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Ciudadanos, Residentes e indocumentados… la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro en California, E.U.

por JIMI Última modificación 28/07/2010 17:47

Lo que a continuación les presento, es la segunda de varias entregas de la crónica de mi viaje por el estado de California, Estados Unidos durante el verano del 2008, que llevé a cabo con la idea de conocer de manera cercana, aunque algunas unas veces más y otras veces menos, la vida cotidiana de los oriundos del Valle de Tangancícuaro, Michoacán.

Primera parada. Santa Rosa, California, verano 2008 (2 y última parte)

La cena

Entramos en la casa, donde se ve mucho movimiento, y resulta fácil de entender por que ahí habitan dos familias con sus respectivos hijos y cuatro personas más –entre hermanos, primos y amigos-, la mayoría indocumentados, en total son 12 personas, entre niños y adultos.

Después de ser presentado con la numerosa familia y saludar a cada uno, me llevaron al cuarto que sería mi dormitorio a dejar mi maleta, y al entrar me sorprendí un poco, aunque no del todo, ya que desde la llegada a la casa y saber que eran una gran familia que unida por la crisis vivía bajo el mismo techo. Supuse que estaríamos algo apretados. Pero bueno, para no hacerles el cuento muy largo, iba a compartir la habitación con la no despreciable cantidad de cinco personas. En ese momento pensé, “calientito si vas a dormir”. Que quede claro, lo anterior no es queja ni nada por el estilo, al contrario yo era uno de esos invitados que con ser recibido estaba más satisfecho sin importar las condiciones… Ya sentados a la mesa y teniendo frente a mí un plato con carne de puerco en salsa, con el característico sazón michoacano, que se veía muy bueno y unas tortillitas de maíz, entre bocado y bocado, seguí la plática, que momentos antes ya había comenzado en la entrada de la casa,  con algunos miembros de la familia.

En algún momento de la charla me comentaron que gracias a la crisis inmobiliaria, que les pego muy fuerte algunos miembros de la familia, perdieron sus casas por el insostenible pago de las respectivas hipotecas ya que cada mes el pago al banco rondaba aproximadamente entre cuatro mil y seis mil dólares, por lo menos llevaban un par de años con esos pagos. Así que decidieron dejar sus casas y perderlas. Y mejor rentar una casa entre varios, ya que salía más barato, para ajustar su reducido ingreso producto del escaso  trabajo que por esos días había en la construcción de casas, y que solo esporádicamente salía algo bueno -aunque otros vivían ahí por otras causas, como el hermano mayor, que se acababa de divorciar y ante la falta de casa tuvo que ir a vivir con sus hermanos y que por cierto también trabaja en la construcción, aunque no con en la misma compania donde laboran sus hermanos y el cuñado-. Al rato después de preguntarme si no quería más del guisado de puerco, a lo que respondí que bueno un poquito más porque estaba realmente bueno, la hermana del amigo migrante mientras se lleva mi plato me comenta que antes de la crisis inmobiliaria si era negocio comprar una casa, ya que al terminar de pagarla se vendía y se sacaba una ganancia, pero ahora ya no es así, al contrario muchos están perdiendo sus casas como les paso a ellos. También me comenta que muchas familias ahora prefieren rentar -la renta oscila entre mil y mil quinientos dólares-, siendo casas pequeñas o departamentos. Después de la abundante cena y varias soditas, y una botellita de agua embotellada Kirkland, pal’ desempanse, por que agua de la llave ni de chiste, ya estaba inmerso en una aleccionadora charla –donde, yo, el estudiante de doctorado me estaba adentrando en una realidad que solo conocía de oídas en las platicas con migrantes en el Valle de Tangancícuaro-.

 

¿Cómo es posible, tú crees eso?

Ahora mi plática era con el Benjas, otro de los hermanos del amigo migrante, que se encontraba enfrente de mí dándole sorbos a su soda, y me respondía de manera pausada las preguntas que yo le realizaba, fue ahí cuando supe que él, y otros que se encontraban en esa mesa también eran indocumentados. Noté que era consiente de la explotación de la que eran objeto, ya que al enseñarme su cheque, me señala todos los impuestos que le quitaban. Y con una mirada de enojo y a la vez de resignación, me dice: mira a mí me quitan taxes, hasta por embarazo, ¿Cómo es posible, tú crees eso? -dirigiéndose a mí-, y el mismo se responde: pues no es justo eso, nada más abusan de uno y no se ve reflejado en mi vida acá en los Estados Unidos. Después de hacer una pausa, el Benjas hace una reflexión con la que estoy totalmente de acuerdo y veo el grado de conciencia que tienen sobre la dura realidad que les toca vivir en Estados Unidos: la verdad los gringos nomás se hacen tontos, claro que saben quién es indocumentado y quién no, con eso de las computadoras, más bien se hacen tontos porque imagínate cuanto dinero obtienen de nosotros… en mi cheque vienen descuentos que no entiendo… nada más nos explotan estos gringos y ya cuando no les somos útiles, nos echan. Y no es como dicen algunos gringos, de esos que no nos quieren aquí, que nosotros gozamos de muchos beneficios. La verdad uno se la vive con muchas limitaciones, sin servicio médico, y aparte con dos hijos, y que hay comprarles la ropa, que ya se les antoja algo, pues si alcanza, se lo compramos, y  pues ya es un gasto más, uno vive aquí al día. La verdad ya estoy arto de la vida acá, muchos años de trabajo y ser indocumentado y a aparte que seguridad tengo de que no me deporten… su hermana con un movimiento de cabeza apoya lo que dice el Benjas.

Después me comenta que el tiene la esperanza que Obama llegue a presidente, ya que se dice que con él puede que si haya reforma migratoria y pues eso ya sería otra cosa. Porque lo que me detiene aquí,-dice- es la esperanza de poder arreglar mis papeles y los de mi esposa. De no ser así, me cometa, en el caso de que no haya una reforma migratoria con Obama, el ya tiene un plan para regresarse a Michoacán. Me explica que piensa poner una vulcanizadora en Tangancícuaro y de eso vivir. Claro para poner el negocio sus hermanos le ayudarían económicamente. Parece que esta idea lo pone feliz, -ya que noto un cambio en su rostro cuando me lo platica, pareciera que le relaja el simple hecho de verse de regreso en su pueblo-, también a su hermana, que desde el inicio de la plática ha estado sentada junto a él. Ella y su esposo, también se irían a Michoacán, claro si el Benjas se va, para que entre los dos hombres manejen el negocio que piensan poner… aunque todo esta en veremos.

 

¿A chinga, como que ya no quieres ser Hindú?

Ya terminada la sobre mesa, salimos a despedir al hermano que nos había traído desde el aeropuerto, y entonces el Benjas en un columpio que cuelga del gran pino ubicado en la entrada-jardín de la casa, se sienta y empieza a columpiarse tranquilamente, con la cabeza baja, como pensativo, agarrado firmemente las dos cuerdas que sostiene el columpio. Junto su hijo -el niño no rebasa los ocho años de edad –que juega con su hermanita y uno de sus primos, intenta trepar el árbol, aunque sin éxito, y al ver que lo único que logra es caer al césped, ya tirado da vueltas y  junto con los otros niños sueltan fuertes risas, volteando de vez en vez a ver a su papá, que al mismo tiempo que se columpia tranquilamente le dice “ya no juegues así, te vas a lastimar como la última vez”. Pero el niño no hace mucho caso. A su alrededor algunos platicamos…. Entonces en medio de la plática el Benjas nos interrumpe y viendo hacia el césped, suelta una frase dirigida a mí: fíjate que ya no quiero ser Hindú. Y guarda silencio, esperando mi reacción. En ese momento me quedo callado, pensando, ¿por qué me dice que ya no quiere ser Hindú? E ingenuamente le pregunto, medio sorprendido ¿a chinga como que ya no quieres ser Hindú? Y el me responde: “si ya estoy hasta la madre de ser Hindú=Indocumentado, llevo 14 años acá, mucho trabajo, preocupaciones, inseguridad de que algún día me regresen a México y que pasaría con mis hijos, porque ellos si son ciudadanos, ya estoy cansado”… Yo lo único que le atino a decir es, que difícil… Pasados unos instantes el Benjas se levanta del columpio y se despide por que ya se va a dormir, ya que mañana hay que pararse desde muy temprano para ir a trabajar, allá donde están construyendo las casas, junto con dos de sus hermanos y el cuñado.

 

En el jale…

Al otro día, por la mañana vamos de visita a donde están trabajando el Benjas junto con dos de sus hermanos, para ver como es su día laboral, claro sin el afán de interrumpirlos o causarles algún problema, con eso de que hay reglas para todo. Pero antes de llegar sobre la calle que vamos hay un grupo de trabajadores mexicanos reunidos a fuera de una tienda, esperando que salga el jale del día. En el trabajo que realiza ésta familia de migrantes en Santa Rosa, consiste en poner tuberías y drenajes en las casas en construcción, en lo que, por cierto, son trabajadores muy eficientes, a parte de estar certificados para realizar ese trabajo. Me comentan que si el patrón les dice que hay prisa para entregar una casa, pueden terminar su trabajo hasta en un día… ganan aproximadamente entre 18 y 23 dólares la hora… una casa  de estas debe estar terminada completamente en tres días, me dicen. Observo que muchos de los trabajadores de la construcción en esta zona son de origen mexicano, principalmente michoacanos, jaliscienses y algunos oaxaqueños, tanto documentados como indocumentados. De pronto aparece el supervisor, saludando en español -que me dicen es un gringo de esos que se porta bien con ellos y con el que tienen buena amistad-,  y empieza a bromear con ellos, comentándome el Benjas que inclusive las próximas vacaciones de fin de año lo van a invitar a la fiesta del pueblo, a ver si ahora sí se anima a ir al rancho pa’ que vea lo bonito que está. 

Después que se va el supervisor, seguimos la platica y me dicen, “el gran problema es que esta muy escaza la chamba y solo les salen algunos jales”, por el momento solo tienen este proyecto, que deben entregar en dos semanas y después, a ver que sale… Y me comentan: “pues las casas que ahorita estamos construyendo ya no son para vender, únicamente son para renta, imagínate que tan mal está esto”…

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