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¿Cuánto vale la vida de un disidente cubano, de un diplomático estadounidense, de una migrante indocumentada?

por Primitivo Rodríguez Oceguera Última modificación 19/03/2010 09:37

En principio, todos los seres humanos son iguales independientemente de su condición económica y social, raza, etnia, género, nacionalidad, creencia, ideología, preferencia sexual, o discapacidad física. Así lo indican decenas de documentos internacionales y leyes nacionales, y así lo predican gobernantes y políticos.

¿Cuánto vale la vida de un disidente cubano, de un diplomático estadounidense, de una migrante indocumentada?

Primitivo Rodríguez Oceguera

En principio, todos los seres humanos son iguales independientemente de su condición económica y social, raza, etnia, género, nacionalidad, creencia, ideología, preferencia sexual, o discapacidad física. Así lo indican decenas de documentos internacionales y leyes nacionales, y así lo predican gobernantes y políticos. Por lo mismo, la dignidad y derechos de todo ser humano, especialmente su vida, tiene el mismo valor en cualquier lugar o país.

Sin embargo, en la práctica concreta, las vidas de los seres humanos no valen lo mismo. La realidad cotidiana muestra que la vida pasa también por la ley de uso que le otorga el mercado político y social. Pongo dos ejemplos de actualidad.

La vida del disidente cubano Roberto Fariñas, quien se encuentra grave a consecuencia de la huelga de hambre que mantiene, y la muerte hace algunas semanas de otro disidente, Orlando Zapata, por la huelga de hambre que sostuvo demandando la liberación de los presos políticos en Cuba, han captado la atención pública mundial y generado acciones inmediatas de gobiernos, personalidades y organizaciones no gubernamentales en contra del gobierno cubano.

A su vez, el asesinato hace unos días de dos oficiales consulares de Estados Unidos en Ciudad Juárez dio lugar a declaraciones inmediatas por parte de gobernantes, funcionarios y legisladores estadounidenses contra la violencia que se vive en México como resultado de la guerra contra el narcotráfico, y contra la estrategia que al respecto sigue el gobierno mexicano. Esas muertes también despertaron la atención pública de Estados Unidos y del resto del mundo.

Sin embargo, el día de hoy una migrante indocumentada o un indocumentado perdió la vida en su intento por ingresar a Estados Unidos para trabajar o reunirse con su familia. Lo mismo ocurrió ayer y ocurrirá mañana. En promedio, una de ellas o ellos pierde la vida cada día. Universidades, medios de comunicación,  organizaciones no gubernamentales y la propia Contraloría General del Congreso estadounidense, la GAO, han investigado la causa de estas muertes. La última actualización de dicha desgracia humana la realizaron la ONG American Civil Liberties Union de San Diego y la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el estudio “Políticas  letales, muros mortales,” dado a conocer en septiembre del año pasado.

La conclusión a la que llegan las diversas investigaciones sobre la muerte diaria de migrantes indocumentadas/os en la frontera sur de Estados Unidos es clara: mujeres, hombres, jóvenes y niños mueren como resultado de las crueles y contraproducentes políticas estadounidenses de control migratorio en la frontera con México, y también por negligencia del gobierno mexicano y de otros gobiernos para demandar que cesen tales políticas, así como por no crear los empleos y oportunidades que merecen sus ciudadanas y ciudadanos.  

Hoy, como ayer y mañana, ningún gobierno del mundo, ninguna lista de personalidades abajo firmantes, ningún medio nacional de comunicación en Estados Unidos, México, o cualquier otro país, ni Human Rights Watch, ni Amnistía Internacional denunciarán la muerte que ocurrió hoy, que tuvo lugar ayer, y que se repetirá mañana de migrantes indocumentadas/os en la frontera sur de Estados Unidos. Los grandes poderes mediáticos, sociales y políticos no se ocupan de esta “condena a muerte” de la que son víctimas migrantes de México y de otros países. Como no les importan muertes similares de indocumentadas/os en el mar Mediterráneo y otras regiones del mundo.

Pese a todas las resoluciones de la ONU o de la OEA en defensa de la vida, y no obstante los miles de discursos y declaraciones a favor de la dignidad y la vida de toda persona humana, lo cierto, la tragedia, la injusticia es que las vidas humanas no tienen el mismo valor. Unas valen guerras y ocupaciones militares. Otras tienen lugar sin que los poderosos del mundo muevan una ceja. La vida humana, como las trabajadoras y trabajadores, los esclavos, las leyes, el maíz y las armas tienen valor de uso y valor de cambio. Se etiquetan de acuerdo al precio que les asigna el mercado.

La vergonzosa diferencia que existe en el valor de la vida es un reflejo de la grave inequidad social que prevalece en la gran mayoría de las naciones. La vida humana vale no por sí misma, sino por el ingreso económico de las personas, posición social, nacionalidad, color de piel, y por el uso político que puede hacerse de su muerte.

Quienes hoy condenan la muerte de disidentes cubanos o de funcionarios estadounidenses ¿lo hacen por defender sin distingo alguno la dignidad y vida de todo ser humano? De ser así, ¿en dónde están su indignación, reclamos, y demandas por las indocumentadas e indocumentados condenados cada día a muerte atroz en la frontera sur de Estados Unidos?

Del inicio en 1993 de las políticas estadounidenses de férreo control migratorio en la frontera con México a la fecha han muerto más migrantes que las personas que perecieron por los ataques terroristas a la Torres Gemelas en Nueva York, más que todos los soldados de Estados Unidos caídos en la guerra contra Irak, más que todos los disidentes muertos en Cuba por huelga de hambre u otras acciones de protesta, y más que todos los diplomáticos estadounidenses que han perdido la vida en cumplimiento de su labor desde la fundación de la Unión Americana.    

Con todo, lo más trágico e injusto es que miles de personas en el mundo mueren a diario por hambre, enfermedades curables, deterioro del medio ambiente, racismo, xenofobia, discriminación, y persecución o maltrato de autoridades. Ninguna de ellas y ellos ocupa las noticias principales de los medios de comunicación nacionales, ni despierta la indignación de gobernantes, políticos, o empresarios.    

Y pese a todo, son estas muertes las que siguen generando una, dos, tres, miles de luchas populares alrededor del mundo. A pesar de todo, siguen vivos, muy vivos, los anhelos y demandas de justicia, de reconocer y respetar en cada persona la dignidad y la vida que merece. Son estos movimientos y luchas los que dan sentido, realidad, vida, a documentos y discursos a favor de la igualdad de toda persona.   

¡Hasta la Victoria, Siempre!


Primitivo Rodríguez Oceguera, miembro fundador de la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero. Primo1019@hotmail.com   

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