Herramientas Personales
Usted está aquí: Inicio Blogs César Chávez y el movimiento de los trabajadores rurales.

César Chávez y el movimiento de los trabajadores rurales.

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 29/08/2011 10:35

El movimiento social que Chávez y la UFW iniciaron hace casi un siglo aún es capaz de transformar la vida de los trabajadores agrícolas, y al mismo tiempo del resto de nuestro mundo.

César Chávez y el movimiento de los trabajadores rurales.

David Bacon

Por David Bacon

Los medios de comunicación estadunidenses tienden a considerar a los movimientos sociales como el producto de fuertes líderes, especialmente en esas raras ocasiones en que prestan atención a los sindicatos. En ninguna parte es más evidente esta percepción, que en el caso de César Chávez y los United Farm Workers.

 Después de la muerte de Chávez en 1993, una plétora de reportajes especularon que la UFW no sobreviviría a su muerte. Historias como esa han continuado repitiéndose. ¿Fue Chávez un héroe o un villano? ¿Cometió terribles errores que le costaron la vida al sindicato que dirigió, o fue el único responsable de sus grandes victorias?

Esas preguntas no nos ayudan a entender el problema, porque la United Farm Workers fue y es el producto de un movimiento social, y César hubiera sido el primero en afirmarlo. No fue el único autor de los boicots, o de las estratégicas ideas que el sindicato utilizó en la lucha por su supervivencia. Ninguna persona pudo haberlo hecho sola, porque esas estrategias de lucha evolucionaron como las respuestas de miles de personas a los viejos problemas de los sindicatos de trabajadores agrícolas que han enfrentado por más de un siglo a los rompehuelgas, el aislamiento geográfico, la pobreza y la violencia de los productores agrícolas.

Las condiciones que encendieron el deseo ardiente por organizarse en la década de 1960 todavía existen en los campos agrícolas de la nación. De hecho, han empeorado. En la cúspide del poder sindical al final de la década de 1970, la base del salario del trabajo agrícola era dos veces el salario mínimo. Actualmente, eso correspondería a $16 dólares la hora –mucho más si el salario mínimo se hubiera incrementado con la inflación. Actualmente la mayoría de los trabajadores agrícolas ganan el salario mínimo, y muchos, con la ley o sin ella, ganan menos que eso.

Los productores agrícolas destruyeron la mayoría de los campos de trabajo en California en la era de las grandes huelgas. Hoy, miles de trabajadores agrícolas migrantes, duermen debajo de árboles, en autos, o en los mismos campos al tiempo que viajan para la cosecha. La mayoría de los trabajadores  tienen acceso a baños y agua potable, y en donde conocen sus derechos no tienen que utilizar el azadón de mango corto. Sin embargo, los contratistas, que alguna vez fueron remplazados por centros sindicales de contratación, han recuperado el control de los campos. Y mientras los contratistas compiten por vender el trabajo de los trabajadores agrícolas a los productores, reducen  aún más los salarios de los trabajadores.

El seguro médico, anteriormente garantizado por los contratos de la UFW, nuevamente se ha convertido en un sueño para muchos trabajadores. Mientras tanto, la falta de condiciones de trabajo seguras se volvió más dramático en el 2008 con la muerte de Maria Isabel Vásquez Jiménez de 17 años, quien se colapsó a una temperatura de 38 grados después de habérsele negado agua y protección contra el sol. La desvalorización de su vida y la de los trabajadores como ella se volvió también dramática –por la sentencia de servicio comunitario ordenada por la corte estatal al contratista responsable. West Coast Farms, el productor, no fue castigado en absoluto porque argumentó que el contratista fue el responsable de las condiciones de trabajo en el campo de uvas.

La respuesta que llevó a la creación de la UFW todavía es la respuesta de los mismos trabajadores agrícolas a esas condiciones de trabajo –organizarse, irse a huelga y boicotear. Un año antes de las muerte de César, cinco mil trabajadores se fueron a huelga en los campos de uvas de Coachella ganando el primer incremento salarial en una década. Cada año, aún cuando tal vez no en la misma escala, se llevan a cabo paros de trabajo espontáneos como ese en los campos de cultivo de Estados Unidos.

Y en los años que siguieron a la primera huelga de la uva en 1965, los sindicatos de trabajadores agrícolas han crecido hasta una docena en Washington, Oregón, Arizona, Texas, Ohio, Connecticut, Florida, New Mexico y Pennsylvania, además de California. En un grado u otro han sido inspirados por el movimiento que inició en Coachella y Delano. Chávez fue el líder de ese movimiento pero no el único. Otros líderes también formaron parte –mujeres como Dolores Huerta y Jessica Govea; líderes laborales filipinos como Larry Itliong y Philip Vera Cruz; afro-americanos como Mack Lyons y muchos organizadores blancos pertenecientes al movimiento por los derechos civiles y el movimiento estudiantil de la época. De todos los logros del movimiento, su más poderoso y más duradero fue el boicot. El boicot niveló el campo de juego en la lucha con los productores por el derecho a formar un sindicato y logró crear la más poderosa e importante alianza entre sindicatos y comunidades en la historia moderna del movimiento laboral.

Tradicionalmente, las huelgas de los trabajadores agrícolas han sido rotas por rompehuelgas y terminado en baños de sangre. Ningún país ha hecho tanto como Estados Unidos para consagrar el derecho de los empleadores a romper las huelgas. Desde la realización de las primeras líneas de protesta en Delano, los miembros de la UFW vieron con rabia como los productores llevaban rompehuelgas para tomar sus empleos. Regularmente, la Patrulla Fronteriza abría la frontera, como lo hizo durante la huelga del limón en Yuma en 1974 cuando los camiones que transportaban a los rompehuelgas rugían todas las noches a través del desierto de Sonora. La policía local y los sheriffs proveyeron de protección armada.

Chávez se dio cuenta de que eso era algo parecido al programa bracero, al que él y otros activistas chicanos por los derechos civiles habían obligado al Congreso de Estados Unidos a poner fin en 1964, el año previo al inicio de la huelga de la uva. El programa permitía a los productores traer a Estados Unidos trabajadores contratados bajo condiciones de virtual esclavitud y deportarlos si estos se iban a huelga en protesta por las condiciones de trabajo. Chávez hizo un llamado para entregar a los trabajadores indocumentados a la Patrulla Fronteriza, por lo cual fue fuertemente criticado por sindicalistas y activistas comunitarios y laborales como Bert Corona. Sin embargo, lo hizo porque los productores y la Patrulla Fronteriza se coludieron para traer personas indocumentadas como rompehuelgas. Chávez se opuso a los rompehuelgas, y creía que todos los trabajadores tenían el derecho a organizarse. Los trabajadores indocumentados siempre han sido un grupo mayoritario dentro de la UFW porque constituyen la mayoría de la fuerza de trabajo agrícola.

Chávez y la UFW organizaron a todos los trabajadores agrícolas, a quienes tenían visas y a los indocumentados. Muchos de los líderes y sindicalistas más activos habían sido indocumentados, y el sindicato luchó para asegurarse que la Agricultural Labor Relations de California no negara a los trabajadores su derecho a organizarse como consecuencia de su estatus migratorio. Chávez luchó en contra de las redadas, especialmente cuando se llevaban a cabo huelgas y protestas. La no violencia se convirtió en el principio básico de la UFW porque la violencia en los campos tenía una larga historia. En la década de 1930, las milicias armadas por los productores asesinaron huelguistas en Pixley y El Centro.

Nagi Daifullah y Juan de la Cruz perdieron la vida en los viñedos durante la huelga de 1973. Rufino Contreras fue asesinado de un tiro mientras protestaba en un campo de lechugas en el Valle Imperial en 1979. El boicot no logró acabar con esa violencia, sin embargo después de que los trabajadores agrícolas cruzaron el inmenso espacio que separa a los campos y las grandes ciudades, ya no tuvieron que luchar solos.

La reinvención del boicot trajo nuevas energías al resto del movimiento sindical, y desde entonces se ha transformado en una poderosa herramienta para la organización sindical comunitaria de base. Actualmente, la idea de formar alianzas entre los sindicatos y las comunidades es el fundamento de las tácticas progresistas entre los sindicalistas a lo largo del país. Las huelgas y boicots de la UFW ayudaron a desarrollar esa estrategia y le dieron al sindicato su carácter como movimiento social. La aprobación en 1975 de la Agricultural Labor Relations Act (ALRA) fue un tributo a esa estrategia.

La ley, que estableció un proceso legal para que los trabajadores agrícolas obtuvieran reconocimiento sindical, no fue un regalo o el resultado de un acuerdo privado ente César Chávez y  el gobernador Jerry Brown (quien es nuevamente gobernador). Mientras los legisladores debatían su aprobación, el capitolio en Sacramento fue rodeado por miles de pizcadores de tomate. Después de 10 años de guerra de clase en los campos y los supermercados; los productores y los legisladores decidieron reconocer (e intentar controlar) lo que ya existía. Entonces, los trabajadores agrícolas descubrieron lo que otros sindicatos ya sabían desde la amarga década de 1950 y la eliminación legal de los derechos laborales federales: la ley ofrece una débil protección.

Aun cuando miles de trabajadores agrícolas votaron por el sindicato en cientos de elecciones, la ALRA no tenía manera de forzar las negociaciones contractuales. Y después de aceptar enormes contribuciones de las rentas agrícolas, un sinnúmero de gobernadores republicanos delegó a los productores la capacidad de aplicar la ley.

Desde entonces, la UFW ha buscado enmendar algunas de las debilidades en la legislación por medio de otras leyes que ordenen el arbitraje de un número limitado de contratos. Actualmente, existe en la agenda legislativa una propuesta de ley para crear una tarjeta de registro para los trabajadores agrícolas en Sacramento, y probablemente Jerry Brown podrá repetir su exitosa actuación de 1975 y aprobarla. Pero incluso una mejor legislación no es un remedio para todo.

Los boicots tuvieron un costo muy alto, dejando menos recursos a los sindicatos para organizar actividades en los campos. Actualmente la presión en los sindicatos proviene de los trabajadores que están cansados de retroceder en sus demandas. Con cientos de miles de nuevos migrantes integrándose cada año en los campos de California y Arizona, muy pocos de los actuales trabajadores participaron en las titánicas luchas que barrieron los valles de California y Arizona hace cuatro décadas. Si el sindicato no se encarga de dirigir y organizar, esa ira se vuelve irrelevante para los trabajadores. La supervivencia de cualquier sindicato depende de su habilidad para organizar nuevos miembros, y el dilema de la supervivencia de la UFW es si puede tomar las necesidades de sus miembros y transformarlas nuevamente en una poderosa arma económica. Con recursos limitados, se enfrenta a decisiones difíciles sobre dónde y cómo debe ser realizado este trabajo.

Para el actual liderazgo de la UFW, resolver estos dilemas no será más fácil que lo que fue resolverlos bajo la dirección de Chávez. Pero si alguna inspiración puede retomarse de su ejemplo, es que es posible llevarlo a cabo. El movimiento social que Chávez y la UFW iniciaron hace casi un siglo aún es capaz de transformar la vida de los trabajadores agrícolas, y al mismo tiempo del resto de nuestro mundo.

Traducción: Rodolfo Corchado. 

Publicado originalmente en Working in These Times. Se publica con autorización de su autor.

Acciones de Documento
« Junio 2017 »
Junio
LuMaMiJuViDo
1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930
Amazon

Travelocity

Expedia

Encuentre el hotel que desea

Telefonía gratuita vía internet

Hospedaje barato para su página

FatCow $88 Plan for $66 only

Mida su conexión a internet

Test your Internet connection speed at Speedtest.net