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Arizona y el sistema de odio (Tercera y última parte)

por Rodolfo Hernández Corchado Última modificación 19/05/2010 10:21

En Arizona y en México, la derecha alienta la violencia de Estado en ambos lados de la frontera. Que en México, la violencia de estado contra los trabajadores no adquiera formas racistas y xenófobas como en Arizona, no la hace moralmente menos reprobable y condenable.

Arizona y el sistema de odio (Tercera y última parte)

Rodolfo Hernández Corchado

Por Rodolfo Hernández Corchado

Las escalas de la política migratoria estadunidense

 

La legislación SB1070 como instrumento de clase criminaliza a los trabajadores indocumentados y a los trabajadores mexicanos expulsados por el neoliberalismo mexicano. Son los modernos esclavos del sistema. Dicha ley no es una anomalía dentro de la política migratoria estadunidense. Se integra, en la escala estatal,  a los instrumentos institucionales de control y ejercicio de la violencia contra los migrantes mexicanos, quienes de ser trabajadores en México, pasan a ser estigmatizados como delincuentes, vagabundos, escorias, “gorrones del contribuyente estadunidense y un sin fin de categorías sociales y legales creadas por el estado para controlar a los trabajadores que son excluidos de México. Por ejemplo, la SB1070 se integra y complementa programas federales como el E-Verify que criminalizan el trabajo indocumentado.  Así, las aparentes tensiones en la geografía de la política migratoria estadunidense adquieren su verdadero sentido.

La SB1070 se integra también a las políticas federales de militarización de la frontera como las impulsadas por Obama, cuando él fue senador en el 2006. Como senador, votó a favor de la construcción de un muro de 1126 kilómetros en la frontera entre México y Estados Unidos. En ese año el Senado aprobó la construcción  del muro con una proporción de 80 contra 19 votos, incluyendo el voto de la entonces senadora por Nueva York, y actual Secretaria del Departamento de Estado, Hillary Clinton. Como es sabido, la construcción del muro ha formado parte de una política de control y militarización federal de la frontera, destinada no a detener por completo la migración indocumentada sino a regular su flujo y su entrada a EU. La ley SB1070, se articula con esta política nacional de militarización de la frontera y con la ausencia de una propuesta de reforma migratoria por parte del gobierno Obama. La ausencia de esta iniciativa, no provoca un vacío de poder que es ocupado por los congresos locales como el de Arizona, sino que posibilita que dos políticas de control y criminalización de los trabajadores confluyan y se articulen en dos escalas del estado. Aquí convergen las políticas de control de la frontera de Obama, McCain y Kyl. Aquí converge un revanchismo de clase estadunidense de doble rostro.

 

La derecha mexicana

Después de un largo silencio y reflejando la pasividad de su gobierno con respecto a una política migratoria, Calderón respondió en contra de la ley SB1070 durante un encuentro organizado por el Instituto de los Mexicanos en el Exterior. Ahí, Calderón planteó que “toda regulación que se asiente en criminalizar el fenómeno migratorio abre la puerta a abusos, la intolerancia y el odio”.

Si la derecha, a través del estado, promueve y defiende en Arizona una ley racista y xenófoba como la SB1070 que criminaliza a los trabajadores mexicanos indocumentados y agrava sus condiciones de vida y de trabajo, la derecha mexicana -a la cual pertenece Felipe Calderón- utiliza al igual que su contraparte estadunidense el aparato legal del estado para aniquilar derechos laborales de los trabajadores promoviendo reformas laborales. La utilización de clase del aparato legal, el revanchismo neoliberal y el odio racial y de clase son las características del comportamiento de la derecha.  Que en México, la violencia de estado contra los trabajadores no adquiera en apariencia (ahí está la violencia contra los pueblos indios) formas racistas y xenófobas como en Arizona, no la hace moralmente menos reprobable y condenable.

 Calderón denuncia las perniciosas consecuencias que la ley SB1070 tendrá sobre los trabajadores mexicanos en Arizona, a pesar de que su gobierno, utilizando el aparato legal del estado, liquidó en 2009 a casi 50, 000 trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, cerrando así la fuente de empleo y supervivencia de casi 50, 000 familias de mexicanos. No obstante, a raíz de la promulgación de la SB1070,  Calderón manifestó que ha “girado instrucciones” para que una red de abogados defienda “con la ley en la mano, con la propia Constitución Americana los derechos de los migrantes”. En la doble moral del gobierno que encabeza, se defiende la Constitución, pero la ajena, porque a la propia se le pisotea. Se reivindican derechos para los trabajadores mexicanos pero cuando estos migran, pues en México, además de acabar con sus fuentes de empleo con el fin de ceder sectores estratégicos de la nación al sector privado extranjero, se les reprime, y se desconocen sus organizaciones y de paso se les culpa de la desinversión planeada por los gobiernos priístas y panistas en las últimas tres décadas. 

Felipe Calderón denuncia la “inaceptable” discriminación y la desigualdad que sufren los mexicanos, pero la que experimentan del otro lado de la frontera, porque la que produce su gobierno se censura, se desconoce. Como propuso Carlos Montemayor en su libro "La violencia de estado en México" (2010). En la interpretación que el estado hace de  la inconformidad social, se asume que la aparente estabilidad social o la paz social no se funda en una violencia legal e institucionalizada del Estado que se expresa en la pobreza de millones de mexicanos, el analfabetismo, la falta de educación, empleo, salud, vivienda. La migración mexicana a Estados Unidos, puede interepretarse como una respuesta miles de mexicanos por huir de esta violencia de estado, tan sólo para encontrar otra como la que se ejerce en Arizona, por ejemplo.

 Se desconoce también la violencia de estado contra los migrantes centroaméricanos en su paso por México hacia Estados Unidos. Como lo documenta el informe de Amnistía Internacional, Invisible Victims Migrants on the Move in Mexico (2010), para las autoridades federales y estatales no ha sido prioritario detener los abusos contra los migrantes centroamericanos provenientes principalmente de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. En su paso por México, los migrantes centroamericanos son objeto de ataques físicos, secuestros, asaltos. Las mujeres son víctimas de abusos  sexuales e incluso –de acuerdo con el informe- son obligadas a “pagar sexualmente” a los traficantes de migrantes. La violencia se ejerce por individuos, bandas delictivas y agentes del estado, quienes en muchos casos operan encubriendo o cooperando con las bandas criminales. De acuerdo con un reporte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos -citado en dicho informe- de septiembre de 2008 a febrero de 2009, 9, 758 migrantes fueron secuestrados, 91 de los migrantes entrevistados señalaron que agentes del estado fueron responsables directos de su secuestro y 99 más, declararon que observarón colusión de  la policía con los delincuentes. Esta violencia de estado no existe cuando se trata de denunciar la xenofobia y el racismo estadunidense, como tampoco existen los 293 Salvadoreños reportados desaparecidos en 2009 en su paso por México, por el Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos (COFAMIDE).

Históricamente la pugna entre izquierda y derecha ha sido la lucha por ampliar y restringir derechos políticos, económicos y sociales. No es posible denunciar la violencia de una ley como la SB1070 que niega los derechos de los migrantes mexicanos que son convertidos en nuevos esclavos, desde la misma visión del mundo que busca limitar, negar, suprimir y desconocer derechos a los individuos y a los pueblos ejerciendo una violencia de estado.

He aquí una de las tragedias reveladas con la promulgación de la ley SB1070 en Arizona y su sistema de odio: se revela la postura lacaya del gobierno de Felipe Calderón que a fuerza de servilismo sigue reforzando –como en el siglo XIX- la arrogancia imperial de que México (y los mexicanos) son como planteara el maestro Gastón García Cantú “una inmunda mancha” que hay que borrar del hemisferio. Será sólo desde otra visión del mundo como se logrará  lo que expresara José María Morelos y Pavón en sus Sentimientos de la Nación: “Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud”.

 

Integrante de la Coalición por los Derechos Políticos de los Mexicanos en el Extranjero (CDPME) y de Defeños por sus Derechos Políticos en el Extranjero (DDPE).

 

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