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B Sides del otro lado –Crónicas y reflexiones sobre algunos sonidos de la mexicanidad más allá de sus fronteras reales, e imaginarias—

por Oscar Bernal Última modificación 09/10/2012 12:46

El pachuco, caifán, o tarzán de Tin Tán era pura vida. Por medio del chacoteo, desde el Chuco, LosCa, o Juárez, el pachuco extendió el concepto y geografía de la mexicanidad. Tin Tán le dio vida en el cine porque era el lado descarriado de la modernidad mexicana. Una modernidad que llegó de la frontera.

B Sides del otro lado –Crónicas y reflexiones sobre algunos sonidos de la mexicanidad más allá de sus fronteras reales, e imaginarias—

Oscar León Bernal

Pachuco Boogie

 

Por Oscar León Bernal

La imagen/idea del pachuco—exagerado en su vestir, estilizado sin recato y suspendido entre dos culturas para las cuales su condición era problemática—ha sido muy importante para la construcción de un discurso chicano.  No se le ha puesto la misma atención en México. Sabemos que Octavio Paz escribió sobre ellos desde una noción elitista de la mexicanidad, sin entender que lo que se gestaba era una post-mexicanidad sin laberintos.  Afortunadamente, escritores como José Agustín y antropólogos como José Manuel Valenzuela sí desarrollaron una idea más acertada en cuanto a lo que el pachuco representa como fenómeno fronterizo.  Pero me da la impresión que a los pachucos se les sigue considerando un fenómeno del otro lado de la frontera y no un sujeto transfronterizo y globalizado, un mexicano extraterritorial.

 La música de personajes como Lalo Guerrero y Don Tosti es considerada como el “missing link” de la música chicana por conocedores de los sonidos latinos en Estados Unidos.  Roberto Avant Mier, autor de Rock the Nation: Latin/o Identitites and the Latin Rock Diaspora y Chuy Varela, quien escribió el texto que presenta el compilado Pachuco Boogie: The Original Historic Recordings  (Arhoolie Records 2002) así consideran esta música.

Hasta cierto punto estoy de acuerdo. El compilado es quizá el máximo testimonio histórico que permite acercarnos al género del Pachuco Boogie. Después de la Segunda Guerra Mundial y una vez superadas las restricciones que solo permitían utilizar el acetato para materiales bélicos, la impresionante energía musical que se materializaba en el country, el beebop, el blues y demás géneros que después nos darían el rock & roll, quedó plasmada en discos para el consumo masivo.

Don Tosti, oriundo de El Paso (El Paciente), Texas y Lalo Guerrero de Tucson (La Tusa), Arizona así como un grupo de jóvenes músicos de la época se apropiaron libremente de elementos del jazz, el danzón, el blues, y el mambo y utilizaron las expresiones lingüísticas de la frontera para crear el Pachuco Boogie—un sonido irreverente y desde entonces post-everything en el que todo formaba parte de un juego desestabilizador en un momento que tanto México como Estados Unidos privilegiaban  nociones rígidas de la pertenencia nacional.

Al mismo tiempo la relativa tranquilidad post-revolucionaría permitió el desarrollo de industrias culturales en México que dieron paso a un diálogo entre la Ciudad de México, La Habana, Nueva York y Los Ángeles—así llegan el danzón y el bolero a México y se desarrolla la época de oro del cine Mexicano.  Como olvidar a Tin Tan en El hijo desobediente, a bordo del tren entre Juárez y la Ciudad de México, refinándose la comida de un viajero burgués, a quien marea hablándole en caló vestido en su traje de pachuco.  Un pachuco festivo e irreverente a quien no le intimidaba su otredad. Un  pachuco como el de los temas musicales de Lalo Guerrero y Don Tosti. 

Los pachucos eran hipsters de clase trabajadora que vivían en ambos lados de la frontera y se trasladaban por el suroeste de Estados Unidos y el norte de México, pero también llegaron al Distrito Federal.  Tanto su vestimenta, lenguaje, y actitud pertenecen a esta experiencia fronteriza y a una condición post-mexicana, ligada a factores económicos y a una relación intima entre dos países que hasta muy reciente parece haber escapado el análisis tanto de intelectuales tanto mexicanos, como mexicoamericanos. Musicalmente, el Pachuco Boogie está emparentado con el jazz y el rythmm and blues, pero también al trabajo de artistas como Piporro, Tin Tan y Chava Flores quienes jugaron con la cultura urbana al margen del discurso oficial de la mexicanidad.

Por lo mismo, siempre he pensado que a pesar de la genialidad musical de los personajes del compilado Pachuco Boogie, la imagen del pachucho que los activistas chicanos generaron durante la década de los setenta no corresponde a la vitalidad del pachuco de la calle; el que le puso los pelos de punta a Octavio Paz y a José Vasconcelos.  El pachuco del chicano movement es demasiado cool, se toma muy en serio su alteridad y ha sido reducido a un triste personaje de mural de realismo esencialista, o una víctima emplumada de exagerados ademanes.  

El pachuco, caifán, o tarzán de Tin Tan era pura vida.  Por medio del chacoteo, desde el Chuco, LosCa, o Juárez, el pachuco extendió el concepto y geografía de la mexicanidad.  Tin Tán le dio vida en el cine porque era el lado descarriado de la modernidad mexicana. Una modernidad que llegó de la frontera, no porque así lo desearan los gringos, sino porque el partido oficial del nacionalismo revolucionario estableció los mecanismos de la industrialización desde el modelo  de Estados Unidos y no le hizo llegar el memo a los intelectuales, o funcionarios de either side. El pachuco sabía burlarse tanto del conservadurismo nativista de la sociedad estadounidense, como de la ansiedad que provoca la pérdida de la identidad mexicana.  La sociedad mexicana no entendió que el Pachuco Boogie era el soundtrack del futro muy ahead of its time; la música de un mexicano en tránsito que es tanto de aquí como de allá—el aquí y allá is both here and there.

 

Brooklyn, NY Octubre, 2012

Oscar León Bernal, antropólogo y escritor sonorense nacido en la ciudad de México y neoyorkino por convicción. Post-mexicano en tránsito, accidentalmente cosmopolita y fronterizo.  Bilingual with an unstable identity y music fan. Brooklyn, baby! ·

Blog: http://nonsenseofplace.wordpress.com/

Twitter: @OscarLeonBernal


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