o en muchas maneras. En general los migrantes ya sean con y sin papeles llevan a cabo distintos trabajos -desde pizcar hasta emplearse donde se procesan y empaquetan los productos agrícolas que se producen en los campos-, en muchos de los casos en la temporada de cosecha realizan extenuantes jornadas de trabajo de casi 12 horas, además de estar expuestos a los agroquímicos con que son roseados los cultivos con el fin de  fumigar y producir esas cuasi perfectas fresas y legumbres, a las que están acostumbrados en Estados Unidos.

 

En el parque

La primera parada en Watsonville es en el parque central que se encuentra ubicado a un costado de la Main Street, rodeado por comercios, bancos y algunos restaurantes, claro de Mexican food. Al bajarnos del auto, a lo lejos veo algunas familias mexicanas y ancianos con sus respectivos sombreros y sentados en las bancas que se encuentran ubicadas en distintos puntos del parque. Estos últimos me llaman la atención -ya que por un momento me trae a la memoria a los migrantes jubilados que a diario y por algunas horas a lo largo del día toman por asalto el jardín central de la cabecera municipal de Tangancícuaro, Michoacán-, todos ellos según me dice mi amigo el migrante son jubilados que pasan la mayor parte del día tomando el Sol y platicando.

Estamos parados en el estacionamiento -en el que por cierto nada más se puede dejar parkeado el coche por una hora, si no la placa puede dar ticket- afuera del automovil en una de los costados del parque central. Después de una rápido vistazo, mi amigo el migrante me dice que caminemos en dirección de una de las bancas, atravezando el parque, y nos acerquemos para saludar a algunos de los viejos migrantes que él conoce y me quiere presentar. Llegamos y comienza la presentación, claro yo saludo a todos de mano, aunque siento miradas de extrañeza hacia mi persona, hasta que uno de los viejos migrantes, le pregunta a mi amigo, viéndome de reojo: ¿y aquí el amigo que anda haciendo por acá?

Mi amigo el migrante me voltea a ver, e inmediatamente yo respondo automáticamente con la cantaleta que por casi siete meses digo cada vez que me encuentro en un interrogatorio similar con migrantes: pues yo soy estudiante del doctorado en la UNAM en México y trabajo la migración de los habitantes del Valle de Tangancícuaro… en ese instante veo un cambio en sus miradas, menos desconfiadas y acto seguido explico: y ahora que el amigo me invitó a venir con él a California, pues aquí estoy conociendo a la raza  de Tangancícuaro que vive de este lado y, pues claro, me interesa saber cómo viven y en qué trabajan, porque allá en Tangancícuaro me han hablado mucho de acá, pues una buena cantidad viven por acá, ¿no?... y pues tenía muchas ganas de conocer en persona el famoso Watsonville… Oigo risas de algunos de los ancianos sentados en la bancas.

El mismo anciano que minutos antes había soltado la pregunta responde: pos si, mírenos, acá andamos platicando y asoleándonos un rato, y pues qué bien que este por acá de visita, ya sabe lo que se le ofrezca, acá estamos… Después de mi breve presentación y la respuesta del jubilado, parece que ya no resulto del interés de los migrantes y continúan la plática entre ellos, ignorándome olímpicamente.

Después de ser excluido de la plática, no me queda más que ponerme a observar a mi alrededor con detenimiento. Algo que me llama mucho la atención es la cantidad de mexicanos que hay en esta ciudad. Sino fuera porque todos los letreros están en inglés, algunas edificaciones no son como a las que uno está acostumbrado en México, que de vez en vez aparece un una patrulla con los placa a bordo, también algunos güeros que muy esporádicamente cruzan las calles, y claro tanto mexicanos, afroamericanos y anglos siguen las reglas hasta para atravesar una calle -sino la placa les pone ticket-, y para  completar esa escena están los migrantes jubilados sentados en las bancas añorado su terre, yo juraría que estoy en México… Bueno al fin y al cabo alguna vez esto fue México y es difícil quitar de un plumazo esa memoria histórica… como ejemplo de esto, mientras el amigo migrante está inmerso en su plática, larga y tendida, con los viejos migrantes -aunque dando fugases miradas a su reloj de reojo para ver si ya se cumple una hora de haberse parkeado, por aquello que hay que mover el coche para que no le pongan ticket-, por mi parte yo me dedico a caminar en dirección del kiosco que está en el centro del parque, y al acercarme veo una plancha  de metal que se encuentra empotrada en el kiosco y para mi sorpresa veo que  tiene la inscripción: "DEDICATED TO DE MEMORY OF DON SEBASTIAN RODRIGUEZ DONOR OF THE PLAZA TO THE CITY OF WATSONVILLE 1860"… en ese momento me percato que hay varias familias a mi alrededor, y al ver detenidamente a las personas observo caras familiares que me parece haber visto antes en Michoacán, Oaxaca, Jalisco, etc.

Instantes después oigo que me hablan y eso interrumpe mi observación y cavilaciones, es mi amigo el migrante que me indica con una seña que me acerque… al llegar a donde se encuentra, dice que es hora de despedirnos, aparte ya es hora de mover el coche y también ya hace hambre. Entonces me despido de los ancianos, prometiendo que platicaremos luego.

Al dirigirnos al automóvil me dice que se le antoja comida china, ya que hace algunos meses que no la come, desde la última vez que estuvo aquí, ya que en la ciudad de Zamora no es tan buena como aquí en California; también me comenta que al restaurante que vamos es de auténtica comida china, no como la que venden en México, -su voz expresa emoción al hacer ese comentario-  también agrega que es buffet, se puede comer mucho y llenarse por pocos dólares.

Ya en el restaurante, sentados en una mesa junto a un ventanal que da a un pequeño patio, mientras el amigo migrante sorbe la sopa de bambú que se sirvió en un tazón que por cierto me recomienda ampliamente, me dice que después de esto vamos al Campo Buena Vista, donde viven muchos de los oriundos del Valle de Tangancícuaro que trabajan en los campos agrícolas… después de una abundante comida, salimos del restaurante y emprendemos camino hacia el campo Buena Vista…

Continuará...

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