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¿Debemos defender a los trabajadores indocumentados? (Segunda Parte)

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 19/04/2010 09:05

Los empleadores y los acaudalados aman y odian a los inmigrantes a la vez. Desean y necesitan el trabajo de la gente, pero no quieren pagar. ¿Y qué mejor forma de no pagarles que convirtiendo a los trabajadores en criminales?

¿Debemos defender a los trabajadores indocumentados? (Segunda Parte)

David Bacon

Por David Bacon

Abriendo la puerta del frente, cerrando la puerta trasera

El anterior Secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, planteó que “existe una solución obvia al problema del trabajo ilegal, la cual consiste en abrir la puerta del frente y cerrar la puerta trasera.” “Abrir la puerta del frente”, significa que  Chertoff quiere que la gente venga a Estados Unidos como trabajadores contratados, y reclutados por los empleadores utilizando visas que permiten que un trabajador pueda venir sólo a trabajar. Ésta es la lógica y el requisito para cualquier programa de trabajadores temporales, regresar a la etapa de los braceros. Y al hacer venir a la gente por medio de este sistema de empleo, “cerrará la puerta trasera,” haciendo que la gente camine a través del desierto cruzando la frontera o haciendo que el trabajo fuera del sistema de contratación laboral sea  penalizado no sólo con la deportación, sino con la detención en prisión. 


Las personas que vienen como trabajadores contratados nunca se convierte en ciudadanos, no votan o detentan algún poder. Esto es muy conveniente en Mississppi, por ejemplo, en donde los trabajadores necesitan el trabajo de los inmigrantes, pero están temerosos de lo que sucedería si votaran. Y no es ninguna coincidencia, pues el estado emplea más trabajadores temporales per capita que ningún otro estado. Recientemente,  Mississippi aprobó una ley estatal de sanciones a los empleadores, con multas de $10, 000 dólares y cinco años en cárcel por trabajar sin haber sido “autorizado”.

 

E-Verify, la base de datos migratoria de alta tecnología apoyada tanto por Bush como por Obama, es la última idea para reforzar este tipo de criminalización. El propósito de E-Verifify, las redadas, los despidos y cualquier otro tipo de control migratorio en los lugares de trabajo es la criminalización del trabajo –sino tienes papeles, es un crimen tener un empleo.

 

Por lo tanto, te paras en una esquina, un camión se detiene para subir jornaleros y tú te subes. Trabajas todo el día bajo el sol hasta que estás tan cansado que difícilmente puedes regresar a tu habitación. Esto es un crimen. Lo haces para enviar dinero a casa para tu familia y para la gente de depende de ti. Esto también es un crimen.

 
¿Cuántos criminales hay como este? El Pew Hispanic Trust dice que hay 12 millones de personas sin papeles en Estados Unidos.

 

Pero no es sólo aquí en Estados Unidos. Manu Chao escribió un disco entero de canciones acerca de esto: Clandestino. Canta acerca de la gente que va de Marruecos a España. De Turquía a Alemania. De Jamaica a Londres. Existen más de 200 millones de personas en todo el mundo viviendo fuera de los países en donde nacieron. Si todos los “trabajadores ilegales” de todo el mundo se reunieran en un solo lugar habría suficiente gente para tener diez ciudades de México o quince ciudades de Los Ángeles.


Si trabajar es un crimen, entonces los trabajadores son criminales. Y si los trabajadores se convierten en criminales, dicen quienes apoyan este sistema, los trabajadores se irán a casa. Esta es la justificación básica para todo el control migratorio en los lugares de trabajo.


¿Pero alguno se ha ido a casa? Nadie se está yendo, porque no hay empleos en casa como para irse?

 

Desde 1994, seis millones de mexicanos han migrado para vivir en E.U. Millones llegaron sin visa porque fue imposible obtenerla.


De todas partes del mundo, la gente se está moviendo de los países pobres a los ricos. La ciudad salvadoreña más grande en el mundo es Los Ángeles. Más de la mitad de los marinos de todo el mundo provienen de Filipinas. Más migrantes se desplazan del campo a la ciudad en China que todos aquellos que cruzan las fronteras en todo el resto del mundo.


Es tanta la gente de Guatemala que está viviendo en E.U. que un barrio en Los Ángeles es ahora llamado “Pequeño San Miguel”. San Miguel Acatán fue el sitio de la peor masacre de población indígena perpetrada por el ejército estadunidense y las fuerzas armadas de Guatemala durante la guerra civil en ese país en 1982. Más San Migueleños viven ahora en Los Ángeles que en San Miguel Acatan.

 

Las presiones económicas que provocan los desplazamientos y la migración están llegado a las más remotas villas y pueblos en México, en donde la población aún habla las lenguas que ya eran antiguas cuando Colón llegó a América –Mixteco, Zapoteco, Trique, Chatino, Purepecha, Nahuatl. No hay comunidad en México que no tenga un familiar en Estados Unidos.

¿Por qué hay tanta gente desplazada?

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es tan sólo un elemento de los cambios que han transformado la economía mexicana de acuerdo al interés de los inversionistas extranjeros y sus ricos socios mexicanos. El tratado permitió a grandes empresas estadunidenses como Archer Daniela Midland, vender maíz en México por un precio por abajo del costo de producción del maíz producido por los pequeños productores en Oaxaca. Las grandes compañías de E.U. obtienen grandes subsidios del Congreso -$2 millones de dólares en la última ley agrícola. Sin embargo las reglas del Banco Mundial y el TLCAN dictan que los subsidios a los productores agrícolas mexicanos deben de terminar. Esto no fue la creación de “un campo de competencia equitativa” a pesar de toda la propaganda.

 

En Cananea, un pequeño pueblo en las montañas de Sonora y donde se localiza una de las minas de cobre más grandes del mundo, los mineros han estado en huelga por dos años. El Grupo México, la corporación multinacional a la cual le fue virtualmente cedida la mina en una de las infames privatizaciones del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quiere recortar los costos laborales mediante la eliminación de cientos de empleos, reventado el sindicato minero, poniendo a sus líderes en listas negras. Si los mineros pierden la huelga y sus empleos, la frontera está a sólo 80.5 kilómetros al norte.

 

¿Si tu fueras un minero con un sindicato reventado y sin empleo para mantener a tu familia, a dónde irías? Cuando los mineros de Cananea perdieron la última huelga en 1998 en contra de los recortes de trabajadores, más de 800 trabajadores fueron puestos en listas negras y muchos liquidados terminaron trabajando en Tucson, Phoenix y Los Ángeles. No es sorprendente que la actual huelga haya durado dos años. Los mineros están peleando por permanecer en casa, en Cananea, en México.

 

Recientemente el gobierno mexicano envió al ejército a ocupar todas las plantas de energía eléctrica en la Ciudad de México, disolviendo la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, empresa estatal, y despidiendo a sus 44, 000 empleados. Este acto amenaza con destruir su  sindicato, uno de los sindicatos del país más antiguos y democráticos. Este es un paso adelante para vender la red de energía eléctrica a los inversionistas privados extranjeros, justo como la telefonía, las aerolíneas, los puertos, los ferrocarriles y las industrias han sido completamente privatizadas en las dos últimas décadas. ¿A dónde irán los electricistas despedidos? Si no triunfan en su actual batalla en contra del gobierno, seguirán a muchos de sus predecesores hacia el norte.

 

El TLCAN y las reformas económicas promovidas por los gobiernos de Estados Unidos y México, han ayudado a las grandes compañías ha enriquecerse, manteniendo bajos salarios, otorgándoles subsidios y empujando a los productores agrícolas a la bancarrota, privatizando las empresas en propiedad del estado y permitiendo recortes en la fuerza de trabajo y en las condiciones laborales. Estos son los cambios que hacen que sea tan difícil para las familias sobrevivir: Bajos salarios, imposibilidad para producir productos agrícolas, despidos para reducir costos de producción. Privatización de empresas y antisindicalismo.

Salinas prometió a los mexicanos comida barata si el TLCAN era aprobado y las importaciones de maíz inundaron el país. Ahora el precio de las tortillas es tres veces más alto que cuando el tratado fue aprobado. Este escenario es muy bueno para el Grupo Maseca, el productor mexicano monopolista de tortilla (y Archer Daniela Midland es parte de su consejo directivo). Y esto también es muy bueno para Wal-Mart el más grande vendedor al menudeo en México. Pero si no puedes pagar el precio de esas tortillas, entonces te vas a donde puedas comprarlas.

Los defensores de la liberalización de la economía plantean que una economía de maquila y bajos salarios producirá trabajos en la frontera. Sin embargo, actualmente, cientos de miles de trabajadores han perdido sus empleos en la frontera –cuando la recesión comenzó en E.U., la gente dejó de comprar productos manufacturados en las fábricas de la frontera. Aún cuando se encuentran trabajando, los salarios de los trabajadores en las maquilas son tan bajos -$4-6 dólares diarios- que toma un día y medio de salario para poder comprar un galón de leche. La mayoría de los trabajadores viven en casas de cartón en calles sin pavimentar o drenaje. ¿Cuándo pierden sus empleos y la frontera está a unas cuantas cuadras de donde viven, a dónde crees que se van? ¿Si tú no tuvieras empleo o comida para tu familia, qué harías?


Y cuando la gente protesta, el gobierno lleva a la policía y al ejército para proteger el orden y la inversión. La gente es golpeada, como los profesores en Oaxaca en el 2006. ¿Después de que el ejército llenó las cárceles de Oaxaca, cuantas personas se tuvieron que ir?


Cuando el presidente de Honduras, Manuel Zelaya, simplemente elevó el salario mínimo para dar a las familias un mejor futuro, no como migrantes, sino en Honduras, los militares entrenados por E.U., lo secuestraron vestido con su pijama, lo pusieron en un avión y lo sacaron del país. ¿Cuántas personas abandonarán Honduras porque la puerta para lograr un desarrollo sustentable ha sido cerrada?

 

La falta de derechos humanos es por sí misma un factor que contribuye a la migración ya que hace más difícil, sino imposible, organizarse para lograr un cambio. Tratados comerciales desiguales e intervenciones militares no detienen el flujo de los migrantes –lo producen al desplazar a la gente- haciendo imposible que la gente sobreviva sin tener que dejar su hogar. Las leyes de inmigración regulan este flujo de personas.
 

La migración no es un producto accidental del libre comercio. Las economías de E.U. y de los países ricos dependen de la migración, del trabajo proporcionado por un flujo constante de migrantes. El Congreso y el gobierno de Estados Unidos no están haciendo nada por detener la migración. Nada la puede detener, ni con acuerdos comerciales como el TLCAN y el CAFTA y las políticas económicas que representan. El control migratorio no impide que la gente cruce la frontera o que trabaje. En cambio, la política migratoria determina el estatus de la gente una vez que están en otro país. Refuerza la desigualdad entre los trabajadores en términos de sus derechos y su estatus económico y social. Esa desigualdad, por lo tanto, produce bajos salarios y altas ganancias.

   

Históricamente, la política migratoria de E.U. ha sido creada para abastecer de trabajo a los empleadores a un costo manejable e establecido por los empleadores. Y de la forma más abierta, esa política de abastecimiento de trabajo ha provocado que los trabajadores sean más vulnerables a los empleadores que pueden suprimir el derecho de los trabajadores a permanecer en el país, al despedirlos.

 

Este no es un punto de vista extremista. Recientemente una pandilla de revolucionarios, el Consejo para Relaciones Exteriores propuso dos objetivos para la política migratoria de E.U. Debemos reformar el sistema de inmigración legal,” propuso, “de forma que opere más eficientemente, responda de forma más exacta a las necesidades del mercado laboral y expanda la competitividad de E.U.” Esto, en esencia, llama a usar la migración para abastecer de trabajo con salarios bajos o competitivos.

“Debemos restaurar la integridad de las leyes migratorias,” declaró el Consejo, “por medio de un reforzamiento del régimen que fuertemente desaliente a empleadores y empleados de operar fuera del sistema legal.” Esto integra un reforzamiento del régimen como el que existe actualmente, con redadas y despidos, a ese sistema de abasto de trabajo.

 

Para los empleadores, este sistema no está roto, funciona bien.


 Cerca de 12 millones viven en Estados Unidos sin documentos migratorios. Otros 26 – 28 millones de personas nacieron fuera de E.U., y son ciudadanos o portadores de visas. Esto es casi 40 millones de personas. ¿Si todos regresarán mañana a sus lugares de origen, habría frutas y vegetales en los estantes de los supermercados? ¿Quién cortaría las reses y cerdos en las plantas empacadoras de carne? ¿Quién limpiaría las oficinas en Nueva York, Los Ángeles, San Francisco o Chicago?


Los inmigrantes no son los únicos trabajadores en nuestra fuerza de trabajo, las únicas personas deseosas de trabajar, o las únicas personas que necesitan empleos. Nuestra fuerza de trabajo incluye Afro-americanos, Nativo-americanos, Asiáticos-americanos y familias chicanas que han contribuido con su trabajo durante cientos de años. La vasta mayoría de población blanca –los descendientes de inmigrantes europeos- son trabajadores también. Todos trabajamos. Todos necesitamos trabajar, poner el pan en la mesa de nuestras familias. Pero, sin el trabajo de los inmigrantes, el sistema se detendría.
 

Sin embargo, las compañías que emplean ese trabajo –los plantadores de uvas en Delano o los dueños de edificios de oficinas en Century City, o el gigante grupo Blackstone, propietario de hoteles a lo largo del país- actualmente no paga el costo de producir la fuerza de trabajo de la cual dependen. ¿Quién paga por las necesidades de las familias de los trabajadores en los pueblos y los países de donde provienen? ¿Quién construye las escuelas en las pequeñas villas de Oaxaca que envían a sus jóvenes a los campos de California? ¿Quién construye las casas para los trabajadores de las plantas empacadoras de carne en Nebraska? ¿Quién paga los doctores cuando el hijo de un trabajador de la limpieza salvadoreño trabajando en Los Ángeles, se enferma? Los productores agrícolas y los dueños de las empacadoras de carne y los edificios de oficinas no pagan nada. Ni siquiera pagan impuestos en los países de donde vienen sus trabajadores, y muchos tampoco pagan impuestos en Estados Unidos.  ¿Por lo tanto, quién paga por el costo de producir y mantener su fuerza de trabajo?
 

Los trabajadores pagan todo con el dinero que envían a sus hogares. Las políticas de ajuste estructural obligan a países como México o Filipinas, recortar el presupuesto gubernamental para servicios sociales, así que las remesas cubre los servicios sociales con los que las comunidades cuentan. Para los empleadores, ese un sistema muy barato.

 

Aquí en Estados Unidos también es barato. Los trabajadores sin papeles pagan impuestos y contribuyen al sistema de seguridad social, pero no tienen acceso a ningún beneficio. Para ellos, no hay seguro de desempleo, no cuentan con pago por incapacidad física o enfermedad, y no cuentan con beneficios de jubilación. Los trabajadores pelearon por estos beneficios sociales y los ganaron con el New Deal. Para la gente sin documentos, el New Deal nunca sucedió. Incluso mucho residentes con tarjetas verdes no tienen acceso a muchos de los beneficios de seguridad social. Si quitan estos beneficios sociales a los inmigrantes, no tardarán mucho en quitárselos a los nacidos en E.U.

 

¿Por qué no todos pueden contar con un número de seguridad social? Después de todo, queremos gente que sea parte del sistema. Todos los trabajadores, incluidos los indocumentados, los viejos y los accidentados. ¿Debemos alimentarnos con comida para perros después de haber trabajado toda una vida de trabajo? El propósito del Sistema de Seguridad Social es asegurar la dignidad y el ingreso de los viejos y los accidentados. El sistema no debe ser utilizado para determinar el estatus migratorio de una persona y facilitar la caza de brujas, despidos y deportaciones de trabajadores que no cuenta con él.

Los salarios de la mayoría de los inmigrantes son tan bajos que la gente difícilmente puede vivir de ellos. Existe una gran diferencia salarial entre un jornalero y un estibador –un salario mínimo de $8.25 por hora en San Francisco, donde un trabajador portuario gana $25 dólares más los beneficios sociales. Si los empleadores tuvieran que pagar salarios bajos a los trabajadores, incluyendo los inmigrantes, los salarios de los estibadores, y la vida de sus familias mejoraría sustancialmente. Y puede suceder. Antes de que la gente en los muelles organizara la International Longshore and Warehouse Union, eran como jornaleros, contratados cada mañana de forma humillante y en donde cada persona competía con docenas de trabajadores por un trabajo. Los trabajadores portuarios eran considerados vagabundos. No poseían vivienda. Es el sindicato quien lo logró.

 

Pero si los empleadores tuvieran que aumentar los salarios de los inmigrantes al nivel de los trabajadores portuarios, les costaría muchísimo. Tan sólo la diferencia entre el salario mínimo que reciben 12 millones de trabajadores indocumentados y el promedio salarial en E.U. podría ser de más de $80 billones de dólares al año. No es sorprendente porque cualquier intento de organización entre los trabajadores inmigrantes encuentra una fiera oposición.

 

Pero los inmigrantes son luchadores. En 1992 los trabajadores yeseros pararon, por un año, la constructora residencial del Sureste de California, desde Santa Bárbara a la frontera de México. Los inmigrantes se han ido a huelga en fábricas, edificios de oficinas, lavanderías, hoteles y campos. Actualmente estos sindicatos que están creciendo son regularmente aquellos que han creado alianzas con trabajadores inmigrantes y saben que ellos lucharán por mejores condiciones. De hecho, las batallas peleadas por los inmigrantes en los últimos veinte años crearon los fuertes sindicatos de Los Ángeles y transformaron la política de la ciudad. Ciudad tras ciudad, una transformación similar es posible o ya está en camino.

 

Por lo tanto, los sindicatos hicieron también una promesa. En 1999, la AFL-CIO sostuvo una convención histórica en Los Ángeles, y los sindicatos plantearon que lucharían por deshacerse de la ley que criminaliza al trabajo. Los sindicatos plantearon que lucharían por proteger el derecho de todos los trabajadores a organizarse, incluyendo los inmigrantes. El movimiento trabajador debe mantener viva esa promesa. Actualmente los sindicatos están luchando por la Employee Free Choice Act (EFCA), la cual tiene como objetivo facilitar y acelerar la organización de los trabajadores. Esto podría ayudar a todos los trabajadores, incluyendo a los inmigrantes. Pero 12 millones de personas no tienen derecho del todo a empleos, y están infringiendo la ley tan sólo por trabajar. ¿Cómo utilizarán sus derechos que la EFCA protege? Los sindicatos y los trabajadores necesitan tanto una ley laboral como una reforma migratoria que descriminalice el trabajo.


Los empleadores y los acaudalados aman y odian a los inmigrantes a la vez. Desean y necesitan el trabajo de la gente, pero no quieren pagar. ¿Y qué mejor forma de no pagarles que convirtiendo a los trabajadores en criminales?


Traducción: Rodolfo A. Hernández Corchado

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