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“Es como si uno removiera el tiempo al ir ahí”. El testimonio de una mujer mexicana a diez años del “9/11”. 2a. parte.

por Claudia Villegas Delgado Última modificación 10/12/2011 06:21

Esta es la segunda entrega de la entrevista con la Sra. Imelda Reyes publicada en este mismo espacio. La Sra. Reyes, originaria del estado de Puebla, continúa el testimonio de su experiencia tras los eventos y conmemoración del décimo aniversario del 9 de septiembre de 2001.

¿Cómo se entera usted de los eventos del 11 de septiembre de 2001? FotoClaudia

Por un hermano mío que trabajó un tiempo también ahí en el mismo lugar, él tenía un año de haber regresado a México. Él me llamó y me dijo que si ya me había enterado de lo que había pasado. Y le dije, “No”. Y él me dijo, “Prende la televisión”. Y ya fue como yo empecé a escuchar. Como yo sabía que él (mi esposo) trabajaba ahí me puse muy mal.

Y mi hermano me dijo todavía, “Tranquilízate, a lo mejor le tocó a él su día de descanso, o llegó tarde”. Y yo le contesté, “No, porque él descansa los viernes, y a él no le gusta faltar al trabajo, ni nunca le gusta llegar tarde”. Él era de las personas que siempre le gustaba llegar media hora antes, era muy responsable. Y yo sabía que no se le había hecho tarde y que tampoco podía faltar porque a él nunca le gustaba faltar a sus trabajos, aunque él se sintiera mal, algún resfriado, lo que sea, él tenía que ir a trabajar, era muy responsable.

Además yo sabía que el día en que él descansaba era los viernes. Porque los viernes era el día en que nos hablaba por teléfono. Siempre nos hablaba los viernes por la mañana para platicar con sus hijos. 

 

¿De qué platicaba con sus hijos?

Les hablaba de su trabajo, les contaba que le gustaba mucho lo que hacía, que el lugar donde él trabajaba era muy alto y bonito. Nos contaba también de la ciudad, nos daba una idea que aquí era de andar de aquí para allá, que todo era muy rápido. Y yo una vez le dije, me quiero ir, y él me dijo que no. Porque dijo que este era un país en donde no se podía pagar una renta y también ahorrar para los planes que nosotros teníamos, de hacer una casa.  Porque por eso fue que él se vino, para que hiciéramos una casa, y para que estudiaran sus hijos. Por eso cuando le dije que yo quería venir, él me dijo, no. “No, porque no quiero que mis hijos sufran viviendo incómodamente, en un lugar chiquito. Quédate allá, y vamos a tratar de ahorrar lo más que se pueda para yo irme rápido”. Testimonio III

Él quería regresarse rápido, y siempre decía, “Nada más por esta vez me voy,  y después ya nunca más me vuelvo a separar de ustedes”.   Y siempre lo primero que decía cuando hablaba con nosotros, era “Cuida mucho a mis hijos, cuídalos mucho”. Y a sus hijos les decía siempre, “Estudien, estudien, que es lo que yo quiero. Por eso es que estoy trabajando aquí, para que ustedes estudien”.

 

¿Cuándo llegó aquí, con sus hijos, a dónde llegaron?

Llegamos a Manhattan, a un hotel que nos pagó la Cruz Roja por quince días, y de ahí nos fuimos a vivir con mi comadre, que también perdió a su esposo, ella me dio alojo por seis meses en El Bronx. De ahí yo tuve que buscar un apartamento porque ya mis hijos tenían que ir a la escuela y yo tenía que tener un lugar fijo para estar con ellos. Y pues yo no calificaba para un apartamento porque me pedían pruebas de dónde vivía yo antes, y no contaba yo con todo eso. Entonces una trabajadora del sindicato del local 100 que me ayudaba a hacer papeles y todo eso, un día me dijo que me miraba muy preocupada, y yo le comenté, “La verdad es que ando desesperada porque no encuentro un apartamento, porque no califico, me piden muchas pruebas”. Y ella me dijo, “No te preocupes, que yo te voy a ayudar. Tengo una persona conocida, ella es dueña de una casa, y haber si ella te puede ayudar, yo le voy a explicar tu razón”. Lo que sí, me dijo, es que era hasta New Jersey, y pues yo no conocía. Y ella misma Testimonio VIme llevó un día saliendo de su oficina. Y sí, era un estudio pequeño de solo un cuartito, un bañito y la cocina. Y pues ya lo miré, y dije, bueno, está perfecto para mi porque mis niños estaban chiquitos. Pero ahí nada más estuvimos como tres años, y luego tuve que buscar otro lugar, porque ellos ya estaban creciendo y ya no alcanzábamos ahí. Y ya fue que busqué y encontré este otro lugar, y pues gracias a Dios, aunque es difícil, estamos ya más tranquilos.

 

¿Cómo ha sido su experiencia aquí en Nueva York ?

A donde quiera que yo he ido,  por ejemplo, a donde me dieron ayuda o donde yo pedí ayuda, toda la gente siempre fueron amables, me trataron bien, como debió haber sido. Pero pues es triste a veces, porque somos muy señalados.Y que con todo y que somos señalados,  la gente no se fijó (silencio) … la gente no se fijó en los familiares que nosotros perdimos ahí. O sea, ellos murieron, y con eso demostraron que eran valientes, pues quizás ellos por salir adelante, dieron su vida, y no les importó el lugar donde trabajaban, porque nunca tuvieron miedo de trabajar allá en las Torres.

Porque yo pienso que, una persona que ve un lugar tan alto, puede en algún momento puede pensar  ‘¿Y si yo tengo un accidente aquí?’. Como mi esposo, que luego me decía: “Sabes que yo trabajo en una torre bien grande”, me decía, “Tiene 107 pisos, y yo casi estoy en el último, donde está la antena, la primera”, me decía. “Y sabes que cuando yo camino ahí, se siente sólo como un resortito y los carros se ven como de juguete”. Y yo le contestaba, “Ay no, eso está muy peligroso, mejor nomás estáte poco tiempo, o mejor ya vente, o mejor búscate otro trabajo”, le decía yo. “A mi da miedo que tú estés ahí’,  le decía. “Qué importa eso”, me decía, “A mí no me da miedo. Total cuando algo te va a pasar, te pasa, o que ¿tienes miedo que yo llegué encajonado?”. Y yo le dije, “Ay, ¿porqué dices eso?”. “No, porque yo no tengo miedo”, me dijo, “Porque sea ahí, o donde sea,  a uno cuando le toca, le toca”. Y eso a mi me sonó como a mucha valentía, como amor a su trabajo, ve; esa ilusión de sacar adelante a sus hijos.

 

Usted hace un momento mencionaba que los mexicanos aquí son ‘señalados’, ¿qué ideas ve usted asociadas con los mexicanos?

Siempre están en la televisión con la palabra de ‘mexicanos’, ‘mexicanos’, ‘mexicanos’, y es feo que nos señalen, porque la verdad es que los mexicanos viene aquí y trabajan demasiado, los mexicanos son los que más trabajan, la verdad. O por ejemplo, la ley que se puso en Arizona, o en algunos otros lugares que están pidiendo papeles para que puedan trabajar. Muchas personas se han regresado ya para México por lo mismo, porque ya no hay trabajo o porque les piden los papeles. En ese sentido yo siento que es así señalar, cuando no debe de ser así. Porque como le digo, ¿a quién ve usted trabajando en cocinas? Puro mexicano. ¿Porqué? Porque es el trabajo más pesado.

 

¿Y cómo ha sido la experiencia de sus hijos para adaptarse aquí, el cambiar de país, de idioma, de escuela?

Difícil porque al principio ellos siempre me decían, “Vámonos mamá, vámonos allá  a la casa”, y yo les decía, “Sí, nos vamos a ir el próximo año”. Pero ya después pues yo les decía, “No, pues ya mejor aquí nos quedamos. Aquí van a  estudiar”. Y sí fue difícil para ellos porque prácticamente estábamos solos, estamos solos, porque sólo nos tenemos nosotros mismos, y la vida no es fácil así. Y pues, aún así, he tratado de salir adelante, yo sé que vamos a salir adelante, y siempre les digo que estudien, que aprovechen y que estudien para que sean alguien en la vida. Testimonio IVEsa era la ilusión de su papá, porque él siempre decía, “Yo me voy a ir a trabajar allá porque yo quiero que ellos estudien y que tengan lo poquito que yo no tuve.  Yo quiero que ellos sean unos buenos profesionales, trabajadores”, siempre quería lo mejor para ellos. Incluso en nuestros planes siempre estuvieron dos hijos nada más, para poderles dar una buena educación, sacarlos adelante y que ellos no sufrieran como nosotros sufrimos.

 

¿Sus hijos están estudiando?

Sí, mis hijos están estudiando. El de 17 entró al 11vo. grado del High School, y el otro está en el 8avo.


Cuéntenos un poco de su vida allá en Puebla.

Pues allá vivíamos en la casa de mi mamá, porque él (mi esposo) me dejó en la casa de mi mamá. Ahí vivía yo, y a veces pues también trabajaba yo vendiendo que tostadas, que tacos. Vendía yo para poderle también ayudar y que él pudiera regresar, porque yo sabía que él les hacía falta a sus hijos, que les hacía falta el apoyo de él, el cariño de él. Y yo dije, voy también a hacer algo, para que así lo poco que él nos mande lo guardemos y podamos hacer lo que tenemos planeado. Nuestro plan era poner una tienda para poder sobrevivir, o yo ayudarle de esa manera cuando él regresara.

 

Mucha gente de Puebla sigue llegando a Nueva York.

Sí, vienen muchos de Puebla porque la verdad la vida está bien difícil allá. Por ejemplo, estamos hablando de que viene pura gente, como le dijera, pura gente de la juventud, que se casan, que ya tienen su familia, pero que no tienen lo suficiente y no hay forma de que ellos puedan empezar su vida, por decir, hacer una casita, y  poder ofrecerle algo a su familia que van a tener. Más que nada por eso se vienen, porque la verdad es que allá solamente se trabaja como para ir comiendo, porque si usted dice quiero hacer una casa, nunca la va hacer. Y si ya uno tiene hijos que van a la escuela, que ya  hay gastos por aquí y gastos por allá, entonces ya uno no puede tener un techo para vivir.

Y entonces es por eso que ellos tienen que buscar la manera de ganar un dinerito, y si usted se da cuenta, siempre es lo mismo. ¿Porqué se van? Porque quieren hacer su casa, porque quieren salir adelante, o porque quieren que sus hijos estudien. Al menos yo tengo esa experiencia. Mi marido no se vino por gusto ni porque nos hubiera querido dejar, si no él vino porque él dijo, yo voy para hacer una casita, para que mis hijos estudien, ahorita que todavía estoy joven, y mire . . .

 

¿Cómo es que usted toma la decisión de venir a buscar a su esposo?

I. Yo tomé la decisión en primer lugar porque mi idea era que a lo mejor buscándolo, viniendo yo, podíamos encontrarlo, como que yo me sentía muy impotente estar tan lejos, sin poder hacer nada.  Pero yo tenía esa idea de venir y a la vez no, porque mi mamá ya estaba también enferma. Esto pasó en el 2001, y mi mamá murió en diciembre del 2003. Le habían diagnosticado cáncer en su hígado, y pues fue bien fuerte la decisión que yo tenía que tomar. Pero dije, yo voy, porque yo me quería desengañar por mí misma,  no guiarme por lo que hablaba por teléfono con mi comadre, que lo que buscaban y eso. Testimonio VIIIY así fue como decidí a venir. A parte a mi me dijeron que si yo quería venir, podía venir, que me iban a  dar una visa humanitaria para poder venir. Y a parte se aproximaba también el aniversario (11 /09/2002), y como allá yo no tenía un lugar donde por lo menos ir a dejar unas flores, pues quise por lo menos ir a ver el lugar donde él (mi esposo) quedo. Eran muchas cosas, muchas decisiones, difícil de entenderlas.

 

¿Cómo fue el proceso para solicitar esa visa humanitaria?

Primero fui a Puebla, allá estaba alguien de apellido Riestra, Mario o Jorge Riestra , algo así. Él fue quien nos dio apoyo. No sé si era alcalde o gobernador, era algo así. Él fue quien nos hizo algunas entrevistas, y también nos dieron una poca de ayuda económica. Y ya de ahí, yo fui a la oficina del Consulado y llené ahí la aplicación y todo. De ahí ellos me dijeron que tenía que venir a la Embajada en México. Yentonces nos acompañó una persona del Consulado para empezar los trámites, y ya de ahí fue que califiqué para la visa. Testimonio IXPero los que pidieron que yo viniera fueron los de la Cruz Roja, ellos me dijeron, nosotros te vamos a ayudar para que tú vengas, me compraron los vuelos. Y yo les dije que sí venía, pero que quería yo traer conmigo a mis hijos. Y entonces ellos me dijeron que tenía que esperar para que ellos vieran si podía venir con mis dos hijos. Y ya después me dijeron que sí, que sí los podía traer.

 

 ¿Qué sucede después de que se vence esa visa,  pudo solicitar la residencia?

No, nos estuvieron extendiendo visas por cuatro o cinco años, no me acuerdo bien la verdad. Y ya después empezó el proceso para solicitar la residencia de los niños.

 

¿Porqué toma usted la decisión de solicitar la residencia?

Pues la decisión la tomé porque mis hijos ya están estudiando aquí, y para que ellos tengan un estudio. Como yo les digo a ellos, que le échen ganas, que estudien. Ahorita que ellos tienen la posibilidad de estudiar, y que se realice el sueño que su papá tenía para ellos. Y pues yo tengo que estar con ellos para apoyarles, para que sigamos adelante los tres. Esa fue mi decisión.

 

¿Quisiera agregar algún otro comentario para la gente que va a leer este artículo?

Pues quisiera decirles que son experiencias muy fuertes, y que eso no se lo deseo a nadie, la verdad. Y que uno quisiera que cada migrante que viene aquí, salga a delante, sin sufrir lo que he sufrido, a nadie se lo deseo.

 

Fotografías: archivo personal de Imelda Reyes y Claudia Villegas.

 

 

Acciones de Documento

Hola

Enviado por Susana Valenzuela en 17:07
Muy interesante entrevista, creo que eres la misma Claudia que estudió conmigo la secundaria en la 41, saludos
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